Ambiente / Breve historia ambiental de Puerto Rico
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Los problemas relacionados con el manejo de los recursos naturales y ambientales han sido de una u otra forma parte fundamental en el desarrollo de las distintas sociedades humanas a través de los tiempos. Esto debido a la irreductible relación que existe entre el estado del medio ambiente físico-natural y los seres humanos. De esta manera, los intentos de las diferentes sociedades por controlar los efectos negativos de la contaminación, la sobreexplotación de los recursos naturales y del desarrollo de la infraestructura antropogénica (en sus distintas etapas y épocas) han tenido múltiples énfasis y maneras de atenderse dependiendo el lugar, el momento histórico y el nivel de conocimiento técnico y científico disponible.


El despunte y origen contemporáneo de lo que se denomina como “movimiento ambiental” puede trazarse a la publicación del libro The Silent Spring (La primavera silenciosa) de la bióloga estadounidense Rachel Carson en 1962. Esta obra es reconocida como un punto de inflexión que inicia la actual fase o época de la lucha ambiental desde mediados del pasado siglo XX hasta el presente. El impacto que tuvo la denuncia de Carson con su investigación sobre el efecto de la contaminación ambiental producto del abuso de pesticidas y otros químicos industriales en las descargas a cuerpos de agua y emisiones a la atmósfera fue fundamental en el desarrollo de lo que se ha denominado la “década ambiental” (1970’s). Las implicaciones de este trabajo, unido a un creciente reclamo de la comunidad científica y de grupos sociales cada vez más interesados, dieron paso a la creación de legislación dirigida a proteger y conservar los recursos naturales y medioambientales, tanto en los Estados Unidos de América (EUA), así como eventualmente en la mayoría de los países del mundo. Ejemplo de ello fue la creación de la Agencia de Protección Ambiental (Environmnetal Protection Agency, EPA) en los EUA en 1970, y en Puerto Rico, la Junta de Calidad Ambiental en 1970 y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales en 1971.

Este periodo coincidió con el momento en que los asuntos de carácter ambiental comenzaron a tener relevancia en Puerto Rico y a influenciar el desarrollo de política pública en la isla. Esto como resultado de la creciente contaminación y deterioro ambiental del país, producto del proceso de industrialización masiva bajo las nuevas estrategias de crecimiento económico en las décadas de los años cincuenta y sesenta conocidas genéricamente como “Operación Manos a la Obra”. Parte de los efectos de estas estrategias resultaron en una severa contaminación de los recursos hídricos (superficiales y subterráneos), en erosiónerosión: Arrastre de partículas del suelo por corrientes superficiales de agua, viento y procesos gravitatorios. y degradación de las áreas costeras (y con ello, el deterioro de los arrecifes de coral), deforestación masiva por los cambio en el uso de terrenos, cambios de la superficie natural-vegetal por cubiertas impermeables (asfalto y concreto) y alta densidad de desarrollo urbano descontrolado, abandono de las actividades agrícolas e incremento en condiciones respiratorias y cáncer, entre otros efectos a la salud pública.

Este patrón se repitió en la mayoría de los países de orbe, y tuvo como denominador común la era de la postguerra tras la Segunda Guerra Mundial que dio al traste con unas renovadas fuerzas del capital en la intensificación de ganancia y explotación. Más aún, en Puerto Rico tomó un giro adicional que incrementó la complejidad del asunto debido al problema colonial. De manera que, una gran cantidad de las denuncias relacionadas con el pobre o ningún manejo de los recursos medioambientales por parte de los diferentes grupos sociales ante las instituciones gubernamentales se han catalogado como una simple oposición política y, en ocasiones, como un atentado al statu quo colonial y al mejor interés del “desarrollo económico” de la isla propiamente. El alto sentido político-partidista e ideológico con relación al estatus político que permeaba (y aún existe) en el país, influenció por un amplio periodo de tiempo la perspectiva de un número significativo de personas en cuanto a los propósitos de los reclamos de los distintos grupos ambientales. No obstante, la fragilidad de los propios ecosistemas en la isla y el deterioro en la calidad de vida relacionado con la contaminación ambiental, han puesto de relieve la importancia de la planificación ambiental y la organización territorial del país, incluso como requisito para cualquier estrategia de desarrollo o crecimiento económico que se desee experimentar.


En las décadas de los años cincuenta y sesenta uno de los mayores hitos de la recién entonces lucha ambiental en el país fue protagonizada por la lucha en contra de la explotación minera de depósitos de cobre encontrados en la parte central-oeste de la isla, entre los municipios de Adjuntas, Lares y Utuado. Tal situación fue la antesala de la lucha ambiental y comunitaria que se desarrolló en la misma región a principios de la década de los años ochenta y que dio paso al desarrollo de la organización Casa Pueblo, organización no gubernamental que lideró el movimiento de oposición ciudadano a las propuestas de minería a cielo abierto que se proponían para la región. Otra situación que caracterizó la lucha ambiental lo fue el movimiento en oposición a un propuesto “superpuerto” en la isla de la Mona en la década de los años setenta (1975). Este proyecto proponía la utilización de la totalidad de la isla de Mona, que ya para ese momento había sido designada como reserva natural, principalmente como un puerto de transbordo de petróleo, proyecto que también contaría con fincas de tanques para almacenamiento, refinerías, y plantas termoeléctricas ,que servirían tanto a Puerto Rico como a la República Dominicana, así como otros proyectos asociados; entre estos, una planta de desalinización del agua del mar, y un desarrollo urbano para aproximadamente 2,500 personas. La oposición a todo el concepto, debido las graves consecuencias que habría ocasionado a la biodiversidad de la Mona, así como la presión pública y científica sobre la viabilidad de tal proyecto lograron detener la propuesta.







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