Economía / La 'americanización' de Puerto Rico
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La invasión de Puerto Rico por el Ejército estadounidense durante la Guerra Hispanoamericana desató en la isla un proceso que ya comenzaba a arropar toda la región: la influencia cultural de Estados Unidos. Esta influencia crecía a grandes pasos en la medida que Estados Unidos aumentaba y ejercía su poder económico y militar sobre Centroamérica y el Caribe. Una vez que Puerto Rico pasó a estar bajo la jurisdicción estadounidense fue sometido a un intenso proceso de asimilación, proceso similar al que recibieron muchos inmigrantes europeos al llegar a Estados Unidos. A través de la implantación de la política de bienestar social, y algo de ingeniería social conocida como el movimiento progresista, se les educaba con las herramientas culturales para que se integraran a la sociedad según los parámetros sociales estadounidenses. A este proceso de asimilación cultural de inmigrantes le llamaban
americanización. Sin embargo, en el contexto colonial de Puerto Rico, americanización es un concepto complicado y contencioso que nombra cosas distintas dependiendo de la perspectiva –social, política, nacional y étnica– de quien enuncia. De igual forma, el concepto ha transformado sus significados con el correr del tiempo.

Para la mayoría del liderato político puertorriqueño, la “llegada de los americanos” significó la esperanza de que se establecerían las reformas liberales sociales, económicas y políticas por las que tanto lucharon durante el régimen español. Debido a esto, los partidos políticos y otras organizaciones cívicas abogaron por la incorporación inmediata de Puerto Rico como estado a la federación norteamericana. Sin embargo, para la gran mayoría de los estadounidenses, y en particular de su clase dominante, los puertorriqueños no eran aptos para gobernarse a sí mismos; mucho menos para asumir los derechos y deberes ciudadanos de Estados Unidos. Desde la perspectiva imperial de supremacía blanca y protestante, Puerto Rico estaba habitado por una población mezclada racialmente, de extracción hispana, religión católica y Gobierno aristocrático. La isla no era, para ellos, un terreno propicio para el desarrollo de una cultura en la que germinase la civilización. Desde esta perspectiva de superioridad material y cultural, los puertorriqueños tenían que pasar por un largo proceso de “americanización”, que los “civilizaría” hasta que fuesen capaces de asumir una responsabilidad ciudadana. Americanización, entonces, fue el término que recogía tanto las aspiraciones modernas de los puertorriqueños como la misión de civilizar de los imperialistas estadounidenses.

En 1900 el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Foraker, con la que se organizó un Gobierno civil en Puerto Rico. Esta ley fue la herramienta principal para su americanización económica y política, es decir, integró a Puerto Rico al sistema económico y político estadounidense. El Gobierno civil quedó estructurado bajo un fuerte control de los intereses metropolitanos, pues el gobernador, más de la mitad del Consejo Ejecutivo (que también funcionaba como Cámara Alta del Legislativo) y los jueces del Tribunal Supremo fueron estadounidenses nombrados por el presidente. De igual forma, se estableció el régimen legal con el que se reorganizó la estructura económica de la isla para el beneficio metropolitano. Con esta ley se aprobó el libre mercado entre Estados Unidos y Puerto Rico, se instauró el dólar como moneda oficial, y se depreció el valor del peso (y de la propiedad) en un 40%. Estos cambios desencadenaron dramáticos cambios en la estructura social de la isla, cambios en los patrones de posesión de las tierras productivas, y fueron particularmente dañinos con la que fuera hasta entonces la principal fuente de riquezas: el café.

Esta americanización económica y política estuvo acompañada de un intento de asimilación cultural, la cual se implementó oficialmente a través de la educación pública con el inglés como idioma de enseñanza. Las escuelas públicas educaron a varias generaciones de la niñez puertorriqueña desde la perspectiva de la clase dominante estadounidense, se enfatizaba en los procesos históricos continentales y se transmitieron los valores propios del republicanismo norteamericano. Sin embargo, esta política confrontó múltiples dificultades para ser implementada con eficiencia. A pesar de que jóvenes estadounidenses vinieron a trabajar como maestros, estos no fueron lo suficientes para cubrir las necesidades del ambicioso proyecto. En su gran mayoría, los maestros eran puertorriqueños que no estaban preparados para enseñar las diversas materias en lengua inglesa. De igual forma, es necesario aclarar que esta política de asimilación cultural no estuvo acompañada de una censura o persecución por el uso del idioma español, ni por el uso de las expresiones culturales y cotidianas tradicionales puertorriqueñas. De hecho, el español fue parte del currículo de enseñanza de las escuelas públicas, mas como un segundo idioma. No fue hasta 1948 que la educación pública cambió al español como idioma de enseñanza y al inglés como segundo idioma.


Las misiones protestantes que llegaron a evangelizar a los puertorriqueños también han sido identificadas como una influencia cultural americanizante. Hay que recordar que en la mentalidad estadounidense, el catolicismo era una religión antidemocrática y retrógrada. La estructura de las iglesias protestantes estadounidenses que vinieron a evangelizar era de amplia participación en la administración y en la toma de decisiones de cada comunidad religiosa. Por lo que los misioneros continentales que fundaron las diversas iglesias en la isla formaron a una generación de puertorriqueños que ocuparon posiciones de liderato en dichas comunidades. Así, con el paso del tiempo, estas iglesias protestantes respondieron a las necesidades espirituales de los puertorriqueños que se afiliaron a ellas.










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