Historia / Sociedad rural: campesinos y hateros en el siglo XVII
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
Entre las características del periodo histórico que comprende el siglo XVII en Puerto Rico, resalta la escasa población y el relativo aislamiento de la colonia española en relación con la metrópoli. Se trató de un tiempo difícil que estuvo matizado por el problema migratorio y la ruralización de los residentes, quienes, ante las circunstancias adversas, optaron por la ganadería y la agricultura de subsistencia. Asimismo, el contrabando generalizado se convirtió en una tendencia creciente entre los isleños.


Con la militarización de San Juan y el consecuente apartamiento del resto del territorio insular a causa de los ataques de los ingleses y los holandeses ―—sumado a los escasos contactos comerciales con España la economía colonial iba en deterioro continuo. Por el contrario, otras posesiones territoriales europeas del entorno veían florecer la explotación de sus recursos naturales y comerciales. Los ingleses y los franceses colonizaron espacios geográficos y estratégicos de las Antillas Menores. Los enemigos de España colonizaban tierras cercanas y acechaban el comercio con la isla. Así las cosas, en Puerto Rico la agricultura a pequeña escala, la ganadería y el contrabando de bienes actuaron como medios alternos para enfrentar la crisis. Con vecinos antillanos ávidos de participar en ese intercambio lucrativo, la ilegalidad contrabandista fue el modo principal de ganarse la vida durante los siglos XVII y XVIII.

Durante este periodo histórico, la isla tuvo el nivel demográfico más bajo de su historia incipiente. El lapso, entre 1625 —fecha que marcó el ataque del holandés Balduino Enrico a la ciudad de San Juan— y el 1700, la emigración, el desequilibrio entre la cantidad de mujeres y hombres habitantes, y las epidemias frecuentes limitaron severamente el crecimiento poblacional. El descenso era evidente, no solo en la ciudad capital, sino también en la Villa de San Germán, Aguada, Arecibo, Ponce y Coamo. Muchos hombres jóvenes emigraron en busca de mejores oportunidades económicas. La emigración repercutió en un desbalance doble. Por un lado, el potencial productivo de los varones adultos se escapaba de la tierra puertorriqueña, además de afectarse la tasa de nacimientos. A este panorama nada halagador hay que añadirle las muertes causadas por enfermedades mortales como la viruela y la peste bubónica.

Sin embargo, el renglón económico de la ganadería despuntaba. El campesinado extendido por el territorio insular enfrentó los condicionamientos impuestos por las relaciones comerciales con España mediante el intercambio comercial con los residentes de las islas colonizadas por otros países europeos. Curazao, Jamaica y Martinica eran puntos de contrabando. Los contrabandistas de esas colonias buscaban en las costas de Puerto Rico los productos de la economía de los hatos donde eran criados el ganado vacuno, los caballos, las mulas y los cerdos. Los productos de ese renglón de la economía clandestina eran intercambiados con los extranjeros mencionados.

Los hatos ganaderos habían surgido en el siglo XVI, cuando los espacios terrestres y boscosos deshabitados se convirtieron en lugares propicios para que los estancieros soltaran sus ganados a pastar. La evolución de esa práctica conllevó la demarcación de los terrenos agrícolas de los pastos para el ganado. A los ganaderos les fue asignada una extensión de terreno para construir un corral donde pastaran las reses. Esas fincas eran denominadas hatos y constituyeron las unidades fundamentales agrarias de la isla durante varios siglos.






Página: 1, 2,




Version: 15100703 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?