Historia / Puerto Rico en el siglo XVII
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
España como metrópoli y como potencia europea tuvo que enfrentar varios retos durante el siglo XVII. Puerto Rico se vio afectado por las políticas imperiales que ponían en vigor el trono hispánico así como por los distintos desafíos que imponía el contexto histórico caribeño. A lo largo de esa centuria se desarrollaron mecanismos que representaban respuestas a las situaciones apremiantes que imponía la época. Por otro lado, se implementaron normativas institucionales que atendían la paulatina complejidad de la sociedad colonial.

Las contiendas militares europeas ocasionaron el surgimiento de distintos escenarios internacionales en los cuales se buscaba la supremacía en varios espacios geográficos. La Guerra de los Ochenta Años, la Guerra de los Treinta Años, la Revolución inglesa y las Guerras Anglo-holandesas hicieron del Caribe un entorno sumamente dinámico. La tradición bélica del viejo continente había afectado a las colonias hispanoamericanas desde el siglo XVI, por lo que gran parte de los territorios fueron dramáticamente militarizados. En ese contexto se inserta la ciudad de San Juan al ser incluida en un abarcador plan de fortificación durante el reinado de Felipe II.

El mantenimiento de los soldados que defendían a San Juan y el sufrago de los costos de construcción de edificaciones como el Morro requerían una gran inversión de dinero de la Corona. Debido a que la Real Hacienda de Puerto Rico no podía llevar dicha carga económica, Felipe II decretó en 1582 que los fondos provendrían desde Santo Domingo. No obstante, la Real Hacienda de La Española tampoco era capaz de sostener las operaciones militares de San Juan. Es así que en 1584 el Rey determina que Puerto Rico recibirá periódicamente dinero de las arcas de la Real Hacienda de Nueva España. Esa designación fue conocida como el situado mexicano.

A lo largo del siglo XVII, y en periodos posteriores, la defensa militar de San Juan dependió de los fondos que arribaban por medio del situado mexicano. Sin embargo, hubo espacios de tiempo en los que el dinero no llegaba a la caja de la Real Hacienda de Puerto Rico. Debido a esto, el gobierno en San Juan no tenía la autosuficiencia para mantener económicamente a los soldados y las obras de construcción y reparaciones de las fortificaciones. Bajo dichas circunstancias, la Real Hacienda de la isla tuvo que recurrir en algunas ocasiones a préstamos de carácter privado. Es decir, individuos acaudalados particulares financiaban las operaciones militares de la capital de Puerto Rico. Dicha práctica no fue bien vista por la Corona.

Historiadores como Francisco Moscoso y José Cruz de Arrigoitia han señalado la escaza investigación histórica existente sobre el siglo XVII. Son limitadas las nociones que se tienen de este periodo. Según Moscoso, en la primera mitad del siglo XVII hubo en Puerto Rico 8,300 habitantes. El historiador reconoce la falta de precisión de las fuentes de la época, por lo que realiza la aclaración de que las cifras demográficas para ese entonces son aproximadas. Entre los principales centros poblacionales de Puerto Rico para esa época se encontraban: San Juan, San Germán, Coamo y Arecibo.

En cuanto a la religión, las fuentes históricas son más ilustrativas. No debe olvidarse que la Iglesia en Puerto Rico, al igual que en otras colonias hispanoamericanas, estaba subordinada al trono español por medio del Patronato Real. Textos de la época mencionan edificaciones de carácter religioso en San Juan como la Catedral, el convento de Santo Tomás, el convento de San Francisco y el convento de la Orden del Carmen. Cabe destacar que además del rol evangelizador practicado por la Iglesia en Puerto Rico, fue esta institución colonial la que estuvo a cargo de la educación. La injerencia del clero en ese ámbito social se vio reflejada con la participación del obispo Bernardo de Balbuena entre 1623 y 1627. Este religioso con una alta preparación académica se esforzó por educar a los miembros del clero en Puerto Rico, con la intención de que el nuevo conocimiento adquirido por los sacerdotes redundara en beneficio de los feligreses.






Página: 1, 2,




Version: 15061701 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?