Proyectos FPH / El coloquio de los pájaros: Borges y 'Aṭṭār de Nisapur
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Luce López-Baralt, Humanista del Año 2003

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La alabanza a Dios que nos enseñó el lenguaje de los pájaros

Borges no cabe duda, amaba las cadencias arcanas que cada idioma suscita en el oído. En una pequeña iglesia sajona de Lichfield cumple una extraña promesa que en el orden lingüístico le tenía hecha, según confiesa, a Dios:


Entré y en la penumbra del templo cumplí un voto que yo había hecho hace muchos años antes en Buenos Aires, sin esperanza de poder realmente cumplirlo: dije el Padre nuestro en inglés antiguo, en esa vieja lengua sajona y logré al cabo de diez siglos, digamos, que volviera a resonar en esa iglesia el "Father ure, thu eart on heovenum, sie thin namá gehallgot...". Creo que lo hice para darle una pequeña sorpresa a Dios1.

Siempre fiel a sus entusiasmos sonoros, que se le habrían acrecentado al perder la vista, cada vez que Borges me encontraba me pedía que le dijera en árabe el título de las Mil y una noches, tan musical en su árabe original: Alf laylā wa laylā. El maestro argentino escuchaba con sonrisa entusiasta el ritmo seductor de la lengua del Profeta y de Sheherezade, lengua de la que, si vamos a dar crédito a los testimonios de Erika Spivakovsky2 y de María Kodama3, tenía algunos rudimentos. Para dar a mi vez una "pequeña sorpresa" simbólica a Borges, en este estudio me hago eco del epígrafe del místico persa Al-Kubrā, que cita al Corán cuando celebra haber recibido de Dios el encendido "lenguaje de los pájaros"- mantiq -ut-tayr. Se trata del lenguaje secreto de los contemplativos sufíes, y, por extraño que parezca, es un lenguaje en el que Borges también se había iniciado. Al escritor argentino no se le hubiera ocultado por qué elegí la gozosa cita ornitológica del contemplativo persa como pórtico para este ensayo: con plena conciencia de ello, Borges sostiene un apasionado coloquio intertextual con el simbólico lenguaje de los pájaros de 'Aṭṭār de Nišapur y otros místicos musulmanes en su poema "The Unending Rose" de La Rosa profunda (1975). Enseguida veremos con cuanto savoir faire Borges usurpa el canon literario de la mística islámica.

Pero antes importa decir que Borges exploró con pasión sostenida los enigmas de la experiencia mística4. Una vivencia personal latía debajo de ese tema obsesivo de la vasta obra de nuestro autor. En una entrevista de 1982, Borges le confiesa a Willis Barnstone que había tenido dos veces esta experiencia de tipo místico:

In my life l... had two mystical experiences and I can't tell them because what happened is not to be put into words... It was astonishing, outstanding. I was overwhelmed, taken aback. I had the feeling of living not in time but outside time... l wrote poems about it, but they are normal poems and do not tell the experience. I cannot tell it to you, since I cannot retell it to myself, but I had the experience, and I had it twice over, and maybe it will be granted me to have it once more before I die5.

En mi vida... tuve dos experiencias místicas y no puedo articularlas porque lo que me pasó no puede ser dicho con palabras... Fue asombroso, deslumbrante. Me sentí avasallado, atónito. Tuve la sensación de vivir no en el tiempo sino fuera del tiempo... Escribí poemas sobre ello, pero son poemas normales y no pueden referir la experiencia. No puedo decírsela a ud., ya que ni siquiera puedo repetírmela a mí mismo, pero tuve esa experiencia, y la tuve dos veces, y acaso me sea otorgado volver a tenerla antes de morir.

Borges me repitió las mismas palabras que había dicho a Barnstone. Uno de estos trances extáticos le aconteció en el Puente de Constitución de Buenos Aires, donde se sintió situado de súbito fuera del tiempo y del espacio, viviendo en unos niveles de conciencia expandidos hasta el infinito. Algo de ello trató de comunicar en su poema "Mateo, XXV, 30" —también la confesión es de Borges— pero me insistía que era inútil tratar de decir algo de la experiencia, que no era verbal sino suprarracional. Cuando le pedí que explicara en detalle sus dos experiencias en la sesión de preguntas que siguió a una de sus conferencias magistrales, me ripostó: "Si ud. escribe sobre San Juan de la Cruz, sabe que sencillamente no le puedo contestar. Se trata de experiencias inarticulables e intransferibles". En cuatro ocasiones hablé con Borges de su encuentro con lo Indecible, y sus palabras estaban aureoladas por la sorpresa sincera de quien habla de unas vivencias que aún está en proceso de asumir.

María Kodama, su viuda, me corroboró que estas experiencias le interesaron tanto a Borges que las discutió con un monje budista en un monasterio Zen en Kioto, donde proyectaba pasar un año explorándolas más de cerca. El destino no le fue benévolo, ya que enfermó mortalmente antes de poder cumplir con su proyectado viaje.

Salta a la vista que Borges, experto en Budismo Zen, en cábala, en los desvíos místicos de los heresiarcas cristianos y del visionario Swedenborg, se sintió siempre más cómodo explorando estas vivencias suprarracionales desde parámetros culturales muy distintos del suyo propio. Uno de los cánones literarios que usurpa con más conocimiento de causa es precisamente el islámico.

Borges sabe bien que está asumiendo un canon literario que le resulta ajeno a los paradigmas de su cultura occidental, que exploró de manera pionera en su ensayo "Sobre los clásicos" de Otras inquisiciones. Su obra preludia la auténtica obsesión contemporánea para con los problemas del canon literario en Occidente. Harold Bloom, como se sabe, propone una visión más esencialista de los valores intrínsecos de la obra literaria en su célebre Western Canon (Bloom 1995), mientras que otros teóricos como John Guillory consideran que nuestra apreciación de los textos canónicos está atada al tiempo y a las circunstancias. Borges lo supo bien: a algunos le maravilla el Fausto, que para otros es "una de las más famosas formas del tedio" (Borges 1989a: 151). El desgaste acecha los tex-tos: "Las emociones que la literatura suscita son quizá eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de un modo levísimo, para no perder su virtud." (ibid.).








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Version: 15051401 Rev. 1
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