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Flavia Lugo de Marichal, Humanista del Año 2013

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“Nuestra vida está hecha de recuerdos, de saberes que nada tienen que ver con la erudición o con la ciencia, y que son una mezcla de vivires y de saberes que nos vienen de relatos, escuchados o leídos, que se incorporan a nuestro ser”.[1]
Joaquín Rubio Tovar

Ante todo, quiero dejar consignado mi profundo agradecimiento a la Fundación de las Humanidades y a su Junta de Directores por la distinción que me conceden esta noche, a todos los amigos y amigas que me acompañan y a mi amigo, el poeta y abogado Miguel Arzola, por su presentación.

Los recuerdos nos llevan a contemplar sin prisa el amplio horizonte de la vida. Aparecen de momento porque algún olor los despertó, porque aquella canción los hizo suspirar, porque de momento escuchamos tal o cual nombre y enseguida el recuerdo fue a buscar en su archivo de fotos y le dio vida a una experiencia lejana que visualizamos a veces difusa o la imaginamos de otra manera.

El recuerdo intenta conservar la experiencia tal y como aconteció, pero en este juego constante de la vida hay reglas, jugadores, vencedores y vencidos que olvidamos o transformamos. Este personaje tan organizado se viste de paciencia porque continuamente tocamos a la puerta de su casa, entramos como si fuéramos un remolino y comenzamos a rebuscar, tratando de recuperar las piezas perdidas de un rompecabezas que parece interminable.

¡Qué capacidad tan poderosa tenemos para transformar el recuerdo! Recordamos transformando los sucesos, reescribiéndolos, esculpiendo cada detalle a nuestro gusto y los guardamos en ese joyero que hemos ido creando para los recuerdos especiales.

Todos tenemos todo tipo de recuerdos, pero los que atesoramos se diferencian de los demás. Aparecen frecuentemente y nos regalan ese instante de suspiro que como muy bien dice George Sand, es “el perfume del alma”. Es un perfume que sólo el que lo posee lo percibe y lo atesora. El escritor y cuentero colombiano Gabriel García Márquez comenta que: “Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidarse es difícil para quien tiene corazón”.

Hoy el recuerdo me acerca a muchos personajes que fueron protagonistas importantísimos de este cuento que he vivido creando historias. Puedo decir que soy una de las afortunadas del planeta que ha conocido el amor en sus diversas manifestaciones y es este sentimiento tan poderoso el que me ha acompañado en esta travesía de palabras e imágenes. Dediqué muchas horas de mi vida a contar y escribir cuentos. Estos se parecen al recuerdo porque aparecen de momento gracias a una palabra, un sonido o un color. Todos sabemos que el cuento ha vivido con nosotros desde tiempos inmemoriales. Ellos son la base de toda creación porque, al fin y al cabo, contamos algo a los demás que nos observan o escuchan maravillados o perplejos.

Mi riqueza es de palabras e imágenes y a mis casi 87 años de vida, puedo decir que soy una privilegiada de la vida que aprendió a escuchar cuentos, recordarlos y contarlos. Los muros de mi memoria están llenos de imágenes que han resistido el paso del tiempo y me han humanizado.

Magda Figiel, del Instituto de Estudios Superiores sobre la Mujer en Roma, explica de forma muy sencilla lo que significa humanizar: “Humanizar es hacer el mundo más humano. Implica una sensibilidad que permite identificar tendencias sociales que atentan contra el bien de las personas así como una sensibilidad hacia la situación personal del ser humano concreto: sus sentimientos, sufrimientos físicos y morales o ilusiones y esperanzas... La aportación humanizadora es muy necesaria en una cultura que pierde el sentido de la dignidad humana y tiende a tratar al ser humano como un objeto. Hace falta redescubrir el sentido del valor del ser humano, así como de las instituciones que han alimentado la sociedad”.[2]

Y la escritora británica Doris Lessing dice que el ejercicio de la escritura es una tarea de “creación de su vida”. Una labor de “crear el recuerdo”. Y aquí estoy “creando mis recuerdos” llenos de personajes y cuentos, ésos que, paso a paso, me transformaron en escritora de cuentos infantiles y me humanizaron.



[1] Joaquín Rubio Tovar, La vieja diosa: de la filología a la post modernidad, Capítulo final: Las humanidades y los hombres (Alcalá de Henares: Centro de Estudios Cervantinos, 2004).

[2] http://www.mujernueva.org/articulos/articulop.phtml?id=7582






Página: 1, 2, 3, 4,




Version: 15050101 Rev. 1
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