Proyectos FPH / Borges, los clásicos, el canon literario, sus periferias y "La forma de la espada"
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Arturo Echevarría Ferrari, Humanista del Año 2003

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El canon literario

Las reflexiones en torno al canon literario, a cuán pertinente es, a cuán ecuánime y justa es su valoración de las obras que incluye, bien podrían clasificarse en dos apartados de índole general: una que podría llamarse objetiva y otra que podría llamarse subjetiva. Las críticas más extremas, las que repudian la existencia misma del canon, como se sabe, hacen reclamos en contra de lo que se percibe como el establecimiento de un orden de jerarquía literaria arbitrario y exclusivo, fundamentado en principios que responden únicamente a factores ideológicos, económicos, sociales y de género sexual. Los que casi con impaciencia adelantan tales hipótesis, señalan que estos postulados se fundamentan en un punto de vista rigurosamente objetivo porque es fácil constatar, por ejemplo, la escasa representación en el canon literario de obras y autores pertenecientes a minorías étnicas y raciales, los gays y al género femenino. De otra parte, y en el otro extremo, los defensores más encendidos del orden vigente asumen una posición que podríamos calificar de corte subjetivo. En lo que podría caracterizarse como una defensa de los fines educativos y formativos de la enseñanza de la literatura, estos señalan que el canon literario actual provee a sus lectores y estudiosos un caudal de valores éticos fundamentales para nuestra sociedad. En lo relativo a la ubicación que ocupa Borges en esta controversia, me interesa ahora explorar brevemente dos posiciones en torno al canon, ambas de gran relieve, una que parte de principios objetivos y la otra de principios subjetivos. Sería útil aclarar que si por una parte ambas ocupan posiciones encontradas una respecto de la otra, por otra parte, no se ubican en los extremos de la polémica que acabo de delinear. Me refiero a los postulados de Harold Bloom y John Guillory1.

La postura de Harold Bloom, expuesta en el libro The Western Canon (1994), obra muy comentada, y que, para sorpresa de algunos, llegó a convertirse en un best-seller, se puede resumir sucintamente. Es cierto, y ello habría que aclararlo de entrada, que Bloom repudia la noción que propone la presencia en las obras consagradas de valores éticos y morales afines a las normas que rigen la sociedad establecida. Con la agudeza que lo caracteriza, Bloom recalca el hecho de que la gran mayoría de las obras que consideramos consagradas proponen, en la mayoría de los casos, un registro de valores contrarios a los que rigen la sociedad en una época histórica particular. Pero si por un lado rechaza la presencia de normas éticas afines a una moralidad predominante en el mundo social vigente, por otro lado, el crítico de Yale afirma la existencia de "valores estéticos" intrínsecos a los textos pertenecientes al canon literario. Las dos características sobresalientes de estos textos son su capacidad para suscitar en el lector la sensación de "extrañeza" ("strangeness") y de comunicar su condición de obra dotada de originalidad. Repasando el canon literario de un extremo al otro, comenta Bloom:

The cycle of achievement goes from The Divine Comedy [de Dante] to Endgame [de Samuel Becket], from strangeness to strangeness. When you read a canonical work for the first time you encounter a stranger, an uncanny startlement rather than a fulfillment of expectations.
(Bloom 1994, 3)

Queda claro en el contexto que estas intuiciones y/o sensaciones residen en la experiencia del receptor y, como tales, se manifiestan en el plano subjetivo. La característica de "extrañeza" en una obra está, a su vez, vinculada a su condición de originalidad. Y la originalidad, a su vez, es producto, según Bloom, de un agon, (y recordemos que agon en griego significa lucha); se trata, pues, de una lucha sin cuartel con el canon que le precede, de un forcejeo con la tradición literaria que, de tener éxito, permite a la obra nueva subyugar y asimilar sus antecesores y así abrirse paso y quedar incluida en la lista de obras consagradas:

The burden of influence has to be borne, if significant originality is to be achieved and reachieved within the wealth of Western literary tradition. Tradition is not only a handing-down or process of benign transmission; it is also a conflict between past genius and present aspiration, in which the prize is literary survival or canonical inclusion.
(Bloom, 1994, 8)

Vayamos ahora a la posición contraria, a la que expone John Guillory. John Guillory, cuyo libro más reconocido en este contexto se titula Cultural Capital: The problem of Literary Canon- Formation, opta por un camino que soslaya la cuestión de un juicio valorativo del texto literario en sí con sus concomitantes ingredientes psíquicos y sociales, y parte de una pregunta que él considera clave en lo relativo a los modos que en rigor operan en el proceso del establecimiento de un canon literario. La pregunta que formula Guillory tiene que ver con los mecanismos que obran en contextos institucionales particulares en lo que toca la preservación, reproducción y transmisión de textos que luego pasan a la categoría de "clásicos". Desde un punto de vista que aspira a fundarse en criterios objetivos, Guillory expone lo siguiente:

An individual's judgment that a work is great does nothing in itself to preserve that work, unless that judgment is made in a certain institutional context, a setting in which it is possible to insure the reproduction of the work, its continual reintroduction to generations of readers. The work of preservation has other more complex social contexts than the immediate responses of readers of texts.
(Guillory: 1995, 237)

Y añade que es razonable conjeturar que, contrario a los que sostienen la opinión de que el canon es el resultado de una estrategia de exclusión basada en principios sociales, raciales y de género sexual, los criterios que predominan en el momento de identificar textos que se han de preservar y reproducir para la posteridad responden a una agenda social que no remite ni a lo dogmático y ni a lo ideológico. (En este sentido su pensamiento se hermana con el de Harold Bloom). El fin que persigue este proceso, propone Guillory, está relacionado con la diseminación de aquellos textos que son compatibles con las prácticas relacionadas con la enseñanza de la lectura y la escritura.

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1En el transcurso de los últimos meses ha salido a la luz un libro de un crítico muy destacado que también versa sobre el tema y de él lamentablemente no puedo ocupar en estos momento: Frank Kermode, Pleasure and Change. The Aesthetics of Canon, Oxford University Press, 2004.







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