Proyectos FPH / Aristas de la supervivencia cultural en el Puerto Rico de hoy
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María Teresa Babín, Humanista del Año 1987

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Ante todo lo que representa este acto de generosa solidaridad intelectual, mis palabras son primordialmente de agradecimiento a la Junta de Directores y al Sr. presidente de la Fundación por haberme considerado merecedora del honor que conlleva el título de Humanista del Año. Los que me han precedido representan una gama ideológica de brillante ejecutoria en el quehacer literario, histórico, creador y erudito durante el siglo XX. Los conozco a todos. Algunos han sido mis maestros y precursores en la Universidad; otros han compartido conmigo sueños y desilusiones, inquietudes y proyectos inconclusos, y sus obras han sido objeto de mi atención y de mi aprecio por lo que significan en las letras, la educación y la historia de las ideas en nuestro país y más allá de Puerto Rico. Según lo expresé en una carta al Dr. Arturo Morales Carrión he aceptado esta distinción con humildad y entusiasmo. Unas palabras de la Dra. Concha Meléndez, humanista elegida para inaugurar la “Galería” hace ocho años, me ha dado la clave para recoger estas “Aristas” dispersas en forma de conferencia. Aquella inteligente y laboriosa criatura, dotada de una sorprendente memoria, viajera por tierras peruanas, colombianas, argentinas y mexicanas, creadora, de la cátedra de literatura hispanoamericana en la Universidad, al leer y criticar la primera edición de Panorama de la Cultura Puertorriqueña publicada en 1958, relacionó ese libro con otro anterior sobre la cultura hispánica, que en 1949 D.C. Health and Co. había editado. Señaló en parte nuestra profesora una constante que reconozco en algunos de mis trabajos de carácter ensayístico, al decir lo siguiente:

“Hay inteligencias que por impulso natural gustan de horizontes dilatados, enfocando en el pasado el catalejos de la imaginación avivado por la curiosidad. Miran después lo cercano y piensan sobre lo visto en un intento de vislumbrar el futuro”.

El estudio y la observación de los cambiantes rumbos de la vida en nuestro país y en el mundo donde estamos instalados en el presente han ocupado la atención de la persona a quien la Dra. Concha Meléndez situaba en esa modalidad del intelecto, abriéndome la puerta para enfocar el “catalejos de la imaginación avivado por la curiosidad”, trasponiendo el monólogo al diálogo con ustedes.

II. CONFERENCIA:

“Los caminos de la cultura suelen ser más silenciosos, susurrantes y confidenciales que los que quiere abrir la política con mayor bullicio y agitación colectiva”, sugestivo pensamiento emitido por Mariano Picón Salas en e! año 1962, contrastando cultura y política, que no pueden ser, sin embargo, conceptos separables y aparentemente distanciados como intentan describirlos esas nobles palabras... El Puerto Rico que llamamos nuestra morada y nuestra patria, con ese sentido de posesión y de amorosa entrega con que los seres humanos le ponemos nombre a lo concreto y a lo abstracto, es una entidad física y moral, un sueño y una realidad. Estamos afirmando un sentir emotivo que no necesita explicaciones eruditas al llamarla “nuestra” al sentirla “dentro”. Los humanistas en todas partes y a través del tiempo, son creadores obstinados en hurgar las razones de las sinrazones, y en ese empeño se concentra la búsqueda de la filosofía, las ciencias y las artes en constante movimiento. Ese anhelo insatisfecho del conocimiento es la razón de ser de las Humanidades en el abierto y complejo mundo que nos tiene atrapados en sus dimensiones infinitas. Muchas veces cabe preguntarse: ¿Dónde está Puerto Rico? Geográficamente localizamos en el mapa mental o gráfico el lugar que ocupa en el Caribe... pero en ese espacio preciso solamente estamos unos millones de seres, hijos a su vez de otros hombres y mujeres anteriores a nuestros abuelos que vinieron de lugares muy alejados del Caribe o del Atlántico, mientras el ritmo de la canción de las Antillas nos ata a otros seres de otras tierras que hablan otro idioma, en una urdimbre de voces y de almas marcadas con los signos hereditarios de una historia milenaria que sobrepasa los quinientos años...

Dondequiera que proclamemos nuestra filiación afectiva, esa morada y esa patria existe como entidad nacional latente y presente. Son ya muchas las ciudades de los Estados Unidos que cuentan con numerosos habitantes de origen puertorriqueño. Son ya muchas las escuelas y las universidades de los Estados Unidos que han empezado a fijar su atención en Puerto Rico como objeto de estudio importante, son ya muchos los sitios del mundo en que la voz puertorriqueña empieza a oírse con respeto. Esta situación no es nueva, viene de lejos, tiene historia, pero es actualmente una señal de alerta por sus implicaciones de carácter social, político y humano.






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