Proyectos FPH / Voluntad del ser puertorriqueño en mi poesía, teatro y ensayo
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Francisco Arriví, Humanista del Año 1982

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Oyentes todos:

Confieso con absoluta sinceridad que la designación de Humanista Conferenciante del Año, de la que tan generosamente me ha investido la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, me causó sorpresa hasta la perturbación porque antes de mí se distinguió a profesores de la talla y obra de la Dra. Margot Arce, la Dra. Concha Meléndez y el Lcdo. Lidio Cruz Monclova, de los cuales no puedo aceptarme sino como eterno discípulo, jamás igual entre ellos.

Juntos con el Dr. Rubén del Rosario, la Dra. Josefina Rodríguez y el Dr. Antonio S. Pedreira, todos del Departamento de Estudios Hispánicos, me impartieron la fuerza que el Profesor de Música y creador del Coro de la Universidad de Puerto Rico, Augusto Rodríguez, colocó en plataforma de lanzamiento hacia la vida profesional con la letra (soy el autor) del Himno del Alma Mater por arma de combate: Cantemos unidos / un himno al Alma Mater / Cantemos con bríos / el himno de la vida /que anuncie juventud / amor y libertad / de gloria al luchador / honra a la Universidad / el que ayer como hoy, como mañana en las voces de la juventud amante del mejor credo humanista, el de impulsar al hombre puertorriqueño a conocimiento de las esencias de la cultura nacional que le es propia, resonará de pasado a presente a futuro, como estandarte de redención contra la desculturación que llegó a imponernos la enseñanza, no del inglés, sino en inglés, incluso, el aprendizaje en inglés del latín, madre de nuestro vernáculo, y, del francés, lengua hermana; también contra la anticulturación que hace tres años inició el holocausto del Instituto de Cultura Puertorriqueña con el desgaje del Centro de Tres Teatros o de Bellas Artes a prioridades que no fueron para las que se ideó, gestionó y construyó por el sagrario de nuestra alma y espíritu de nación hispanoamericana, entrampamiento del mejor ánimo de patria y encubrimiento del propósito de aplastamiento bajo el peso de culturas nacionales mixtificadas en una supra estructura zómbica promotora de la ininteligible designación de cultura sin apellidos que es acto de ilegitimización del ser de los pueblos que han sido en cultura propia y de éste —el nuestro— que lo quiere ser y será.

Contra desculturación de la lengua vernácula fueron estos siete maestros y contra anticulturación han sido los que han sobrevivido hasta el inicio de holocausto del Instituto de Cultura Puertorriqueña bajo una falsa máscara de puertorriqueñismo.

No, no puedo compararme a igualdad con estos siete maestros que han luchado contra desculturaciones y anticulturaciones y me infundieron su credo humanístico contra ellas. Los estimé siempre de más alto desarrollo que yo, a lo largo de cuarenta y cinco años, respecto al conocimiento y ejercicio del dios existencial de Borinquen, o sea, de la conciencia activa de la cultura nacional impelida por la voluntad del ser puertorriqueño...

Les dedico, pues, esta conferencia como ejercicio de alumno sempiterno de ellos, lo que me renueva a Fresco amor y libertad y me llena de gozo pues siento a vivientes y a silentes de cuerpo, que no de espíritu, llenarme el pecho con el himno del Alma Mater.

Pido a la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades que si cree es posible acreditar su magno y extraordinariamente significativo premio a un estudiante de Humanidades así lo determine. Si no, quedaré muy contento con poder leer este trabajo dedicado a los siete maestros y a todas las demás personas que me ayudaron a ser, sino a inteligente de mi parte, a fiel y consecuente luchador de la cultura puertorriqueña, entre los que se encuentran firmes detrás de mí, mi esposa y mis hijos, aunque hayan temido seriamente que lo mismo me cueste la vida.

Sé, aunque no soy tanático, sino constructor, que perdiendo la vida por el ser natural de Borinquen se gana más que perdiéndola por implantarle a la cultura puertorriqueña letales desculturaciones y anticulturaciones. Creo firmemente por experiencia de vía oscura a iluminativa a unitiva, todo por excitación metafórica, que la voluntad del ser puertorriqueño se apodera de mí luego de un primer período de inconsciencia, un segundo de iluminación, a exigencias de mi poesía, teatro y ensayo, y uno de unificación; cuando me siento encendido por la conciencia activa de cultura nacional que entraña lo que llamo a partir de la bilogía poemático-dramática. Entrañado en Ceiba y Areyto-Cemí-Coquí, dios existencial, ya alcanzado sin nombre anteriormente, hacia atrás de esta nominación, en los poemarios dramáticos En la tenue geografía y Escultor de la sombra, el último ya experimentado en 1971 por vía de adaptación escénica. Se le ha considerado por el poeta antropólogo Eugenio Fernández Méndez (aunque no lo escribiera yo me lo recuerdo bien) "un 'romper a través' en el adelanto de la escenificación en Puerto Rico"; todo porque el recitante central se convierte en ceiba frente a los ojos del público luego del coro de circunstancias, que lo ha acompañado, transformarse en raíces del árbol sagrado. El coro debió desnudarse al tiempo de convertirse en raíces, pero no fue posible efectuarlo como lo propusiera en Trayectoria dramatúrgica mi persona.

Acto de fusión y liberación en el dios existencial, comencé a pedirlo desde 1947 en Cuatro sombras frente al cemí o María Soledad (no debí cambiarle el primer nombre a mi drama cinco veces reescrito) lo que no vino a hacerse hasta 1976 por la Compañía Teatral de Ponce, bajo dirección escénica de Luis Torres Nadal. La desnudez en mi teatro no es sino clímax de liberación de conciencia —dios existencial— y si no se efectúa se trunca el devenir absoluto de la voluntad del ser puertorriqueño que dramatiza.






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