CARIBE / Religiones afrocaribeñas en Puerto Rico
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Cuando en Puerto Rico se habla de religiones provenientes de áfrica, comúnmente se concluye la conversación comentando que es necesario embarcarse en un crucero por el Caribe o, como dicen coloquialmente los puertorriqueños: “brincar el charco” para tener contacto directo con estas religiones. El espiritismo, la santería y la brujería son casi siempre las prácticas religiosas conocidas en Puerto Rico que tienen algo que ver con áfrica. No obstante, aquellos que tienen conocimiento sobre las religiones afrocaribeñas, usualmente afirman que las prácticas religiosas genuinamente africanas son escasas en Puerto Rico.

Casi todo el mundo coincide que hay algo africano en las tradiciones de Loíza, Guayama y el barrio San Antón en Ponce, por ejemplo. Pero estos son lugares fuera de lo común en el panorama cultural puertorriqueño. Es precisamente porque estas localidades son consideradas como excepcionales que se les aconseja, a quienes quieran encontrar la esencia de estas religiones, comenzar la búsqueda en estos lugares. Para obtener un panorama más amplio de áfrica, se les insta a los investigadores a ponerse en contacto con babalawos cubanos: sacerdotes y adivinos que están iniciados en el culto de ifá —el cual está relacionado con la santería. El viajar al extranjero también es recomendable. Sería inusual concluir una conversación de este tipo sin exhortar a los interesados a que visiten Santo Domingo. Miami y Nuevo York también podrían recomendarse por ser los enclaves americanos que contienen auténticas religiones africanas.

Las valoraciones de este tipo comprenden una historia compleja. La impresión de los puertorriqueños de que áfrica está siempre en otro lugar esta fundada en algunos hechos concretos. No se puede negar que el sistema de plantación experimentó un lento proceso de maduración, además de que el número de africanos que fueron traídos a la isla como esclavos fue relativamente pequeño (aproximadamente 77,000). Esto dos hechos diferencian a Puerto Rico del resto del Caribe, especialmente cuando se le compara con las sociedades no hispánicas. Pero ese ímpetu con el que se minimiza la influencia africana en Puerto Rico no debería cegar al puertorriqueño a otros hechos igualmente relevantes: las opiniones actuales sobre el impacto que áfrica tiene en Puerto Rico y sus religiones le deben mucho al siglo XX y a su cultura política conflictiva.
La celebración de los jíbaros, de supuesta piel clara, como emblemas de la nación han causado efectos blanqueadores en las celebraciones folclóricas y en los libros de historia a partir de los años cincuenta. Como bien han demostrado los antropólogos, historiadores, críticos literarios y sociólogos, hasta las campañas políticas y publicitarias han contribuido a borrar la negritud y todas las costumbres provenientes de áfrica. Este tipo de blanqueo se ha agravado con la tendencia paralela de caracterizar erróneamente a la gente negra y las culturas procedentes de los indígenas y africanos. Jorge Duany llama esto: “hacer indios de negros”.

En contra de estas tendencias, hay que reconocer que las prácticas ligadas a áfrica —histórica y retóricamente— han aumentado en popularidad a través de Puerto Rico y su diáspora. Este ha sido el caso desde los años sesenta, cuando la isla comenzó a recibir a los exiliados cubanos en grandes cantidades. Hoy día, la santería con variantes del espiritismo fusionados con elementos afrocaribeños son elementos fijos del panorama religioso. Palo monte, santerismo, sance y otras religiones afrocaribeñas ocupan un nicho también. Aunque los académicos tienen aún que considerar estos cambios sistemáticos, queda claro que el aumento de las prácticas afrocaribeñas ha tenido mucho que ver con las dinámicas de la última mitad del siglo, así como con el colonialismo español, la esclavitud y la criollización. La urbanización, la emigración a Estados Unidos, la inmigración a la isla, la reconfiguración de las identidades raciales y el creciente pluralismo de las sociedades cercanas pueden hacer de Puerto Rico uno mucho más “africano” de lo que haya logrado el sistema de plantación.

En 1993, un destacado babalow estimó que 25 mil santeros se han iniciado en Puerto Rico. Tanto como 50 mil participantes adicionales se han reportado involucrados en esta práctica de manera más informal. El espiritismo, por su parte, permanece dividido, al menos discursivamente, si no de hecho. Aquellos que favorecen el espiritismo científico (también conocido como espiritismo kardeciano) han visto sus instituciones reducirse en relación a su punto culminante durante los inicios de los 1900´s. No obstante, otros tipos de espiritismo siguen siendo populares. Variedades que se han desarrollado en hogares como el espiritismo de mesa blanca, con sus altares y recipientes de agua, y la tan difamada brujería espiritista reclaman numerosos centros de sanación en Puerto Rico y Estados Unidos. Un estudio epidemiológico llevado a cabo en la isla en 1990 encontró que 18 por ciento de la población reconoció haber buscado ayuda de un espiritista no especificado para tratar “problemas emocionales”.

La cultura criolla: una cuestión de raíces

Desde que se inició el proyecto cultural del Estado Libre Asociado en los años cincuenta, los niños en las escuelas han aprendido que la sociedad puertorriqueña evolucionó a partir de tres orígenes o raíces: español, indígena y africano. Esta idea quedó estampada en el emblema oficial del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), el cual está compuesto por tres figuras masculinas, cada una acompañada de atributos característicos a sus roles (Ver www.icp.pr.gov/quiene-somos/emblema). El indio taíno, quien está rodeado por plantas de maíz, yuca y tabaco, lleva un cemí en sus manos, el cual sirve de referencia a las artes plásticas y la religión taína. Lo acompañan un español del siglo XVI quien sostiene una gramática de la lengua española, y un africano que sostiene un machete y un tambor. El español tiene de fondo tres velas representativas de las carabelas con cruces cristiana en cada una. Por su parte, el africano está posicionado al lado de una mata de plátanos. El trío sugiere, así como la trinidad cristiana, un deseo de reconocer la totalidad del linaje puertorriqueño, a la vez que insinúa un arreglo jerárquico complejo. El árbol genealógico puertorriqueño podrá estar compuesto de tres raíces, pero, definitivamente, su tronco permanece siendo hispánico.

Esta representación cultural-nacionalista que ha quedado arriba detallada ha sido fácil de esbozar. En pocas palabras, el argumento que han favorecido las figuras emblemáticas del ICP, incluyendo a Ricardo Alegría, se basa en que la conquista española destruyó la población indígena y limitó el impacto que la cultura indígena tuvo en la colonia. A pesar de que los africanos tuvieron mejor suerte que los nativos, los españoles y su descendencia mestiza limitó el crecimiento de la raíz africana. Delegado como un lugar relegado por el Imperio y evitado por la revolución del azúcar que se extendió por todo el Caribe a partir de 1630, los aspirantes a ser dueños de esclavos no tenían los medios ni la iniciativa de adquirir esclavos en las cantidades necesarias para transformar a Puerto Rico en una isla azucarera. Los esclavos nunca excedieron el 12 por ciento de la población. Los libertos negros eran numerosos, pero hablaban castellano y aceptaron el catolicismo, y hasta ayudaron a aculturar africanos según las normas ibéricas.

Al tomar inventario de esta historia, el eminente estudioso del Caribe, Sidney W. Mintz recientemente declaró que a pesar de que la cultura puertorriqueña es comúnmente considerada criolla, la sociedad puertorriqueña en realidad nunca fue verdaderamente criollizada. De acuerdo al uso estricto del término de Mintz, la criollización ocurrió solamente cuando los esclavos nacidos de africanos constituyeron mayorías, y solo durante los primeros cincuenta años de interacciones entre africanos de diversos orígenes y europeos. En Jamaica y en Saint Domingue francés, por ejemplo, los africanos fueron capaces de formar instituciones que permitieron la reproducción de culturas verdaderamente criollizadas. Estos son, precisamente, los tipo de sociedades de las cuales se derivaron las religiones que muchos académicos y puertorriqueños contemporáneos consideran que genuinamente provienen de áfrica.












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