Economía / La libreta de jornaleros
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
En diciembre de 1849, el capitán general, don Juan de la Pezuela, ordenó la puesta en efecto del “Bando de policía y buen Gobierno,” bajo el pretexto de mantener el orden civil en Puerto Rico. Una de las disposiciones de este decreto fue la creación de un registro general de jornaleros, es decir, de los mayores de 16 años que no fuesen dueños de tierra y, por tanto, tuviesen que trabajar por un jornal para subsistir. Como parte de este registro, el Estado expedía una libreta que debían llevar los trabajadores a jornal en todo momento. Esta libreta incluía el nombre del jornalero, su pueblo de residencia y una descripción de sus características físicas. En ella, el empleador debía escribir cuándo comenzaba y terminada la jornada de trabajo, según acordado por las partes, y cómo había sido su conducta.

Esta libreta de jornaleros fue el instrumento que las autoridades crearon para controlar a la población libre ante un reclamo, de los sectores propietarios, de escasez de mano de obra. Previamente, en 1838, el gobernador Miguel López de Baños intentó también forzar a los campesinos libres a trabajar como jornaleros, porque ya en ese momento el sistema esclavista comenzaba a tambalearse ante una Inglaterra que presionaba por la abolición del tráfico esclavo, la proliferación de fugas y revueltas, y el fortalecimiento del sector abolicionista. Con la libreta de jornaleros, el Estado finalmente logró complacer a los hacendados, quienes tuvieron, a partir de ese momento, un nuevo instrumento de control laboral, ya que ningún jornalero podía abandonar su trabajo hasta que el empleador indicara que ya había cumplido con su contrato. Si el empleador retenía consigo la libreta, impedía que el jornalero abandonara la hacienda o su lugar de trabajo, ya que las autoridades detenían a toda persona que estuviera sin su libreta. El Estado, por su parte, también se beneficiaba de este sistema, ya que si el jornalero no portaba su libreta o estaba desempleado era penalizado con trabajos en obras públicas que devengaban solamente medio jornal.

El régimen de la libreta intentó también que los campesinos pobres abandonaran la práctica del agrego. En otras palabras, prohibía a los dueños de tierra ofrecer predios a los campesinos a cambio de trabajo y en su lugar promovía la renta en zonas urbanas y la proletarización del campesinado. El régimen de la libreta servía como mecanismo de transición de una economía precapitalista, basada en mano de obra que no recibía remuneración en metálico, a una economía de producción capitalista, en la cual los trabajadores eran disciplinados y trabajaban largas jornadas por un salario de subsistencia.

El lenguaje del bando denotaba también un estereotipo de la oficialidad hacia los campesinos criollos como personas desidiosas. El reglamento establecía multas a los dueños de tiendas o negocios si estos permitían que los jornaleros permanecieran en sus predios por mucho tiempo sin hacer nada. Además, el Gobierno ofrecía un premio de 50 pesos para el jornalero que demostrara “laboriosidad y honradez”. El premiar la laboriosidad parecía ser una estrategia del Gobierno para enseñar los valores propios de las dinámicas capitalistas de producción a las personas que se caracterizaban como propensas a los vicios.

Los estudios sobre la libreta de jornaleros que se han realizado hasta el momento no permiten saber a ciencia cierta cuán rigurosas fueron las autoridades en la puesta en práctica de este sistema durante los 23 años de su vigencia. Aunque sí se entiende que los jornaleros resistieron el intento de regular su libertad laboral y de movimiento de diferentes maneras. Por ejemplo, los agregados buscaban hacer tratos con los dueños de la tierra para ser arrendatarios y así evadir el régimen, pero esto a su vez los podía convertir en deudores de los dueños de la tierra que les cobraban con trabajo. Esta práctica fue proliferando mientras avanzaba el siglo XIX. Uno de los efectos indirectos de este régimen que obligaba a los campesinos a reubicarse en zonas urbanas si no obtenían algún trabajo en las haciendas fue la rápida expansión de la epidemia del cólera morbo y otras enfermedades.

En el ámbito político, puede mencionarse que el régimen de la libreta sembró inconformidad en un sector numeroso de los jornaleros y en los políticos liberales. A pesar de la vigilancia estatal, un grupo de jornaleros participó del movimiento separatista conocido como el Grito de Lares. Uno de los objetivos de los liberales separatistas fue precisamente la abolición de la esclavitud y la libreta de jornaleros. Aquel reclamo del Grito de Lares finalmente se hizo realidad en 1873, cuando la esclavitud y el régimen de la libreta fueron abolidos.



Autor: Gricel Surillo Luna
Publicado: 15 de septiembre de 2014.

Version: 13071107 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?
Glosario
Ver Glosario