Economía / La economía puertorriqueña durante la posguerra
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Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, comenzó en el país una etapa de industrialización en la que el Gobierno de Puerto Rico —contrario a lo ocurrido a principios de la década de1940, cuando se impulsó la creación de fabricas que consumieran recursos locales y produjeran para el mercado local—— se convirtió en el facilitador de que la isla se industrializara mediante la construcción de obras de infraestructura como carreteras y puentes, la ampliación de los servicios públicos y ofreciendo estímulo y campañas de promoción en el mercado estadounidense. Como parte de esta nueva política económica, las industrias estatales fueron vendidas al capital privado como una instancia para inducir a dicho capital a establecer operaciones industriales en Puerto Rico. A partir de ese momento, la política gubernamental se concentraría en las inversiones privadas, en particular, en las de capital estadounidense. En consecuencia, el fracaso del programa de industrialización estatal de los años cuarenta y la expansión del capital estadounidense a los mercados mundiales en la posguerra crearon las condiciones para la implantación de la nueva política económica.

Como parte de este nuevo enfoque, el Gobierno de Puerto Rico, bajo el dominio del Partido Popular Democrático (PPD) y encabezado por Luis Muñoz Marín, aprobó en 1947 la Ley de Incentivos Industriales que autorizaba a nuevas industrias a establecerse en el país con una exención en el pago de contribuciones sobre ingreso y sobre la propiedad por diez años. Esto sirvió para iniciar un esfuerzo decidido del Gobierno por aumentar la producción industrial atrayendo capital privado, esencialmente estadounidense. Esta tarea, a partir de 1950, fue concentrada en la recién creada Administración de Fomento Económico, que al igual que la anterior Compañía de Fomento, estuvo bajo la dirección de Teodoro Moscoso y fue, además, la que desarrolló el plan de “crecimiento” industrial durante esa década. Este modelo de desarrollo dependiente, conocido como “Operación Manos a la Obraoperación Manos a la Obra: nombre dado por los administradores públicos de Puerto Rico al programa de industrialización iniciado a partir de 1948. Se asocia con la creación de la Administración de Fomento Económico y con las iniciativas del gobierno del PPD, dirigido por el gobernador Luis Muñoz Marín.”, descansó fundamentalmente en exenciones contributivas y una mano de obra barata y controlada para atraer dicho capital, de tal forma que el aparato productivo del país se industrializara. De este modo, el PPD buscaba hacer de Puerto Rico una localización más atractiva para los inversionistas extranjeros.

Dicho programa de industrialización se dividió en dos fases marcadamente diferentes. Durante la primera etapa, que comprendió de 1947 hasta 1960, las empresas que se establecieron en la isla se distinguían por el uso intensivo de la mano de obra, y por necesitar de un capital relativamente pequeño para comenzar sus operaciones. Este tipo de industrias resultarían muy atractivas para las expectativas de la Compañía de Fomento Industrial, que tenía como objetivo inmediato aliviar el alto nivel de pobreza y desempleodesempleo: Situación en la que uno o más factores de producción no se utilizan en el proceso productivo. Aunque técnicamente cualquiera de los factores puede estar desempleado, el concepto se utiliza comúnmente para referirse a la mano de obra desocupada. existente. Para 1963, todavía un 46% de las familias puertorriqueñas vivían en condiciones de pobreza, y el desempleo se mantuvo sobre el 10% en todo el periodo de 1947- 1963.

A pesar de la evidente ventaja de este tipo de industria para absorber un segmento significativo de trabajadores no-calificados —muchos de ellos eran trabajadores que emigraron del campo a la ciudad buscando oportunidades de empleo o mejores ingresos— y de los esfuerzos del Gobierno por garantizar condiciones favorables y necesarias para captar la inversión extranjera, esta comenzó a poner de manifiesto sus debilidades. Debido a que eran industrias en las cuales se había invertido poco capital y que hacían uso intensivo de la mano de obra, eran muy movibles, lo que significaba que podían liquidar sus inversiones en caso de que se diera por terminada la exención y se fueran del país.

Esto, además, describe otra cualidad fundamental de las empresas que la Compañía de Fomento Industrial atrajo a Puerto Rico en los primeros años de la Operación Manos a la Obra, y es que estas empresas tenían muy pocos eslabonamientos con el resto de la economía del país. Por esta razón, al estas empresas estar mayormente desligadas de otras en la economía local y, por lo general, al ser subsidiarias de compañías integradas verticalmente cuya sede estaba en los Estados Unidos, Puerto Rico serviría como planta de ensamblaje que importaba la materia prima y reexportaba el producto terminado a Estados Unidos; lo que limitaba los beneficios de la isla, en la mayor parte de los casos, a los salarios pagados.






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