Gobierno / Soberanía del Estado
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El término soberanía, aunque estuvo proscrito en Puerto Rico durante varias generaciones a partir de la invasión de Estados Unidos en 1898 (excepto, por supuesto, entre los sectores nacionalistas-independentistas), regresó a la esfera pública en el último cuarto del siglo XX como parte del discurso de las contiendas electorales de los principales partidos políticos, particularmente en los sectores autonomistas. El aumento de las referencias al tema de la soberanía por parte de los autonomistas se debe a que estos comenzaron a percibir el reconocimiento del derecho natural a la soberanía de Puerto Rico por parte de Estados Unidos como imprescindible para poder erigir una relación realmente autonómica. El sector independentista, por su parte, insiste en que soberanía es sinónimo de independencia, mientras que la derecha conservadora (los sectores estadistas o integracionistas) utilizan esa misma línea argumental, en tanto les permite acusar a sus adversarios soberanistas-autonomistas de esconder una agenda separatista.

No obstante la presencia cotidiana del término soberanía hoy día, el diálogo partidista no ha tomado en cuenta la complejidad del concepto de soberanía en el contexto de la transformación histórica del Estado en el mundo moderno, sus implicaciones para la noción de ciudadano en el ordenamiento democrático y su centralidad para la reflexión teórica en torno a la naturaleza de lo político, incluyendo las estructuras de las relaciones hegemónicas (imperiales). Tampoco se suele tomar en cuenta, desafortunadamente, la experiencia histórica mundial, incluyendo la estadounidense, en cuanto al papel que juega el principio de múltiples soberanías o soberanías compartidas para la constitución de federaciones, confederaciones e instituciones internacionales y supranacionales. Y ha sido solo en tiempos recientes que se ha comenzado a relacionar la soberanía, poniendo énfasis en sus aspectos pragmáticos, con la prosperidad económica.

Interpretaciones de a la soberanía

Soberanía, en su acepción más elemental, se refiere al más alto nivel de autoridad política en una comunidad, por lo que se considera en la ética democrática como un derecho colectivo. Es decir, no existe poder alguno, al menos a nivel formal, que esté por encima del soberano, mientras que al mismo tiempo se acepta la constitución de un Estado soberano como un derecho natural de los pueblos. Pero el asunto no es simple; está dotado de una enorme complejidad, tanto en sus aspectos teóricos como prácticos (políticos), por lo que ha sido objeto de estudio y reflexión en todo el mundo por mucho tiempo, generando una amplia literatura histórica y teórica, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. En esos años se aceleró, por consenso internacional, la expansión global de los principios democráticos y el desmantelamiento formal de los imperios territoriales tradicionales. Como parte de ese proceso histórico de descolonización, se creó en 1947 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con la encomienda, entre otras, de establecer pautas para hacer valer las soberanías naturales de aquellos territorios (pueblos o comunidades) que hasta entonces habían estado sujetos al control político y administrativo de los imperios occidentales.

Desde el ámbito de la teoría política, es común referirse indistintamente a tres tipos de soberanías: soberanía del individuo (ciudadano), soberanía del pueblo (nación) y soberanía del Estado (política). Por lo que cabe preguntar si hay contradicciones insalvables entre ellas y cuál es la más relevante para la vida política de los países. Parece ser que en la época moderna, el más pertinente es la soberanía del Estado porque es en el Estado donde reside y se incorpora formalmente la soberanía popular (nacional) e individual (ciudadana). El Estado nacional, en otras palabras, es la unidad fundamental de la vida política moderna. Por eso se percibe al planeta como una comunidad de naciones y no una comunidad de pueblos ni de personas. El Estado-nación es la única institución política en la cual se incorpora la soberanía nacional del pueblo y los ciudadanos. En otras palabras, en el mundo moderno la soberanía del individuo y la soberanía del pueblo están subordinadas a la soberanía del Estado; dicho de otro modo, las distintas soberanías solo se conforman y se legitiman en el cuerpo del Estado. Nadie, ningún grupo, clase o individuo, está fuera del Estado y mucho menos por encima de él.






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