Gobierno / La cultura política de Puerto Rico
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La cultura política ha sido objeto de estudio para las ciencias políticas a partir de los años de 1950, debido a la proliferación mundial de regímenes democráticos, basados en los principios de participación ciudadana.

La cultura política es la forma en que la gente piensa y actúa con respecto al proceso político y sus instituciones. Esto significa que para conocer la cultura política de un país es fundamental, en primer lugar, saber cómo piensa la gente: cuáles son sus opiniones, actitudes, doctrinas y valores en torno al campo de la política. En segundo lugar, se deben considerar los hábitos de los ciudadanos en el campo de la acción política. Resulta imprescindible, por lo tanto, que no se privilegie el pensamiento político sobre el comportamiento político ni viceversa. Ambas dimensiones de la cultura política, la teórica y la práctica, merecen igual consideración. No obstante esta dimensión dual de la cultura política, no se deben ver las ideas como causa de la acción, ni el comportamiento político como causa del pensamiento político; aunque ciertamente existe un diálogo entre ellos, es decir, los pensamientos y las acciones políticas se influyen mutuamente.

Por otra parte, quizás más significativo aún, se debe tener claro que las formas de pensar y actuar en el campo político no funcionan en un vacío; están atadas a experiencias y circunstancias históricas y culturales particulares de cada país. Cada cultura política se manifiesta de manera diferente de sociedad en sociedad, al mostrar sus propias particularidades y crear sus propias instituciones. Se puede suponer que esto es debido a que la cultura política es única en cada país, aunque hayan pensamientos y acciones compartidas con sociedades cuyas historias políticas son parecidas. Partiendo de esta observación es que se puede afirmar que existe tal cosa como una cultura política puertorriqueña y que merece ser estudiada para entender la forma particular del puertorriqueño de organizar su vida democrática.

¿Qué dicen los estudios realizados sobre la cultura política puertorriqueña, sobre sus particularidades en cuanto a ideas y hábitos de acción política? ¿Cómo piensa y actúa la ciudadanía puertorriqueña con respecto a los procesos políticos que le ha tocado vivir? ¿De qué manera esta cultura política se diferencia de otras sociedades con formas de gobierno similares?

En Puerto Rico se han producido estudios que contribuyen al conocimiento de la cultura política puertorriqueña. Mediante la utilización de diferentes estrategias de investigación y a través del enfoque de múltiples dimensiones de la cultura política desde puntos de vista sociológicos, psicológicos y antropológicos, estos estudios coinciden en describir a un país con una personalidad política propia desde la cual el puertorriqueño afronta y aborda su realidad. A grandes rasgos, Puerto Rico se caracteriza por una participación amplia, especialmente electoral, de todos los sectores sociales. Al mismo tiempo, esta participación masiva se da, irónicamente, en un contexto institucional sobre el cual los puertorriqueños demuestran poca confianza. Por ejemplo, apoyan al régimen de los partidos políticos en el que, simultáneamente, dicen que no confían. No obstante, la evidencia empírica del importante papel que juega la lealtad partidista en la esfera pública apunta a que el voto está cada día está más marcado por la evaluación personal de los candidatos y por las consideraciones de continuidad familiar e intereses y vínculos personales, que por la confianza en los partidos. Por otro lado, los estudios presentan una sociedad matizada por actitudes populistas que perciben que la política públicapolítica pública: conjunto de leyes y medidas adoptadas por el gobierno para regular los asuntos que afectan a la ciudadanía. responde a intereses económicos corporativos más que al bienestar general, pero eso no evita que todos los sectores, incluso los más pobres, participen masivamente en las elecciones, mostrando una silueta demográfica en que predominan los viejos y las mujeres.

Pero mientras se valora la participación política electoral, se exhibe muy poca confianza en las otras formas de participación política directa que son comunes en otros países democráticos, tales como el derecho a petición, las iniciativas ciudadanas (comunitarias), la huelga o el boicot. La tradición autoritaria que atraviesa al puertorriqueño desde tiempos del Imperio español (y que luego fue privilegiada por las instituciones administrativas impuestas por Estados Unidos) explica, en parte, que le interese participar en la selección de sus gobernantes (mediante el voto), pero no en retar o cuestionar su autoridad una vez electos. Se piensa que un buen atributo de los gobernantes es, precisamente, su capacidad de imponer su autoridad sobre la vida política (e instituciones) del país.

Otra contradicción es que la cultura política en Puerto Rico está marcada por la tolerancia de la injusticia social (que contribuye a la violencia cotidiana y a la exclusión), mientras valora al mismo tiempo los derechos individuales y los servicios sociales que provee el Estado, tales como la educación, la salud, la vivienda, la seguridad y el trabajo. Esta valoración de las prácticas del estado de bienestar es típica de los países más pobres que ponen sus prioridades en la estabilidad de los servicios públicos de primera necesidad. Sin embargo, esta cultura política también muestra características propias de los países ricos, donde la tradición populista encumbra la movilidad social como herramienta eficaz para lograr acceso a la prosperidad individual. La aspiración de movilidad social, basada en actitudes individualistas, predispone a los puertorriqueños a acatar la autoridad establecida y debilita, de paso, la idea de la acción política directa como imperativo para crear un mundo más justo y solidario. Este movimiento pendular entre la dependencia de los servicios sociales del estado benefactor, por un lado, y la aspiración de movilidad social, por otro, crea confusión y contradicciones en la cultura política puertorriqueña. El efecto a corto y largo plazo de este perturbado e incierto panorama es difícil de predecir en cuanto a las tendencias de la afiliación partidista, el comportamiento electoral y las posibilidades reales de maduración democrática en el futuro desarrollo institucional de Puerto Rico.







Autor: Roberto Gándara Sánchez
Publicado: 11 de septiembre de 2014.

Version: 13010803 Rev. 1
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