CARIBE / Los nuevos campesinos: los ajustes en las sociedades posesclavistas del Caribe
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La producción de azúcar bajo el sistema de plantación fue la actividad económica que predominó en las colonias europeas del Caribe insular desde su introducción (en imitación del modelo implantado por los portugueses en Brasil) en el siglo XVI. El sistema culminó con la abolición de la esclavitud, y todos los imperios europeos abolieron la esclavitud a lo largo del siglo XIX.


En el contexto del Caribe, las luchas por la abolición de la esclavitud estuvieron desde sus inicios estrechamente ligadas (de forma casi inseparable) a las luchas por la independencia o anticoloniales, comenzando con la Revolución haitiana de 1803.

En el contexto específico del Caribe hispano, la zona se encontraba inmersa en un dilema: las divisiones entre esclavistas y esclavos a nivel interno, frente a la necesidad de unir estos dos bandos antagónicos en una lucha en común contra España. Las luchas por la independencia, por su parte, requerían que, una vez alcanzada la independencia, se construyera una identidad nacional unificada, que sirviera como base para la nueva nación. La fundación de la nueva nación requería, por tanto, de un acto de reconciliación entre los bandos antagónicos, que posibilitara el paso a un proyecto de futuro. Aunque Cuba y Puerto Rico permanecían como colonias a lo largo de casi todo el siglo XIX, los países de América Latina continental que habían alcanzado la independencia a principios de ese siglo proveyeron el modelo de reconciliación nacional que se implantaría en el Caribe una vez estos territorios también alcanzaran su independencia. El modelo estuvo basado en la figura del mestizo como síntesis racial de los diferentes grupos antagónicos.

Aunque los territorios de España en el Caribe no alcanzaron su independencia hasta pasados unos 90 años, en 1898, estos sin duda evidenciaran procesos de construcción de identidad nacional similares a los acontecidos en los países de habla hispana continentales durante gran parte del siglo XIX, también basados en la figura del mestizo. Una de las particularidades que adquirió la ideología del mestizaje en el Caribe fue que, mientras en los países continentales el mestizo resultaba de la fusión del español con el indígena, en el Caribe se añadió al negro africano como parte de la ecuación.

Por eso, muchos de estos territorios caribeños (aun los que no habían alcanzado su independencia) comenzaron a desarrollar proyectos de construcción de una identidad nacional en la que era indispensable (como no podía ser de otro modo) incorporar la herencia de la cultura africana. En las Antillas Mayores, las aportaciones de la cultura africana al imaginario nacional se concibió de manera tímida, y casi exclusivamente, como aportaciones a la música nacional. La excepción importante en este caso fue la República Dominicana, que a raíz de su lucha por la independencia de Haití, creó una identidad nacional en la que negó toda herencia africana. La región que hoy conocemos como la República Dominicana (que comparte, junto con Haití, la isla de La Española), permaneció como parte de Haití después de la Revolución haitiana de 1803, pero se vio involucrada en una guerra con el Estado haitiano que condujo a su independencia en 1844. En la guerra de 1844, los independentistas dominicanos intentaron conseguir apoyo de otras naciones europeas y de los Estados Unidos, bajo el argumento de que se trataba de una guerra de blancos contra negros, o de la civilización contra la barbarie. De esta experiencia emergió un imaginario nacional en el que el elemento africano presente en la isla se había depositado exclusivamente en Haití, y que la región que hoy conocemos como la República Dominicana estaba compuesta principalmente por mestizos, cuyo color de piel oscuro respondía a la herencia indígena taína, y no a la herencia africana. Este hecho llevó al historiador haitiano Jean Price-Mars a declarar que los independentistas dominicanos padecían de un “bovarismo colectivo” (“bovarismo” aquí hace referencia al personaje de Madame Bovary en la novela de Gustave Flaubert del mismo nombre), pues se habían creído que no eran negros.






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