CARIBE / La música del Caribe francés
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Sin duda, Martinica y Guadalupe han constituido el centro de actividad musical más importante para todas las antiguas colonias francesas en el Caribe, incluyendo a Haití. En un contexto amplio, se puede delimitar una subregión de influencia en la música criolla francesa, que comprenda Martinica y Guadalupe, Haití, Guyana francesa, así como también las islas de Dominica y Santa Lucia. Estas últimas dos islas, aunque parte de las colonias británicas (en la actualidad países independientes), evidencian una fuerte influencia de Martinica y Guadalupe dada su proximidad geográfica —Dominica está localizada al sur de Guadalupe y al norte de Martinica, justo entre las dos; Santa Lucía está localizada al sur de Martinica—.


La música popular de las Antillas francesas más conocida internacionalmente en la actualidad proviene de las islas de Martinica y Guadalupe: el zouk. Aunque se trata de un género musical de origen relativamente reciente (nació a finales de la década del 1970), el zouk tiene entre sus raíces y herencia histórica géneros tradicionales que le precedieron, y hunde su pasado remoto a tradiciones de la herencia musical de las poblaciones afrocaribeñas del siglo XIX, incluidas la mazurca, el vals y el quadrille, pero principalmente este último. El quadrille (o cuadrilla, en español), el baile de máscaras de las cortes de Napoleón en Francia, fue introducido a las islas francesas del Caribe a principios del siglo XIX. Los esclavos negros de las islas, a los que les estaba prohibido tocar sus tambores y bailar sus músicas nativas (bajo el argumento de que eran ritos paganos, de que los bailes eran eróticos, así como el argumento de que los tambores escondían un lenguaje secreto que les permitía la comunicación a largas distancias, y ayudaba a la comunicación en casos de rebeliones y revueltas de esclavos), aprendían sin embargo a tocar la música de la alta cultura francesa, dado que eran ellos los que amenizaban como músicos en las fiestas de los dueños de las plantaciones. Los esclavos entonces desarrollaron una versión burlesca del baile del quadrille, la cual bailaban en sus campamentos, y en la que se burlaban de la clase dominante que los oprimía. El quadrille criollo sigue siendo, hasta el día de hoy, un símbolo importante de la identidad afrocaribeña en las islas francesas, así como en las inglesas y holandesas. Y es en el quadrille que el zouk echó sus raíces más remotas.

Pero las influencias del zouk son mucho más amplias, y se le han atribuido influencias de varios otros géneros musicales, como del kompas y el cadence haitiano, del cadence-lypso de Dominica, del biguine y del gwo ka de Martinica y del bèlè (también conocido como tambour y ti bwa) de Guadalupe; así como del funk, del jazz, del rock y de la salsa cubana.

Tanto el gwo ka y el bèlè representan las dos tradiciones de música popular presentes en Martinica y Guadalupe a principios del siglo XX. Se trata de una música de fiesta o carnaval, en la que jugaban un papel central la percusión, y particularmente el tambour (tambor o conga de barril) y el ti bwa (un instrumento de percusión hecho de bambú, que se posiciona horizontalmente y se bate con palillos). A principios del siglo XX, y durante el vaval o carnaval, las bandas de música (conocidas como “agrupación de varios colores”) viajaban en carrozas por la isla, seguidas por una multitud de acompañantes (entre 50 y 100 personas) que bailaban al ritmo de su música. Cada banda de música se identificaba con una localidad, y tocaban un repertorio conocido como vidé de biguine (o simplemente vidé). El vidé de biguine se llevaba a cabo obedeciendo a una estructura de diálogo entre los cantantes y los danzantes, o en el que los cantantes cantaban un verso, y las audiencias respondían con otro verso. Los danzantes también contribuían a la música con instrumentos improvisados, o con cualquier cosa que hiciera ruido. En épocas más modernas, estos instrumentos improvisados están compuestos de plásticos de la plomería, de campanas, o de latas y botellas.

En cualquier caso, el tambour y el ti bwa (junto con el acordeón) son centrales también en las interpretaciones de variados géneros musicales que emergieron entre las poblaciones afrocaribeñas de Martinica y Guadalupe posteriores al gwo ka y el bèlè, incluidos el biguine y el chouval bwa, y más adelante el zouk.

El chouval bwa era un tipo de música tradicional de Martinica en el que se integraba la percusión con el acordeón y una flauta be bambú, y que era acompañado de un baile llamado manege (palabra que significa, literalmente, tiovivo). En lo que al concepto se refiere, se trataba de una criollización del francés “bois cheval” (literalmente, caballo de madera), que hacia referencia a los caballos de madera de los tiovivos.

Fue, sin embargo, el biguine (que se tocaba para la misma época que el chouval bwa) el género que alcanzó popularidad internacional durante las décadas del veinte y del treinta. Durante el periodo 1920-1950, la música biguine era la más bailada en los salones de baile de Martinica y Guadalupe. Al igual que ocurría con la popularización de la música latina en Nueva York (como por ejemplo con el mambo, el chachachá, etc.) para esa misma época, el biguine también se popularizó en París, y era la música de moda en los clubes de Montparnasse. La figura clave en la popularización del género fue el clarinetista Alexandre Stellio, quien emigró a París (de Martinica) en 1929, y cuya actividad musical eclipsó el biguine en el ambiente cultural de Francia. Lo que distinguía al biguine de otros bailes caribeños de la época era la centralidad en la melodía, que venía marcada por el clarinete. Este último era secundado por toda otra serie de instrumentos modernos, como el violín, el chelo, la guitarra, el saxofón, el piano, los tambores, y la tradicional “chacha” (especie de maraca); y con las letras de las canciones en créole.






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