CARIBE / La música de Haití
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En 1697 el tratado de Ryswick concedió un tercio del territorio occidental de La Española a la Corona francesa. Luego del paso de la metrópolis, y bajo el nuevo nombre de Saint Domingue, la producción de azúcar jugó un rol protagónico en el desarrollo económico de la colonia, convirtiéndose inclusive en uno de los territorios más importantes y fructíferos económicamente de la Corona francesa durante el siglo XVIII. Este desarrollo económico marcó profundamente la constitución demográfica de la nueva adquisición francesa, exhibiendo una correlación directa con el establecimiento de la esclavitud africana en el territorio. Por ejemplo, la importación de esclavos incrementó dramáticamente durante los primeros treinta años de unos 3,000 a 47,000 y llegó a su punto máximo poco antes de estallar la primera revolución de esclavos exitosa con una cifra poblacional cercana a los 500,000 esclavos. La elite colonial francesa blanca, por su parte, ocupaba una ínfima fracción de la población. No obstante, ejercía, como en toda sociedad esclavista, un control férreo sobre las poblaciones subyugadas. Sin embargo, las divisiones sociorraciales no se escindían tan nítidamente. Además de estos dos extremos, habría que añadirles capas intermedias y pobres llamadas afranchi, así como los petit blancs. Los afranchi eran el resultado de las relaciones entre franceses blancos y madres negras quienes gozaban de beneficios legales y sociales negados al resto de la sociedad negra esclava.

Esta amalgama demográfica, en la cual la presencia africana jugó un papel preponderante, marcó el desarrollo cultural y musical de Saint Domingue —rebautizado como Haití luego del triunfo de la Revolución en 1804—. El sincretismo cultural común a toda la región del Caribe toma ribetes particulares en el desarrollo de un lenguaje único llamado kreyòl en el cual se permean influencias de varios idiomas africanos, el francés, el inglés y el español. Aunque el kreyòl o créole no obtuvo carta de presentación oficial hasta la década de los años ochenta, devino en lingua franca para la gran mayoría de la población empobrecida de Haití. En términos religiosos y musicales, y a tono con otras expresiones afrodiaspóricas como la santería en Cuba o el candomblé en Brasil, el vudú es la religión sincrética de mayor importancia e influencia en Haití. El vudú incluye una serie de complejos rituales en que la música es parte fundamental de su elaboración de acuerdo a particularidades geográficas y su función ritual. La música ritual se cierne al proceso de invocación de las deidades o iwas. Estas, además, se organizan por naciones africanas en las cuales diversas deidades se aglutinan en prácticas rituales, así el rada, petwo, el ibo y el congo presentan sus particularidades sincréticas. La música ritual de rada, por ejemplo, se compone de tres tambores principales llamados de menor a mayor tamaño como boula, segon y manman. Estos llevan un parche de cuero vacuno sujetado a un cuerpo de madera por medio de un sistema de cuñas. En los tambores utilizados para los rituales de petwo se utilizan dos tambores de madera cubiertos con cuero de chivo. En ambas naciones la música ritual funge como intermediario entre devotos e iwas.

El rara

En Haití, al igual que en otros países caribeños, se celebra el Carnaval durante la semana que precede al Miércoles de Cenizas y el comienzo de la Cuaresma. Sin embargo, a diferencia de otras naciones caribeñas, donde la celebración termina hasta la próxima temporada, en Haití comienza el rara, otra celebración que continúa durante todos los fines de semana de la Cuaresma alrededor de todo el país. El rara se celebra en las calles y consiste en bandas musicales y grupos de enmascarados bailando a los que se les unen espectadores a través de su trayectoria. En los recorridos, las bandas de rara se detienen y piden dinero a personas socialmente reconocidas. En gratificación, los reyes y reinas de estos colectivos exhiben sus mejores dotes de bailadores. Los instrumentos musicales de estas bandas son de preparación casera. El kone es una tipo de trompeta fabricada en zinc que puede llegar a medir sobre los tres pies, el vaksin es otro tipo de trompeta confeccionada por bambú. También se utiliza el tambou, un tambor cubierto de piel de animal y el graj, parecido al güiro dominicano. A estos se agregan instrumentos rudimentarios de diversas índoles como latas de refresco y botellas de cerveza.

Música popular

Durante el periodo colonial, la música bailable en Haití estuvo influenciada por la tradición europea y los ritmos europeos de la contradanza, la cuadrilla, el vals y la polca. En una síntesis caribeña los músicos criollos fueron adaptando estos ritmos a estructuras rítmicas y elementos neoafricanos hasta el surgimiento de nuevos ritmos, como es el caso del mereng o merengue. En sus comienzos, el merengue haitiano era un tipo de música bailable reservada para la clase alta. Esta música tiene una base rítmica de cinco notas muy parecida al cinquillo español. Generalmente los arreglos se escribían para piano e instrumentos de viento. Entre los compositores más reconocidos de merengue haitiano se encuentran Occide Jeanty, Ludovic Lamothe y Franck Lassegue.

Por otro lado, la misik twobadou estuvo fuertemente influenciada por la música del guajiro cubano debido por el gran número de trabajadores haitianos que emigraron a Cuba durante el periodo de la zafra. Además, las ondas radiales que procedían del oriente cubano también debieron influenciar en el desarrollo de esta auténtica música haitiana. Al igual que muchas agrupaciones de sones cubanos, el repertorio en Haití propende a describir las alegrías e infortunios de la vida del campesinado, por medio de merengs y konpas haitianos. Estos se caracterizan por ser grupos pequeños con un formato instrumental de guitarra, maracas, graj, tambor y la maniba.

A principios del siglo XX, y como una forma de resistencia a la influencia norteamericana en el país, la elite haitiana, temiendo la desaparición de su tradición musical debido a la asimilación, fue regresando a las raíces culturales, pero de corte religioso como los rituales del vudú. Compositores como Ludovic Lamothe, entre otros, introdujeron melodías inspiradas en rituales del vudú en arreglos para orquesta. El grupo más famoso de este movimiento conocido como vudú-jazz fue el Jazz des Jeunes. El estilo del grupo apelaba al pueblo haitiano en general ya que combinaba el folclore patrio, el ritmo y los movimientos corporales de los rituales del vudú.

En la década del cincuenta, el saxofonista Nemours Jean-Baptiste y su conjunto Ensemble aux Calebasses introdujeron el ritmo de konpa al pentagrama musical haitiano. Este estilo, el cual presenta influencias o prestaciones del merengue ripiao dominicano, se caracteriza por un tempo más pausado y el uso del doble sentido de contenido sexual. El konpa o kompa direct se convirtió en uno de los géneros musicales de mayor demanda en la escena musical local e internacional. Musicalmente puede notarse la influencia de otros ritmos caribeños como el calipso, el jazz norteamericano, el swing y más recientemente, el hip hop.

La variedad de la música ritualista y popular es palpable por la pluralidad de géneros nuevos que se consolidan en Haití. A los ya arriba mencionados es menester añadir el mini-djaz compa, el mizik rasin, el rap y el ragga, estos últimos marcados por la experiencia afrodiaspórica y los procesos de globalización.



Autor: Ileana Rivera Martínez
Publicado: 14 de mayo de 2012.

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