CARIBE / Arqueología, historia y el estudio de la resistencia en Brasil
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Las investigaciones arqueológicas de la esclavitud en Brasil comenzaron muy tarde, dado que en la arqueología dicho tema comienza a discutirse a finales del siglo XX. Esto porque la importancia de los modelos interpretativos de los Estados Unidos, en particular los que se refieren al dominio de modos de vida burgués, relegaron el estudio arqueológico de la esclavitud a una posición secundaria. Ante esta situación, y bajo las consideraciones de la investigación burguesa anglosajona, el esclavo era observado como un ser sin resistencia, sometido y humillado. 



Esta primera arqueología de estilo anglosajón, al momento de investigar no consideraba el carácter esclavista y aristócrata de la elite brasileña, pero tampoco tomaba en cuenta la resistencia de los esclavos. Es gracias a otras investigaciones, enfocadas más hacia las teorías sociales que reconocen las contradicciones y valoran lo específico de las relaciones patriarcales esclavistas, que el desarrollo de la arqueología esclavista brasileña se enfocó en el estudio de la resistencia, o en el estudio del cimarronaje.



Ante las investigaciones sobre el tema, los cimarrones del siglo XVII de Palmares fueron pronto considerados como el grupo más importante por ser el más numeroso y el que sobrevivió por más tiempo. La mayoría de estos esclavos, luego cimarrones, venían de áfrica, particularmente de los sectores bantú de Angola y del Congo. La historia de la intervención portuguesa en áfrica es larga considerando que ya para el 1491 una misión portuguesa había llegado a la corte del rey Nzinga Nkuwu, quien junto a muchos de sus compañeros se bautizó como cristiano. 



Los intereses esclavistas portugueses se dirigieron hacia el sur de áfrica, mayormente hacia Angola. Durante el siglo XVI, los negreros buscaban sus esclavos en la costa meridional y en los siglos siguientes, Angola estuvo condenada a producir esclavos para mano de obra. Mientras en el otro lado del Atlántico, en Brasil, los portugueses desarrollaron haciendas de caña de azúcar. En la década de 1570, ya había más de cincuenta molinos o ingenios en la colonia, y desde el 1548 algunos quince mil esclavos trabajando en ellas. No hay que olvidar que los indios nativos también fueron esclavizados, y que entre los siglos XVI y XVII ya se habían esclavizado a 350,000 indios. Así, las haciendas azucareras combinaron su mano de obra entre esclavos africanos y nativos.

Los cimarrones se establecieron en las áreas de la selva brasileña, a unos 75 kilómetros de la costa, a principios del siglo XVI. El cimarronaje continuó creciendo hasta la década del 1640, cuando los holandeses consideraron a Palmares (la región donde se asentaban los esclavos escapados) como “un serio peligro”. Bartholomeus Lintz describe al estado de Palmares como una región constituida por dos áreas principales: el pueblo capital, en la sierra de Barriga; y una aldea más pequeña en la orilla izquierda del río Gurumgumba. Diferentes estudios modernos se refieren al lugar como una comunidad compuesta de emigrantes, donde conviven africanos con indios, europeos y marginados en general. 



Después que los holandeses abandonaron Brasil, los portugueses entre 1654 y 1667 dirigieron muchas expediciones con la intención de atacar Palmares. Desde 1670 las autoridades desarrollaron una lucha sistemática contra la región. Con ataques casi anuales, intentaron acabar con Palmares entre 1679 y 1692, pero todos estos intentos fueron fallidos o débiles. Nada podía atentar efectivamente contra la independencia de Palmares. No fue hasta 1685, que el mercenario Domingos Jorge Velho fue contratado y utilizado por las autoridades portuguesas para atacar la comunidad. En febrero de 1694, después de 42 días de luchas, Palmares fue destruida, dejando como saldo cuatrocientos cimarrones muertos, y quinientos capturados y vendidos fuera de la región. Muchos rebeldes lograron huir, pero el 20 de noviembre de 1695 su rey fue capturado y muerto, encontrándose los esclavos en la obligación de obedecer y no desafiar más al sistema. 



En esos mismos tiempos de desgracia para los esclavos, en la década de 1670, la industria azucarera y por ende la economía de Brasil, comenzaron a tener problemas. El azúcar entró en un periodo de estancamiento y declive resultando en la baja de su precio y en el alza del precio de los esclavos. 



Sobre estos tiempos de esclavitud y cimarronaje, los documentos históricos refieren a la existencia de casas, calles, estatuas, depósitos y palacios en las comunidades identificadas como marginadas. También dan cuenta e inventario de sus cultivos entre los cuales se destacan el maíz, las judías, la patata, la caña de azúcar y el plátano. En 1671, Fernão Coutinho, documentó también la existencia de talleres de herrería y la producción de cerámica y madera. 



Se reconoce también, gracias a las investigaciones y documentos históricos, que los indios influyeron mucho en la supervivencia y el diario vivir de los cimarrones. Debido a la convivencia, tuvieron la oportunidad de compartir y aprender los unos de los otros. Se convirtieron en compañeros de miseria y dolor, pero también en compañeros de comercio. La tecnología y las herramientas de los indios fueron adoptadas y desarrolladas por los africanos cimarrones. 



El estudio arqueológico de Palmares ha sido útil para obtener evidencias sobre la resistencia y la lucha por la libertad de los esclavos. La arqueología histórica es la rama indicada para el estudio particular de Palmares, pues su cultura material puede ayudar a entender los aspectos desconocidos de la vida cultural y social del cimarrón. En 1991 se creó el Proyecto Arqueológico Palmares, por Charles E. Orser, Jr. y Pedro Paulo Funari con el objetivo del estudio del cimarrón. El trabajo de campo del Proyecto Arqueológico ha estado centrado en la sierra Barriga. En 1992 y 1993 se recolectaron 2,488 artefactos de catorce lugares, siendo el 19% de cerámica simple, el 4.5% de cerámica trabajada, el 1.3% de materiales líticos, el 0.6% de vidrio, el 0.1% de objetos de metal y 9.1% de otros materiales.

Gracias a estas investigaciones se conoce hoy día que el interior de Brasil estaba poblado por diferentes grupos étnicos, la mayoría de ellos hablantes de la lengua tupí, mientras que en las haciendas de la costa los propietarios mezclaban “negros de la tierra” (amerindios) y “negros de Guinea” (africanos), dándose así una mezcal de lenguas y a la vez una dificultad para la comunicación. Sin embargo, la mayoría de los habitantes de Palmares eran presumiblemente de origen africano. También se puede deducir de dichas investigaciones —tanto gracias a la presencia de cerámica de estilo amerindio como a las referencias en los documentos a nativos que mantuvieron buena relación con los cimarrones, y al hecho de que tres aldeas tuvieran nombres nativos—que los nativos también se aliaron a las fuerzas expedicionarias coloniales aportando así a la captura y muerte de los cimarrones.



Palmares no era un sitio de refugio, pero sí debía su crecimiento, supervivencia y destrucción final al importante rol que jugaba en el comercio entre la costa y el interior, lo que resultó en un constante flujo de gentes de diferentes regiones y nacionalidades. Los intereses mercantiles y Palmares se oponían a las pretensiones de dominio social de la nobleza y de los latifundistas precapitalistas que, al final, triunfaron sobre la región, sobre Portugal y sobre Brasil. 



Según el cuadro interpretativo de un estudioso del tema de apellido Rowlands, Palmares puede ser visto como un lugar en donde se enfatizó más la continuidad que el cambio, ya que su sociedad no estaba vinculada simplemente con grupos étnicos contemporáneos, como lo colonos, amerindios o africanos, sino que también estaba vinculada y constituida por practicas que se remontaban a la época romana (el colonialismo y el eurocentrismo). Palmares y su situación eran más de lo mismo.



La arqueología de lo social, en el caso de Palmares, demuestra que la búsqueda de una identidad específica del pueblo lleva al cuestionamiento de los usuales acercamientos estructuralistas que no consideran que las prácticas sociales son precisamente estructuradas por diseños culturales de significado. Aspectos aislados como los topónimos son incapaces de ofrecerle, o más bien de explicar, la identidad de Palmares, porque su comunidad fue producto de un intercambio constructor igual al que se da en todas las prácticas sociales. Podría decirse que Palmares es un microcosmos del Caribe, edificado sobre y bajo diferencias que en un punto lograron sintetizarse en algo común. 




Las posibilidades que ofrecen los estudios arqueológicos para la reconstrucción de la historia en el estudio de la esclavitud en Brasil podrían ser muchas, si no se vieran afectadas por lo limitado de las fuentes documentadas. El problema radica principalmente en la falta de documentación sobre variados aspectos, como por ejemplo, la forma de vida de los esclavos, su diario vivir en la comunidad, en la hacienda o en los palenques. Estos datos son de gran importancia al momento en que la ciencia arqueológica debe ofrecer una interpretación crítica sobre la historia o sobre alguna edad específica. 












Autor: Grupo Editorial
Publicado: 10 de mayo de 2012.

Version: 12050515 Rev. 1
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