CARIBE / Encomiendas y repartimientos en el Caribe insular
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Las Capitulaciones de Santa Fe del 17 de abril de 1492 le confirieron al almirante Cristóbal Colon una décima parte de todo lo descubierto o ganado en sus travesías interoceánicas, otorgándoles las restantes nueve partes de lo descubierto o ganado a los reyes católicos. No es de extrañar, entonces, que una de las motivaciones principales de la empresa colonizadora en América fuera el enriquecimiento de los reyes católicos y de todos aquellos involucrados en la conquista. La primicia de la usurpación de los recursos naturales y humanos se desató en el Caribe insular, ensayándose principalmente en los territorios recién descubiertos de La Española, Cuba y Puerto Rico.

En la isla que Colón hizo llamar La Española se fundó La Isabela: el primer asentamiento Español en el Caribe y América. Las condiciones de trabajo, la pobre alimentación y la distribución del trabajo en La Isabela pronto fueron ejes de controversias y disidencias entre los pobladores en el recién territorio conquistado. Entre 1494 y 1495, Colón sofocó varias sublevaciones de españoles e indios descontentos por las paupérrimas condiciones. En 1496, y pese a los infortunios suscitados durante estos primeros años, Colon partió de regreso a España en búsqueda de nuevos auspicios y hombres aptos para su empresa colonizadora. Atrás dejó una estela de pobreza y desesperación entre los españoles e indígenas. El desasosiego llevo a tal extremo que Francisco Roldán encabezó una rebelión contra los hermanos Bartolomé y Diego Colón, quienes administraban el territorio en ausencia del almirante Colón. La Isabela quedó súbitamente despoblada luego de que los españoles e indios rebeldes se asentaran cerca de las poblaciones indígenas que les pudieran proporcionar los alimentos necesarios para su subsistencia.

La sublevación de Roldán en La Española y las desavenencias en la administración del descubridor y su familia, instó a la Corona a destituir al almirante y a trasplantar hacia América la antigua institución de la encomienda —institución muy popular durante el periodo de la Reconquista— con el fin de aplacar los reclamos de los primeros asentadores. De forma similar a las encomiendas que se desarrollaron en la península ibérica, las tierras conquistadas eran repartidas en usufructo a los cristianos y, en el caso de los territorios del Caribe, se repartieron los indígenas para que fueran utilizados como siervos. Las encomiendas y las reparticiones de los indios constituyeron las primeras formas de esclavitud no oficial en el Caribe insular. Las poblaciones nativas de las islas de La Española, Cuba y Puerto Rico fueron sometidas desde el comienzo de la colonización al trabajo forzoso en la búsqueda de yacimientos auríferos, obras públicas y otras faenas agrarias.

Luego de un corto periodo bajo el mando del comendador de la Orden Militar de Calatrava, Francisco de Bobadilla, la Corona nombró en 1501 a Nicolás de Ovando con el encargo de organizar al Gobierno colonial de la isla. Ovando atinó en su encargo y pudo restablecer el orden colonial en La Española, no sin antes satisfacer las demandas de los primeros hombres y de aquellos que vinieron con él a través de la repartición de tierras y encomiendas de indios para trabajarlas. Las encomiendas no fueron una forma institucional legal de esclavitud en América. Sin embargo, la legislación concerniente al trato de las poblaciones indígenas intentaron tímidamente de controlar el maltrato que se les daba a los indios a través de medidas en la cuales especificaban las responsabilidades de vivienda, comida y vestimenta y, sobre todo, en lo referente al adoctrinamiento de los indios en el cristianismo. No empero, estas medidas fueron letra muerta y cedieron ante los grandes intereses económicos de la Corona. Así quedó confirmado por parte de la reina Isabel, en 1503, y por el rey Carlos V bajo las Leyes de BurgosBurgos: Provincia española, perteneciente a la comunidad autónoma de Castilla y León, situada al norte de la Península Ibérica. en 1512.

Una vez se estableció el orden colonial en La Española, los conquistadores no perdieron el mínimo tiempo en utilizar a sus indios encomendados para la extracción de oro de las riberas de los ríos de La Española, San Juan (Puerto Rico) y más tarde en la isla de Cuba. Los españoles se habían deslumbrado por los brillantes adornos de oro que utilizaban los caciques, y ante la esperanza de encontrar abundantes yacimientos del elemento acuífero dieron comienzo a una insaciable búsqueda de oro que pudiera satisfacer las necesidades fiscales de la Corona. La necesidad de una mano de obra continua fue pilar en esta nueva empresa por parte de los colonizadores. La colonización de Puerto Rico y Cuba, unos pocos años después, agudizó el deseo y el afán de enriquecimiento de los colonos. Tan pronto como en 1514, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, le comunicaba al emperador: “De aquí envié a calar la tierra y buscar dónde había oro”. Sin embargo, la mano de obra indígena escaseó pronto y fue necesario llevar a cabo expediciones para apresar indios de las islas Lucayas o de los temibles y mitificados caribes de las Antillas Menores, los cuales fueron considerados esclavos desde el 1503.

El oro extraído significó grandes sumas de dinero para la Corona. En 1503, de acuerdo a los estimados de Eric Williams, las ganancias sustraídas del Caribe fueron de 8,000 ducados, incrementándose en solo cinco años a 59,000 ducados. Ya para el 1518, un año antes del comienzo de la conquista de México por Hernán Cortés, el fisco real recibió 120,000 ducados. Este frenesí inicial se desvaneció prontamente al la Corona percatarse de la insignificante cantidad de oro disponible en las Antillas en comparación con los yacimientos continentales de México y Perú. No obstante, este periodo inicial fue fundacional para la organización política y económica de la Corona en América.

Las encomiendas y su impacto demográfico en la población de las Antillas

Esta necesidad imperiosa de mano de obra reverberó en la disminución de la población nativa de los territorios conquistados. Las reparticiones de 1513 en Puerto Rico y Cuba y las reparticiones en 1514 en La Española demuestran, además, el afianzamiento de las relaciones de poder que se establecieron, primero en el Caribe, y luego en el resto de la América “descubierta” por los españoles.

El sistema de encomiendas, por otro lado, representó el dislocamiento de la organización política y el desmembramiento social de las comunidades indígenas originarias del Caribe en el momento del contacto con los europeos. De acuerdo con el repartimiento de La Española, en 1514 los colonizadores dividían a los indígenas en indios de servicio y naborías. Los indios de servicio, según el historiador dominicano Frank Moya Pons, eran miembros originales bajo la tutela directa de un cacique. Los naborías, por otra parte, prestaban sus servicios en faenas domesticas y agrícolas a los caciques y nitaínos y, consiguientemente, prestaron sus servicios directamente a sus encomenderos. A los indios que sus comunidades fueron totalmente destruidas les llamaron indios allegados. Conforme a las investigaciones hechas por Moya Pons, en 1514 en La Española se repartieron 26,334 indios entre 743 españoles de los cuales 15,098 eran indios de servicio y 7,016 eran naborías. Unos años más tarde, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, repartió 2,781 indios a 19 encomenderos.

Las pobres condiciones y las largas horas de trabajo de los indios encomendados impactaron negativamente la población indígena de las islas. Fray Bartolomé de las Casas atestiguó estas condiciones en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias en 1552, y nos indica que: “la causa por que han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días”. La correlación entre la pérdida de vidas indígenas y las actividades mineras son evidentes en el caso de La Española. La repartición de indios de 1514 se concentró principalmente en los pueblos mineros de Concepción, Santiago, Buenaventura y Santo Domingo en los cuales fueron encomendados 15,074 indios de los 26,334 repartidos.

Moya Pons estima que en La Española había cerca de 400 almas para el 1492. Esta cifra contrasta significativamente con los 11,000 indios encomendados en 1519, solo cinco años del repartimiento de 1514. Si bien estas cifras muestran la desaparición de las comunidades indígenas durante los primeros años de la colonización a consecuencia de las atrocidades que padecieron estos durante el ciclo minero, las epidemias —como la desatada en diciembre de 1518— también fueron responsables por la merma en la población nativa.

Las encomiendas constituyeron una fuerza de trabajo coercitiva —no de esclavitud según la jurisprudencia española de la época— en la cual miles de indios fueron forzados a prestar sus servicios, principalmente en la extracción de oro en las riberas de los ríos de los territorios conquistados. El súbito enriquecimiento de la Corona y de una pequeña elite recién formada se derruyó ante la escasez del aurífero, la disminución de la mano de obra y las nuevas oportunidades de enriquecimiento en tierra firme. Las pocas oportunidades de ganancias en la extracción de oro dieron paso a otras formas de explotación y esclavitud en el Caribe. Del oro se pasó a la cría de ganado y, posteriormente, a la producción de productos agrícolas para la exportación. La virtual desaparición de la población indígena, por su parte, consolidó uno de los capítulos más nefastos de la humanidad: la esclavitud negra en América.



Autor: Hugo R. Viera Vargas, Ph.D.
Publicado: 23 de agosto de 2013.

Version: 12031806 Rev. 1
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