CARIBE / Religión y política
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Las prácticas religiosas en el Caribe son muy diversas. En la República Dominicana, Puerto Rico, Jamaica, Antigua y Barbuda, Santa Lucía, las Islas Caimán, Dominica, las Antillas Holandesas, y en los países de Centro y Sudamérica, el catolicismo es la religión dominante. Pero el anglicanismo es ampliamente practicado en las antiguas colonias británicas; y diferentes religiones protestantes también son ampliamente practicadas. Tomadas todas estas religiones cristianas del mundo, América Latina y el Caribe es la región del mundo con mayor proporción de cristianos entre su población, sobre un 90 por ciento. Fuera de las religiones estrictamente cristianas, también se practica el hinduismo en islas como Trinidad y Tobago, el judaísmo es casi todas las islas, así como religiones sincréticas (mezcla de creencias provenientes de religiones africanas y cristianas) entre la población negra, como los son la santería en Cuba y Puerto Rico o el vudú en Haití. Se calcula que una gran parte (según algunos, hasta el 70%) de la población cubana practica una forma u otra de santería. Finalmente, podemos encontrar también movimientos de tipo religiosos, como lo es el rastafarismo en Jamaica.

Por su carácter y sus orígenes reformistas, las Iglesias protestantes (particularmente las Iglesias evangélica y metodista en las antiguas colonias británicas y la Iglesia moraviana en las antiguas colonias holandesas y Jamaica) fueron las que más conflicto encontraron con las autoridades políticas durante la época de la esclavitud, dada la tendencia de estas a predicar a las poblaciones de esclavos. Muchos de los dueños de las plantaciones consideraban las enseñanzas cristianas que les impartían estas iglesias a sus feligreses esclavos como subversivas. En la isla de San Eustaquio un dueño de plantación escribía en 1793 que “si el Parlamento británico, en su inmensa sabiduría, hubiera prohibido la exportación de predicadores metodistas a las Indias Occidentales, miles de esos pobres y desdichados crédulos estarían ahora en la tierra de los vivos que han muerto aterrorizados por las ideas del fuego infernal y llamas”. Las enseñanzas de la Iglesia bautista sobre la libertad de los esclavos fueron las causantes de una rebelión de esclavos en masa conocida como la guerra bautista (Baptist War) en 1831, y en la que fueron ejecutados 300 esclavos rebeldes.

Algunos autores también han argumentado sobre la estrecha relación entre las religiones cristianas y aquellas tendencias políticas tan ampliamente extendidas por América Latina y el Caribe: el nacionalismo y el populismo. Más que ideologías políticas claramente situadas a lo largo de los ejes de derecha o izquierda, autoritarismo o democracia, los populismos y los nacionalismos agrupan a un conglomerado de movimientos políticos que buscan preservar una unidad orgánica prístina, usualmente de orden religioso o ético, ante la amenaza de las fuerzas externas que amenazan con destruirlos; todo ello bajo el ideal de que el pueblo toma primacía ante cualquier linaje o aristocracia. Esta amenaza externa se ha presentado en América Latina y el Caribe bajo varias semblanzas: el imperialismo estadounidense, el comunismo, el protestantismo, la masonería o la globalización, según los casos y las épocas. A pesar de otorgarle una primacía de la voluntad del pueblo, su talante antidemocrático (de clara herencia religiosa) proviene de las concepciones de sus líderes como cuasimesías. El populismo se suele expresar a través de una voz unívoca que no representa, sino que encarna a su pueblo, y al que se acepta como portavoz en el camino hacia la redención y la salvación.



Autor: Luis Galanes
Publicado: 24 de mayo de 2012.

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