CARIBE / Ensayo panorámico de economía
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El antropólogo Marshall Sahlins argumenta que, vista desde una perspectiva global, la historia económica del Caribe puede ser concebida como la historia de la obsesión de las culturas europeas por lo que él ha denominado como “drogas blandas” (soft drugs): principalmente café, tabaco y azúcar, pero particularmente la última. Y de hecho, luego de que finalizara la idea de construir una economía basada en la exportación de metales durante el periodo colonial temprano, gran parte de la historia económica del Caribe entre los siglos XVIII al XX está basada en la producción de dichas drogas blandas para consumo en mercados europeos. Quizás ningún otro negocio resulta más lucrativo que aquellos que encuentran mercados en los sociedades del mundo occidental, y ningún producto es capaz de alcanzar la demanda y rentabilidad en los mercados europeos como las llamadas drogas blandas. Lo mismo cabria decir, en el contexto actual, de las drogas duras (como por ejemplo la cocaína, la heroína), las cuales también son producidas principalmente en países en vías de desarrollo para satisfacer la demanda de consumidores en países desarrollados.

No obstante, la historia del Caribe también puede ser vista como una historia de experimentación, por parte de occidente, con modelos económicos nunca antes puestos en práctica. En este sentido, la zona del Caribe puede ser vista como el laboratorio naturalista por excelencia utilizado por los imperios coloniales occidentales para poner a prueba modos de producción y redistribución de bienes alternativos. Su condición geográfica de islas proveía las condiciones idóneas (un contexto contenido y reducido, donde las variables pueden ser más fácilmente controladas y manipuladas) para la experimentación con modelos nuevos de este tipo. El Caribe fue, por ejemplo, el laboratorio donde se puso a prueba el sistema de plantaciones de azúcar utilizando mano de obra esclava importada de áfrica. También fue, en épocas mas recientes, el laboratorio en el que por primera vez se pusieron a prueba los modelos de industrialización, modernización y eliminación de la pobreza más ambiciosos de la historia de la humanidad, en muchos casos marcados por un fuerte importe utópico. Muchos de estos proyectos, de hecho, estaban destinados a descubrir “milagros económicos” que luego pudieran ser importados a otras partes del mundo, y el carácter utópico de estos proyectos quizás no es independiente del utopismo subyacente a otros proyectos en la historia del Caribe de la época colonial temprana, como la búsqueda de la ciudad de El Dorado o de la fuente de la juventud. Se trataba, por tanto, de encontrar una modelo de producción que produjera la mayor cantidad de bienes posibles, al menos costo posible, y en el menor periodo de tiempo posible y, como no podía ser de otra manera, sin el problema de rebeliones de campesinos presente en los escenarios europeos. El Caribe, como ha argumentado el antropólogo norteamericano Sidney Mintz, ya era capitalista antes de que el mundo fuera capitalista, y ya era global [Mintz utiliza este término en un sentido económico, como sinónimo de globalización de los mercados o neoliberalismo] mucho antes de que el mundo fuera global.

El siglo XX está repleto de ejemplos de proyectos económicos puestos en práctica en el Caribe de forma experimental, y con la ambición de encontrar milagros económicos. Uno de estos proyectos se encuentra en las reformas económicas instauradas por Rexford Guy Tugwell en la isla de Puerto Rico durante el periodo posterior a la Gran Depresión del 1929. Las economías del Caribe habían sufrido de forma negativa el impacto económico de la depresión, y un gran sector de la población vivía subsumido en la pobreza, el desempleo y el subdesarrollo. El descontento social y la amenaza de revueltas de trabajadores (particularmente los cortadores de caña de azúcar) estaban a la orden del día. Con la llegada de la administración de Franklin D. Roosevelt, este creó el conocido Brain Trust compuesto por tres de los economistas más importantes de la nación: Rexford Tugwell, Raymond Moley y Adolph A. Berle, Jr.; quienes jugaron un papel instrumental en la creación e implantación del Nuevo Trato (New Deal) durante el periodo de 1931 al 1936. Posteriormente, Tugwell fue nombrado gobernador de Puerto Rico, puesto que ocupó desde el 1941 al 1946. Durante este periodo, Tugwell se encontró con un territorio subsumido en la pobreza y el desempleo. Tugwell era un economista liberal, reformista, y sin duda el miembro más radical del llamado Brain Trust de Roosevelt. En varias ocasiones fue acusado de “socialista”, pues creía en la intervención del Estado para contener los excesos del capitalismo sobre la masa de trabajadores, y su ideología como experto en economía agrícola no estaba desligada de su preocupación por el campesinado y la clase trabajadora, y por la pobreza y el subdesarrollo en general. Inició así en Puerto Rico uno de los proyectos de modernización de un país subdesarrollado más ambiciosos de los hasta entonces conocidos, y cuya influencia estratégica se dejaría sentir por toda la región. En su visión de reforma económica para Puerto Rico el asunto de la tenencia y distribución de tierras, y de una reforma agrícola, jugaban un papel central. De hecho, Tugwell ya había visitado a Puerto Rico antes de su entrada como gobernador, en 1934, como representante del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos para implantar unas reformas económicas que incluían la famosa “Ley de los 500 acres”, la cual limitaba la cantidad de tierra que podían poseer como propiedad privada los individuos particulares.

En cualquier caso, las políticas de Tugwell verían una continuidad en las administraciones posteriores a su salida como gobernador de Puerto Rico, y muchas de ellas informarían el gran proyecto de reforma económica bajo la administración del primer gobernador de Puerto Rico democráticamente electo, Luis Muñoz Marín, una serie de iniciativas colectivamente conocidas como Operación Manos a la Obra. Se trataba, en este último caso, de un intento por efectuar una transición de una economía basada en la agricultura a una basada en la manufactura, o en industrias como la aguja, atuneras, farmacéuticas e industrias de tecnología, con el fin de dar empleo a esa población obrera desempleada y susceptible a rebelarse.


Durante el periodo de Tugwell y de Manos a la Obra, se solía hablar de Puerto Rico como un milagro económico, que debía servir de modelo para otras naciones subdesarrolladas, pero tanto en Puerto Rico como en el resto de los países caribeños la pobreza y el descontento social persistían. Y sería precisamente esta pobreza y ese descontento social lo que motivarían el inicio de otro de los proyectos económicos más ambiciosos y utópicos de la historia de la región: la Revolución cubana del 1959.

La persistencia prolongada del Gobierno comunista en la isla tuvo como efecto que la zona caribeña se transformara en los años posteriores a la Revolución cubana en el campo de experimentación en el que se dirimirían los grandes debates ideológicos/económicos entre la izquierda y la derecha, o el socialismo y el capitalismo. Con la presencia en un espacio tan reducido como el de Puerto Rico y Cuba –el primero, un territorio no incorporado de los Estados Unidos, el país más capitalista del mundo; el último, el país con mayor intervención del Estado en asuntos económicos del mundo–, resultaba casi inevitable que la lucha ideológica se extendiera a lo largo y ancho de toda la región caribeña, y hasta el presente. Estas luchas ideológicas, además de los proyectos experimentales y utópicos que produce, también dejan un rastro inconfundible en la literatura académica relacionada con los temas económicos, producida por científicos sociales y economistas, y son motivo de teorización y de generación de conceptos, teorías, modelos nuevos y escuelas de pensamiento. El Caribe se transformo así en el lugar desde donde emergerían muchos de los grandes debates económicos del siglo XX. Fue en el contexto del Caribe que la economista Kari Polanyi Levitt condujo sus estudios sobre desarrollo e industrialización en la década del sesenta. Fue también en el contexto del Caribe que el sociólogo norteamericano Oscar Lewis desarrolló su teoría de una “cultura de la pobreza”, un estudio sobre los patrones culturales que condicionaban el comportamiento económico de los sujetos caribeños. Cuando las condiciones de pobreza y desempleo se extienden por largos periodos de tiempo, argumentaba Lewis, los comportamientos antitrabajo de los sujetos desempleados se asientan en la cultura, desde donde luego son trasmitidos de generación en generación. Por tanto, según la teoría de Lewis, los comportamientos antitrabajo, y la “cultura de la pobreza”, continuarán presentes en la población aun después de que las condiciones estructurales que causaban el desempleo desaparezcan. Más aún, el Caribe también ha sido el contexto en el que se han desarrollado múltiples estudios antropológicos sobre el comportamiento económico de las poblaciones descendientes de esclavos y del campesinado en general. Fue en el Caribe donde los antropólogos Julian Steward, Eric Wolf y Sidney Mintz introdujeron la perspectiva de la economía política al debate antropológico, y donde Mintz desarrolló su teoría del “conglomerado corporativo de tierra-y-factoría”. También fue donde el antropólogo Lambros Comitas desarrolló su teoría de la “multiplicidad ocupacional”. Ambos conceptos, los de Mintz y Comitas, están destinados a documentar la formas híbridas de participación laboral y política que asumían las comunidades de campesinos en la transición de modos de producción precapitalistas a capitalistas.























































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