CARIBE / Manejo colaborativo y comunitario de los recursos naturales del Caribe
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Desde la década de los ochenta se ha visto un aumento de en la integración de las comunidades y de la sociedad civil en los procesos de planificación ambiental y el manejo de los recursos naturales en del mundo entero. A estas experiencias se les llama usualmente manejo comunitario, participativo o compartido (comanejo) de recursos. En el comanejo, se comparte la autoridad y la responsabilidad sobre el manejo de los recursos naturales entre el gobierno y las comunidades locales. Pomeroy identifica tres niveles o grados de comanejo, con menor a mayor participación de las comunidades. El consultativo, la forma más común, implica que las comunidades son consultadas antes de las decisiones. El colaborativo implica una asociación (partnership) para colaborar entre el Gobierno y los participantes locales. El delegado incluye el manejo comunitario e implica el control casi absoluto de la toma de decisiones por parte de la comunidad. Pocos casos en el Caribe parecen estar a este nivel, aunque este modelo es común en otras partes del mundo, como en el manejo comunitario de los bosques en México. 



El interés por la participación comunitaria ha surgido luego de décadas en que se pensaba que las únicas alternativas viables para el manejo de los recursos naturales eran a través del control total estatal o gubernamental (como por ejemplo, a través de áreas naturales protegidas marinas y de bosques) o la privatización. Varios procesos han contribuido al cambio de perspectiva. Por un lado, se ha ido acumulando cada vez más evidencia de casos de comunidades que manejan los recursos naturales comunes de forma sustentable, además de tener otros beneficios sociales y económicos. Elinor Ostrom, premio Nobel de Economía en 2009, fue pionera en este campo. También se fue acumulando evidencia de los impactos negativos de la privatización y la nacionalización de recursos naturales tanto en la sustentabilidad ecológica como en la dimensión social y económica.

Experiencias de manejo comunitario y de comanejo en el Caribe



La región del Caribe contiene una amplia gama de recursos naturales y culturales de importancia global. Lamentablemente, el discurso dominante del desarrollo en la región, enfocado en agricultura para exportación, industria, turismo, etc., ignora a los recursos naturales y a los usuarios locales de estos, pues se asume que tienen una contribución mínima al desarrollo de las islas. No obstante, los fracasos de las áreas naturales protegidas para lograr sus objetivos de conservación, los impactos negativos que han tenido dichas áreas en los habitantes locales y los conflictos que han generado o exacerbado —como en el caso de la reserva natural Los Haitises de la República Dominicana—, han llevado a la adopción de modelos más participativos en el manejo de los recursos naturales en distintos ámbitos. Estas experiencias han sido apoyadas por organizaciones regionales e internacionales tales como el Instituto Caribeño de Recursos Naturales (CANARI, por sus siglas en inglés, http://www.canari.org/), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), y la Organización de Estados Caribeños Orientales.

Recursos marinos y costeros

En el ámbito marino y costero, un caso importante es el de la organización comunitaria Nature Seekers en Matura, Trinidad. Esta organización surgió en los años noventa luego de una iniciativa del Gobierno de integrar a la comunidad en la protección de las tortugas marinas del área, que eran en ese entonces cazadas para alimento. Desde entonces, la organización ha detenido exitosamente la caza de tortugas y a la vez ha desarrollado actividades de investigación, empresas comunitarias de turismo playero y de bosque, actividades de reforestación y un plan para un proyecto agroforestal orgánico.



También destaca el área de Manejo Marino de Soufriere en Santa Lucía. En este poblado, existía mucha competencia y conflicto por los recursos costeros y marinos entre pescadores, hoteleros y operadores de deportes acuáticos. Además, el recurso pesquero había comenzado a decaer por la falta de manejo. Un proceso de consulta de 18 meses con la representación de estos grupos llevó a un acuerdo, esencialmente a una zonificación de usos, que sentó las bases para la creación del área de Manejo Marino. Luego de incluir a otros sectores que habían sido excluidos del proceso original, el área de manejo ha sido un éxito. Recientemente también se creó un Comité de Partes.



Otros casos documentados son las áreas Marinas Protegidas en el arrecife de coral de Belice (el parque nacional Caye y la reserva Gladden Spit) comanejadas por la ONG Amigos de la Naturaleza; el Comité Asesor de Pesca de Barbados; el Parque Natural Corales del Rosario y San Bernardo en Colombia; la zona costanera en la bahía de Samaná en República Dominicana y el archipiélago de Sabana-Camagüey en Cuba; la Reserva Marina de Folkestone en Barbados; el área protegida de Negril en Jamaica; y la pesquería de langosta en el poblado de Sauteurs en Granada. Algunos de estos proyectos se han transformado en empresas comunitarias que no solo protegen los recursos, sino que generan empleo e ingresos y promueven la educación ambiental.

Bosques

Entre las experiencias de comanejo de bosques que destacan está la de la comunidad de Cabeza de Toro en el Bosque Seco de la República Dominicana. Esta comunidad por mucho tiempo ha dependido del Bosque Seco para conseguir madera, carbón y otros productos que le sirven de suplemento de sus ingresos de agricultura. En 1975, el Gobierno declaró la zona como un área de producción de carbón, lo cual generó mucha deforestación por personas ajenas al área. Con la ayuda de un instituto de planificación regional y la Agencia Alemana de Cooperación Técnica (GTZ, por sus siglas en alemán), la comunidad estableció un Comité para la Protección del Bosque Seco y un grupo de voluntarios para educar a la comunidad y a los cortadores de madera y productores de carbón. Llegaron a un acuerdo con el Gobierno por el cual el Comité se encarga de seleccionar a los vigilantes, controlar la corta de madera, y transportar y manejar el servicio de transporte de los productos del bosque; el Gobierno les paga a los vigilantes. Esta experiencia motivó la formación de 31 organizaciones similares en otras comunidades de la región, hoy unidas en la Federación de Productores del Bosque Seco. 



Entre los casos de Puerto Rico, destaca Casa Pueblo, el cual es reconocido internacionalmente como ejemplo exitoso de manejo comunitario de bosques. La organización comenzó en los años ochenta como un movimiento de lucha contra una propuesta de minería a cielo abierto en la cordillera Central de la isla. A partir del éxito de esa lucha, la organización se reenfocó hacia promover la autosuficiencia comunitaria y la organización comunitaria, y hacia la protección de los recursos culturales y ecológicos de la región. Hoy en día, a través de proyectos de autogestión comunitaria, la organización promueve la cultura local, la educación ambiental, la ciencia y la investigación, el ecoturismo y empresas comunitarias. A la vez, Casa Pueblo ha logrado influenciar la política forestal nacional fomentando la creación del Corredor Biológico de la Montaña. La organización tiene un acuerdo de comanejo para una parte del Corredor.

Otras experiencias documentadas incluyen proyectos de turismo en la naturaleza en Antigua y Barbados, Dominica, República Dominicana y en Trinidad y Tobago; participación en los procesos de diseño de políticas públicas como el caso de Dominica; proyectos de restauración o protección de ríos y cuencas hidrológicas como Water for Life en Granada, el Enfield/Fort Stewart Plant Nursery en Jamaica, el Fondes Amandes Community Reforestation Project (FACRP) en Santa Lucía, el Talvern Riverbank Rehabilitation Project en Santa Lucía; participación local en el manejo de los parques y las reservas nacionales de Haití, Jamaica, y Cuba; y el manejo de los manglares y la prevención-remediación de los incendios forestales en Santa Lucía.



Estas experiencias han generado importantes beneficios. En la dimensión ambiental, algunas han logrado controlar la sobreexplotación de los recursos. En la económica, se ha mejorado la seguridad de sustento de personas que dependen de estos recursos, y en algunos casos se han generado empleos. 


Conclusión: el éxito del manejo comunitario de los recursos naturales



Si bien la evidencia demuestra que el manejo comunitario de los recursos es una alternativa viable, este no puede verse como una panacea para solucionar todos los problemas del manejo de los recursos. El éxito de este sistema no es automático y depende de muchos factores internos y externos a las comunidades.



En el Caribe, los análisis previos han concluido que los proyectos exitosos requieren de políticas públicas que apoyen el comanejo pero no fomenten la dependencia. Además, también hace falta la inclusión de todas las partes interesadas y el respeto a los objetivos de todas; una membresía bien definida y una definición clara de sus responsabilidades y derechos; el reconocimiento colectivo de la existencia del problema (sobreexplotación del recurso); objetivos claros para el manejo del recurso; beneficios claros y proporcionales a la contribución de cada parte; reglas claras para el manejo; mecanismos para el diálogo y la resolución de conflictos; liderazgo comprometido y sostenido; y la participación de organizaciones no gubernamentales (ONGs) como agentes de cambio. 



A la vez, se observan limitaciones para el desarrollo del comanejo, como la falta de recursos, actitudes negativas hacia el comanejo, políticas que tienden a mantener la centralización del poder en el Gobierno, la falta de capacidades en las comunidades, y su dependencia económica en el Gobierno. Para superar estas barreras, será necesaria la movilización colectiva de la sociedad civil, la búsqueda de apoyos económicos y organizativos fuera de las esferas del gobierno, y la diseminación de las experiencias de comanejo que muestren los impactos positivos de este modelo.















Autor: Gustavo García Lápez
Publicado: 20 de marzo de 2012.

Version: 12031024 Rev. 1
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