CARIBE / Amenazas a la seguridad social y nacional: la internacionalización de la corrupción y la violencia
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Droga incautada.

En el Caribe surgieron ciertos cambios importantes luego del fin de la Guerra Fría. Para los años noventa ya en la literatura regional se reflejaba el desvío de las preocupaciones nacionales y se comienza a mostrar un mayor interés por ciertas situaciones y amenazas de carácter económico, dejando a un lado el interés por las situaciones políticas (comunismo). Se trataba de las serias amenazas a la democracia y a la seguridad nacional que comenzó a padecer la región. Prácticas ilegales y criminales como el narcotráfico, el trasiego de armas, el lavado de dinero y la corrupción bancaria son la orden del día en países caribeños como Colombia, Venezuela, República Dominicana y Antigua. La amenaza fue y es tal, que países como las Bahamas y Trinidad y Tobago hasta cierto punto olvidaron el estatismo centralizado (precepto absoluto que se sigue bajo la concepción de que cada nación es capaz de manejar sus situaciones gubernamentales, políticas y legales dentro de su territorio sin interferencia extranjera) y buscaron ayuda fuera de sus fronteras. 



Bajo el Gobierno de Hubert Ingraham, las Bahamas estableció una comisión para la investigación de las prácticas corruptas ocurridas durante el Gobierno del Partido Liberal Progresista. Esta comisión contó con la ayuda de un juez de las Bermudas nacido en Jamaica y con la colaboración directa de Scotland Yard de Gran Bretaña, el FBI de Estados Unidos y la Real Policía Montada canadiense. En el caso de Trinidad y Tobago, la corrupción era de tal magnitud que para marzo de 1992 el asistente al comisionado de la Policía, Rodwell Murray, hizo declaraciones públicas sobre los motivos de su despido, alegando que se debió a su negación a cooperar con una red interna de narcotráfico. En abril del mismo año, el Gobierno nombró a un juez de la Corte de Apelaciones y a un pastor de la Iglesia adventista para establecer una comisión investigadora, pero ya para mayo, el primer ministro Manning anunció la incapacidad del país de manejar la crisis de corrupción y solicitó ayuda a Scotland Yard y a una oficina de la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés). De esta manera, descubrieron la operación de un cartel de drogas que había estado vigente desde 1984.

Ya para 1992 la corrupción era imparable en toda la región, engendrando violencia e incredulidad sobre la capacidad de las autoridades para manejar el problema con efectividad al requerir de mayor ayuda extranjera para solucionar o apaciguar parte de los problemas. Estas redes criminales, poco a poco establecidas, fueron creciendo grandes tentáculos a lo largo de la cuenca del Caribe. De esta forma, establecieron nexos con grandes y conocidas figuras claves dentro del crimen organizado como el colombiano Pablo Escobar y su Cartel de Medellín.

En la cuenca del Caribe siempre hubo y habrá un Estado soberano dispuesto a alojar a un criminal de esta calaña, facilitándole la concesión de asilo como fuente significativa de ingreso económico ilegal. Por ejemplo, el 75% de los criminales buscados por las agencias internacionales habían entrado o residido en Panamá alguna vez. Se trata, ahora y en aquel entonces, de un serio problema de corrupción globalizada-internacional, mediante el cual se llevan a cabo transacciones y negociaciones en distintas jurisdicciones. El gran problema radica en que son organizaciones criminales muy difíciles de rastrear debido a la jerarquización y a lo abarcador de los territorios implicados. Va más allá de la capacidad de control de cualquier Estado. Esto desemboca en lo que debe definirse como una nueva forma de corrupción que amenaza a la cuenca del Caribe. Se trata de la internacionalización de la corrupción con el mar como principal aliado y protagonista. El mar facilita el flujo comercial internacional, y con ayuda de la tecnología, la comunicación se hace inmensamente efectiva logrando así las transferencias económicas, entre otras cosas. El Caribe se convierte en puente para algunos y en barrera para otros; en puente para los corruptos y en barrera para las instituciones que tratan de rastrearlos y capturarlos, o sea, coloca el crimen más allá del alcance del Estado. 



Es importante reconocer que el narcotráfico contribuye a la corrupción igual que a su dispersión, y la siembra a tal profundidad que logra penetrar las figuras y elementos claves de los sectores públicos y privados. Para fines de la década de los setenta ya no se trataba de los peligros y amenazas después de la Guerra Fría y la rebeldía comunista, sino que se trataba de un gran problema de seguridad nacional que abarcaba factores y sectores que podrían hacer lucir la preocupación por la subversión comunista como banal o trivial. Las décadas de los setenta y los noventa fueron cruciales en propiciar la fertilidad del terreno para la corrupción tradicional y burocrática. Poco a poco fue cambiando el tipo de corrupción y la violencia, profundizándose más y arraigándose en sectores claves de la sociedad y el gobierno. Muchos de los Gobiernos de la cuenca del Caribe sucumbieron en practicas cuestionables por la presión de las masas emancipadas, las clases marginadas y la economía. El Gobierno se vio involucrado en un sinnúmero de negociaciones contractuales por lo que aumenta la posibilidad de incurrir en prácticas ilegales. A fines de los setenta las Antillas anglófonas habían experimentado una serie de sucesos alarmantes de carácter más variado que los producidos por las amenazas revolucionarias: motines urbanos, mercenarios, el golpe de Estado en Surinam, etc. No obstante, algunos gobernantes parecían no darse cuenta del peligro y la seriedad del problema. 



Para el 1976, Tom Adams de Barbados no reconocía el peligro, pero ya para el 1979 había establecido la Fuerza de Defensa de Barbados. En el caso de San Vicente, se reconoció en un momento dado que el dinero de cuentas bancarias americanas lavado en el extranjero en sucursales de sus propias instituciones bancarias era mayor a su presupuesto anual. Por otro lado, en Jamaica, en 1989, acabando de elegir a un nuevo Gobierno, Carl Stone admitió la gran amenaza de narcotráfico que enfrentaba su país. En enero del 1989 se descubrió en el puerto de Kingston un cargamento de armas alemanas valorado en 8 millones de dólares; caso que puede demostrar la magnitud y la expansión del problema criminal del Caribe. Estas armas fueron embarcadas en Portugal en un barco de Panamá con un destinatario colombiano. Otro caso que sentó precedente como muestra del gran problema de seguridad nacional fue el juicio del general cubano Arnaldo Ochoa junto a otros trece acusados, en el 1989. La acusación principal fue de narcotráfico y fueron sentenciados a muerte. Se trató del golpe más fuerte que pudo haber enfrentado ningún otro país de la cuenca del Caribe. Teniendo claro esto, lo más desagradablemente sorprendente es la gran posibilidad de la existencia de una unión entre el crimen organizado y las instituciones del Estado. Todos los caminos conducen a considerar esta posibilidad como real, dejando cada vez más sin esperanzas el poder garantizar la seguridad nacional. 



El mundo tuvo y tiene conocimiento de la gran amenaza que representa el narcotráfico y el terrorismo, además de que tiene claro sus devastadoras consecuencias y sus capacidades para corromper la sociedad y el Estado. Ya para 1987, la Naciones Unidas tenía el anteproyecto para la Convención Contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y de Sustancias Psicotrópicas, se trataba de un pacto multinacional diseñado para la efectividad de las autoridades en contra del tráfico ilegal de drogas con siete campos a trabajar. A pesar de las intenciones, no se ha solucionado el problema ya que, entre otras cosas, también hay países que rehúsan la interferencia extranjera en sus políticas internas. 



El crimen y la corrupción existen desde que el mundo es mundo, pero se han ido intensificando a lo largo del tiempo. En lugares donde la tasa de criminalidad y corrupción era casi imperceptible, la corrupción tradicional así como el crimen organizado y el de cuello blanco se han apoderado de la sociedad y del sistema, amenazando y poniendo en alarma la seguridad nacional. El tema de la criminalidad ya forma parte de las campañas políticas de las pequeñas naciones caribeñas. Los líderes prometen en sus campañas luchar para disminuir la tasa de criminalidad. No todos lo logran y no todos luchan una vez son elegidos. El caso es que la meta debe ser combatir la corrupción y a aquellos que piensan que ella es beneficiosa y necesaria para el desarrollo. Y para lograr esto, necesariamente se requiere del apoyo internacional y el de los Estados Unidos debido a la magnitud y el alcance que tienen estas redes criminales.

























Autor: Grupo Editorial EPRL
Publicado: 23 de julio de 2012.

Version: 12031018 Rev. 1
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