CARIBE / Desarrollo intelectual y económico del Caribe antillano
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La transición de economías basadas en la agricultura a economías basadas en la manufactura e industria de servicio (turismo), así como la liberalización de los mercados mediante tratados de libre comercio (TLC, CARICOM, CBI, etc.), sirvieron para evidenciar la falta de capacitación y destrezas de amplios sectores de las poblaciones isleñas, y creó una gran masa de trabajadores no diestros, desempleados o subempleados, y de sectores altamente dependientes de las ayudas del estado de bienestar y de las remesas que provienen del extranjero. Esta situación se evidencia de manera particularmente aguda en las Antillas Mayores, cuya población conjunta representa aproximadamente un 80 por ciento de la población total del Caribe, y particularmente en Cuba y Haití, dos de los países más pobres del continente americano. Por esto, muchos economistas consideran que la inversión en recursos humanos (educación, capacitación, así como salud y nutrición) es un requisito indispensable para el crecimiento y desarrollo económico de la región caribeña.

Según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) de 2010 para la región de América Latina y el Caribe (ALC): “la enseñanza [en esta región] de la ciencia y la tecnología sigue sin figurar entre los temas prioritarios de los programas de educación, y más todavía, las políticas, planes de estudio, métodos y materiales pedagógicos en disciplinas científicas suelen ser obsoletos y poco interesantes para los alumnos y los maestros”. Además, la región de ALC confronta una paradoja: mientras que la expectativa mediana de años de escolarización en la región es comparable con la mediana del resto de los países de ingresos medios-altos en el mundo (13.6 años en ALC versus 13.5 en el resto de los países de ingresos medios-altos), el porcentaje de la fuerza laboral que tiene una educación secundaria o terciaria completada esta respectivamente en un 4 y un 8 por ciento por debajo de la media de esos mismo países. En cuanto a la educación terciaria, solo un 16% de la población posee una educación formal completada en ALC, lo cual compara desfavorablemente con un 24% para el resto de los países de ingresos medio-altos. 







Por otro lado, la ALC se mantiene como la región con la redistribución de ingresos menos equitativa del planeta. Por ello, cualquier intento de combatir la pobreza y el desempleo a través de la educación requerirá, además, un sistema de redistribución de ingresos más equitativo para la región. 






Más allá de la educación, la inserción de las economías caribeñas en la economía global —es decir, en una “economía del conocimiento”— requiere también de una inversión sustancial en actividades de investigación y desarrollo (I+D) y de tecnologías de la información y la comunicación (information and communications technology, o ICT por sus siglas en inglés). El principal insumo de cualquier actividad creativa, en especial aquellas que involucran tareas de investigación científica, desarrollo de nuevas tecnologías o implementación de innovaciones productivas es la disponibilidad de recursos humanos altamente cualificados. Sin embargo, Cuba es el único país caribeño-insular cuya inversión en actividades de I+D supera el 1% del producto interno bruto (PIB), (en ALC solo tres países invierten más del 1% de su PIB en actividades de I+D: Brasil, Cuba y Venezuela). Además, el 75% de toda la producción de conocimiento científico-tecnológico proviene de tres países: México, Brasil y Argentina. 























Autor: Luis Galanes
Publicado: 20 de marzo de 2012.

Version: 12031003 Rev. 1
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