CARIBE / La música en Puerto Rico
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
La música y las prácticas musicales de la isla de Puerto Rico se desarrollaron a partir de los complejos, dinámicos y desiguales procesos sociales que se generan como producto de la diversidad demográfica.

A la llegada de los conquistadores españoles, las prácticas musicales de los diferentes cacicazgos de la isla se relacionaban con los ciclos agrícolas y de vida. Para los tiempos de Juan Ponce de León, ya se había incorporado la voz areito para hacer referencia a una gran variedad de formas de celebración relacionadas con la música y la danza de los taínos. Posterior a la primera década del siglo XVI, el término se usaba para denominar cualquier actividad celebrada de este tipo, aunque no tuviera relación alguna a sus ciclos de vida y visión de mundo.

Los diferentes ritmos puertorriqueños son mayormente el producto de la influencia africana y europea. Su presencia en la música se debe a dos procesos complementarios. Mediante la colonización española, se introdujeron a la isla los ritmos europeos, tanto los eclesiásticos, como los festivos; los cantos de los sacerdotes se escuchaban en las misas y en las horas canónicas, así como también, el toque de vihuelas y atabales en las interpretaciones de zarabandas y cucurumbés.

El segundo proceso está vinculado al tráfico de esclavos, traídos a Puerto Rico desde las costas de áfrica occidental. La participación de los africanos en las expresiones musicales religiosas y las populares formaron parte de la cultura general de la isla. La coexistencia de bailes y músicas de africanos y afrodescendientes era una realidad social.

Mestizos como Domingo Andino y José Campeche representaron a una clase artesanal que se responsabilizó de la profesionalización de los músicos criollos durante todo el siglo XIX. Durante los siglos XIX y XX la sociedad puertorriqueña pasó por unos largos procesos de génesis y desarrollo de géneros musicales autóctonos. Géneros como la contradanza, la danza, el vals, la polca, la mazurca, las canciones criollas y las romanzas de serenatas urbanas encontraron un desarrollo auténticamente puertorriqueño a través de interpretes y músicos que van desde los músicos profesionales, formalmente entrenados, como Manuel Gregorio Tavárez y Juan Morel Campos, hasta músicos de barrio y tabaqueros que con sus guitarristas formaban dúos y tríos para cantar canciones criollas. La música popular como la de los aguinaldos, los seises, las cadenas, el caballo y el sandurro tienen un desarrollo dual como músicas urbanas y rurales y, en ocasiones, como formas mulatas de la música rural.

En los últimos cien años, la música puertorriqueña se ha visto dominada por el desarrollo paralelo de varios ritmos. Por un lado, el músico profesional, con entrenamiento musical formal, se fue diferenciando de aquellos que optaron por una tradición europea y americana de la música de concierto y, por el otro lado, se desarrolló una tradición musical popular, ligada a las orquestas de baile de salón.

La tradición musical que se extendió desde Arístides Chavier Arévalo y Amaury Veray, hasta nuestros días con Roberto Sierra es larga y abultada, y posee su propia historia de desarrollo incierto, y de un inusitado respaldo gubernamental desde el 1952 [es significativa la creación de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y el Conservatorio de Música de Puerto Rico].

En la música popular, coexisten músicos de alto rendimiento como Rafael Hernández Marín y Pedro Rivera Toledo, junto con músicos de un alto nivel de ejecución, educados informalmente, como un Tomás “Maso” Rivera, Víctor Guillermo “Yomo” Toro Vega y William Colón Zayas. La plena, la canción criolla (que transformó y enriqueció el bolero latinoamericano), la salsa, el rok ‘n roll criollo (desde la nueva ola hasta Fiel a la Vega), la nueva canción, el rap puertorriqueño y el reguetón ejemplifican los cambios radicales que han ocurrido en los procesos de génesis y desarrollo de músicas y prácticas musicales.

Cambios en la organización política y las formas de relaciones globales, y nuevos medios de generación y almacenamiento de sonido imponen nuevos modos autóctonos de creación musical. La intensificación en la migración y la inmigración apuntan a nuevos procesos de criollización y fertilización cruzada de las nuevas músicas puertorriqueñas.



Autor: Dr. Noel Allende Goitía
Publicado: 21 de febrero de 2012.

Version: 12020423 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?