CARIBE / La guerra hispano-cubano-americana, 1898
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La intervención de los Estados Unidos de Norteamérica en el conflicto armado entre Cuba y España en 1898 representa un hito en la historia del Caribe contemporáneo. Desde muy temprano en el siglo XIX, los Estados Unidos habían demostrado un gran interés por la región de América Latina y en especial por la adquisición de la isla de Cuba. La doctrina Monroe, proclamada por el presidente James Monroe en su mensaje anual en el 1823, dejaba entrever sus aspiraciones hegemónicas y ponía sobre el tapete los intereses geopolíticos y económicos de la incipiente nación al declarar que: “[…] los continentes americanos, por la condición libre e independiente que han asumido y mantenido no podrán, de ahora en adelante, ser considerados como sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”.


La guerra de independencia de Cuba, declarada a partir de 1895, ofrecía el escenario y la excusa perfecta para que los Estados Unidos decidieran inmiscuirse en los asuntos políticos de la isla caribeña. Luego de tres años de intensa batalla, el final del conflicto bélico se inclinaba favorablemente hacia una victoria para las fuerzas cubanas. Los intereses y aspiraciones económicos y políticos de los Estados Unidos, ya esgrimidos desde los albores del siglo XIX, ejercían un peso determinante en la intención de adquirir la isla. Los estadounidenses no podían permitir una Cuba libre, esto era contraproducente para sus intereses económicos y políticos.

La colonia española de Cuba debía, entonces, pasar a las manos de los Estados Unidos. Unos de los principales ideólogos del periodo, John Fiske, manifestó en un artículo de la revista Harper's la responsabilidad de los Estados Unidos de expandir su idioma, instituciones y tradiciones democráticas más allá de sus fronteras. Las intenciones de Fiske no eran meras quimeras. La autoproclamada superioridad anglosajona y su responsabilidad de civilizar a las naciones del mundo también era la proclama del reverendo Josiah Strong, aunando, esta vez, la labor mesiánica a los pueblos no cristianos.

La consolidación de un nuevo poder político necesitaba, según Alfred T. Mahan, el dominio total de los mares contiguos al área de interés de la nación. A. T. Mahan fue posiblemente uno de los escritores más prolíficos e influyentes del periodo. Sus escritos, recopilados luego en el libro The interest of America in Sea Power, Present and Future, impulsaban el expansionismo político, económico y militar en aras de consolidar la hegemonía de la incipiente nación en América. El Caribe era imprescindible para lograr tales metas. Las bases ideológicas estaban dadas. La política exterior de los Estados Unidos encontraba justificación económica, religiosa y militar para llevar a cabo una intervención militar en Cuba.

En abril de 1898, William McKinley, presidente de los Estados Unidos, requirió el permiso del Congreso de los Estados Unidos para tomar cartas en el asunto e intervenir en el conflicto entre España y las fuerzas revolucionarias cubanas. En su discurso ante el Congreso se anticipaban las intenciones de los Estados Unidos hacia Cuba. Los españoles, en su afán de mantener los últimos vestigios de su otrora imperio en América, se negaron a retirar sus tropas del territorio cubano y a reconocer la independencia de la isla. Sin tiempo que perder, las tropas estadounidenses al mando de William Rufus Shafter desembarcaron en la isla de Cuba, al igual que lo hizo Nelson Miles en Puerto Rico. El general Miles y los infantes de marina que campeaban por las calles de los pueblos de la costa sur de Puerto Rico no encontraron gran resistencia. Sin embargo, aunque las tropas españolas en Cuba intentaron mantenerse con bríos, estas no pudieron detener la invasión. La última guerra de independencia de Cuba, por medio de la intervención de las tropas estadounidenses, se convirtió en la guerra hispano-americana. Para el historiador Louis Pérez Jr., dicha nomenclatura transformó el conflicto de liberación nacional en una guerra de conquista.

El Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, dio fin al conflicto bélico, dando paso a una nueva era de hegemonía política y económica de los Estados Unidos en el Caribe. Cuba pasó a ser un protectorado del Coloso del Norte. A través del senador Orville Platt, el secretario de guerra, Elihu Root, propuso la limitación de la soberanía de la isla salvaguardando los intereses de los Estados Unidos. La Enmienda Platt —como se le conoció— proponía el derecho de intervenir en los asuntos internos de la recién república caribeña. De esta manera, los Estados Unidos mantenían, bajo control de amenaza, la garantía de que sus intereses geopolíticos y económicos serían celosamente protegidos.

La suerte de Puerto Rico, luego de terminado el escenario bélico, fue un tanto distinta. La isla pasó a ser un botín de guerra y fue ocupada militarmente durante los primeros dos años. En el 1900, la Ley Foraker dio paso a una nueva configuración política entre Puerto Rico y los Estados Unidos estableciendo un gobierno civil para la isla. No había dudas, sin embargo, sobre la desconfianza de que los puertorriqueños pudieran autogobernarse. Bajo la Ley Foraker, el presidente de los Estados Unidos asignaba al gobernador de la isla junto con otros miembros del Gabinete insular, que componían, a su vez, la Cámara Alta. Los puertorriqueños solo podían pertenecer a la Cámara Baja y sus poderes se veían grandemente limitados por el poder del veto. Las relaciones coloniales entre los Estados Unidos y Puerto Rico se mantienen aún vigentes.

La guerra hispano-cubano-americana le aseguró a los Estados Unidos posesiones ultramarinas en el Caribe y el Pacífico de gran importancia geopolítica. El siglo XX atestigua la consolidación de los Estados Unidos como el poder político y económico indiscutible de la región. Durante las primeras décadas del naciente siglo XX, la política exterior estadounidense propendió a la intervención directa en los territorios caribeños y centroamericanos.



Autor: Hugo R. Viera Vargas, Ph.D.
Publicado: 2 de marzo de 2012.

Version: 12020422 Rev. 1
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