CARIBE / Gastronomía caribeña
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
Es imposible negar que todas las localidades que componen la inmensa geografía del planeta Tierra posean maneras muy distintivas de pensar y de manejar los alimentos. La palabra gastronomía aquí se refiere a todo proceso relacionado con la preparación de alimentos que en contextos particulares se reconozcan como buenos. Sin embargo, podría pensarse que para entender la gastronomía de una región bastaría con hacer un listado de platos típicos. En el caso del Caribe, quizá algunos pensarán que lo mejor sería hacer un listado de platillos por isla o por territorio así denominado como caribeño. Pero, en este espacio, es preferible dedicar los esfuerzos a recrear las condiciones históricas y económicas que permitieron que el Caribe generara su propia gastronomía. Por lo tanto, escogeremos de entre una infinidad de procesos aquellos que permitan armar una narrativa acerca de cómo se desarrollaron en el Caribe, o llegaron de otros lados, los elementos que eventualmente se convirtieron en esenciales para la confección de comidas, desde Barbados hasta Jamaica y desde Belice hasta Brasil.

Antes de la llegada de los europeos a la región caribeña, los habitantes endógenos poseían maneras y productos específicos que utilizaban para elaborar sus alimentos. Antes de 1492 eran comunes en el Caribe: el maíz, el cacao, diversos tipos de ajíes o chiles, la yuca, la batata o boniato, la yautía o malanga, el achiote o bija y la vainilla, entre otros elementos. De igual forma, era común la ingestión de carne de diversos animales terrestres, así como de aves y peces. Se conocía la técnica del molido de granos y la utilización de barbacoas para asar alimentos. Bien podría afirmarse que la gastronomía caribeña tuvo importantes episodios iniciales desde los cuales partiría hacia la diversidad que más adelante mostraría.

Con la llegada de los europeos al Caribe, a partir de 1492 la región fue incorporada como zona estratégica en la sistemática división internacional del trabajo. Dicha división, ejecutada y pensada desde los centros económicos poderosos de Europa, clasificó al planeta (no de manera absoluta) en zonas productoras y zonas consumidoras. Entre 1492 y 1497, las tres regiones que por medios marítimos estaban contempladas en esta división eran Europa, las Indias Occidentales (el Caribe) y áfrica. Sin embargo, en estos años aún el sistema estaba comenzando y no funcionaba a toda capacidad. En 1498, con la llegada por mar de Bartolomé Díaz al cabo de la Buena Esperanza en la parte sur del continente africano y, en 1499, con la circunnavegación de áfrica y la llegada de Vasco da Gama al Oriente Medio y a la India, la división internacional del trabajo fue capaz, por primera vez, de virtualmente establecer vínculos comerciales importantes y sólidos entre los océanos índico, Pacífico y Atlántico. Lo anterior sería consolidado con el viaje de Magallanes y de Juan Sebastián Elcano, finalizado en 1522, cuyo resultado fue la circunnavegación del globo terráqueo.

En la medida en que la intensidad con que todas esas regiones comenzaban a ser engranadas y puestas a relacionarse entre ellas, generalmente con la mediación de comerciantes europeos, se hacía evidente que de un lado para otro viajaban no solo personas, sino también productos. Muchas de las especias que llegaron de múltiples lugares al Caribe ya eran conocidas en Europa como resultado del comercio de caravanas procedentes del oriente. Sin embargo, con la transportación marítima el transporte de mercancías se hizo mucho más rápido y el impacto que generó en las localidades del planeta a donde llegaban fue más constante. A partir del siglo XVI, el Caribe que ya poseía sus productos endógenos o propios, entró en contacto con otros que los complementarían, tales como el plátano, el ñame, el aceite de palma, el aceite de oliva, pimienta, canela, jengibre, laurel, clavo, azafrán, ajo, cebolla, limón, coco, comino, tamarindo, café y nuez moscada, entre otros muchos. De igual manera, como resultado de estos cruces entre regiones, llegaron al Caribe animales que hasta el momento no se conocían, como el cerdo, el pollo, las reses, los chivos y las ovejas. Todo lo anterior haría que la región tuviese una gama variadísima de elementos con los cuales poder desarrollar una buena cantidad y calidad de alimentos y procedimientos que serían considerados como típicos una que vez que la tradición cubriera lo que en principio se sabía como nuevo.

Por otro lado, desde el siglo XV hasta nuestros días, el Caribe fue, y sigue siendo, el destino de personas que desde distintos puntos del planeta llegaron y se establecieron. La mayor parte de estas migraciones fueron forzadas. No mucha gente decidió libremente irse a vivir a estas tierras. Ello quizá obligó a que muchos trataran de recrear las formas culturales y gastronómicas de sus lugares de origen con el propósito de generar condiciones menos hostiles de vida en entornos que eran nuevos en múltiples sentidos. De manera paulatina, lo que comenzó con un aire de preservación de los orígenes de los emigrantes, fue transformándose en manos de sus descendientes, a quienes no les quedaba tan claro cómo se hacían las cosas en los lugares de procedencia de sus ancestros. Entonces, a partir de la aparición de los descendientes, los “originales” (europeos, africanos, indios y chinos, entre otros) fueron dando paso a un proceso vital en la comprensión de la gastronomía caribeña: “la criollización”. Este fue el proceso que enmarcó todo aquello necesario para que en el Caribe se desarrollaran distintivas formas culturales en múltiples ámbitos. Muchos pudieron haber sido los productos que de otras regiones del planeta llegaron al Caribe. Sin la criollización ninguno hubiese servido y, de hecho, ninguno sirve por sí solo para identificar al Caribe con ciertos tipos de comida o con ciertos tipos de maneras de cocinar.






Página: 1, 2,




Version: 12020420 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?