CARIBE / Azúcar y esclavitud en el siglo XVII
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Cañaveral.
I. Introducción

La siembra de la caña de azúcar y la subsecuente producción azucarera destinada, principalmente, para el mercado europeo a partir de las postrimerías del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII marcaron en forma definitiva el desarrollo socioeconómico, político, demográfico y cultural de la región caribeña. No obstante, es perentorio aclarar que el desarrollo de las sociedades a base de la producción de azúcar en el Caribe fue un tanto irregular y descompasado en el tiempo. En consecuencia, las repercusiones se experimentaron de formas diferentes y con intensidades desiguales. Aun así, y salvaguardando la heterogeneidad de estas experiencias, es posible escudriñar las instituciones y los patrones sociales y económicos comunes que fueron fundacionales en la creación de la sociedades caribeñas.


La plantación azucarera del siglo XVIII pone de manifiesto el vínculo comercial entre el Caribe, Europa y áfrica. En este comercio triangular se desarrolló la esclavitud africana como una de las instituciones más nefastas y perentorias en la historia de la humanidad. La movilización de millones de africanos hacia el Nuevo Mundo para insertarlos en una economía que los utilizaba como herramientas de trabajo creó un tipo de sociedad caracterizada por una ideología de discriminación y racismo, que aún, en mayor o menor grado, persiste en las estructuras políticas y económicas en no pocos de los países que componen al Caribe.

Los primeros intentos

Los primeros intentos en la producción de azúcar para el consumo europeo se forjaron en los territorios colonizados por la Corona española en el siglo XVI, especialmente en las islas de La Española y Puerto Rico. En 1568, entre estas dos islas se establecieron 46 ingenios, en su mayoría trapiches movidos por bestias. La siembra de caña en el Caribe hispano durante estos primero años fue de corta duración. Los intereses de la Corona se tornaron hacia las tierras más lucrativas del virreinato de la Nueva España (México) y el virreinato del Perú en Suramérica. Era de esperarse. La producción del dulce de azúcar era demasiado costosa en comparación a la extracción de las riquezas minerales de ambos territorios continentales. Los territorios del Caribe —quizás exceptuando a La Habana por su condición de astillero de las flotas que partían hacia España— se convirtieron en territorios periféricos de poca importancia económica para la Corona.

Inglaterra, seguida por Francia, Holanda y Dinamarca, se percató y tornó sus intereses y capital hacia las pequeñas islas del Caribe en búsqueda de nuevas formas de enriquecimiento. Su aliciente fue el reciente incremento de la demanda del azúcar en el mercado europeo—en especial en Inglaterra— y la inestabilidad de los precios del tabaco durante los primeros años del siglo XVIII. La producción de la caña proveniente del Brasil, a pesar de ser significativa, no era suficiente para saciar el paladar de miles de ingleses y europeos. El azúcar dejo de ser un lujo y símbolo de estatus para las clases más privilegiadas y se convirtió en un ingrediente indispensable y accesible para el resto de la población de Inglaterra.

La demanda, entonces, habría de cubrirse. El cultivo de la caña de azúcar en la isla de Barbados a finales del tercer decenio del siglo XVII se convirtió, por su excelente geografía y condiciones climáticas, en la oportunidad de oro para los colonos ingleses que no podían competir con la calidad del tabaco de Virginia y de otros territorios ingleses de Norteamérica. Su costo, sin embargo, era significativo. El cultivo de la caña de azúcar requería de grandes extensiones de terreno y una sustancial mano de obra. Su rentabilidad era susceptible, aparte de las condiciones naturales, a la eficiencia en extraer el dulce antes de su descomposición. Era imprescindible, entonces, contar con el capital suficiente para obtener la maquinaria y mano de obra diestra y barata para poder procesarla. Los costos de la producción del azúcar de caña durante el siglo XVII y XVIII no representaron un inconveniente para que Inglaterra y Francia se aventuraran a tal desafío. El desarrollo económico y social del Caribe estuvo inextricablemente atado a la producción de azúcar para el mercado europeo.

Los colonos ingleses de Barbados, influenciados por la experiencia en el cultivo de la caña en Brasil —a su vez inspirada en la experiencia portuguesa en la islas de Madeira y Sao Tomé—se percataron del alto rendimiento del esclavo africano versus los trabajadores blancos contratados. La transición de los trabajadores blancos contratados, hacia la esclavitud de los africanos, a todas luces es uno de los capítulos más nefastos de la historia de la humanidad. Se estima que más de diez millones de seres humanos fueron atrapados y obligados a atravesar el océano Atlántico para llevar una vida degradante y de arduos trabajos al otro lado del Atlántico: las plantaciones del Caribe los aguardaban y los consumían.








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