CARIBE / La música cubana en los Estados Unidos de América
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Los primeros años

La mayor influencia en la música de Norteamérica es la cubana. La primera de esas exportaciones musicales al norte es la habanera. La paloma fue la gran primera exportación mundial alrededor de 1865. Le siguió después la habanera: Tú, en 1890; aparentemente ambas entraron a los Estados Unidos vía México.

Durante medio siglo, a partir del 1897, los temas latinos aparecieron con bastante frecuencia en Broadway. A principios de la década de los veinte, cuando la Víctor Talking Machina (Victor Talking Machine) grabó para consumo del público norteamericano varias melodías latinas, incluyendo las cubanas Si llego a besarte y Quiéreme mucho, las cuales tuvieron el éxito que significaba la difusión más amplia a que podía aspirarse en aquel tiempo: la Victrola.

Cada gran ciudad, comenzando por Nueva York, fue desarrollando una colonia latina, y a su vez, generando su propia música. La música de mayor importancia —la que tuvo la primacía y el liderato—fue la neoyorquina, que comenzó a surgir por los años veinte en el este de Harlem (East Harlem), en lo que hoy se conoce como El Barrio. Surgieron los primeros conjuntos latinos: Rafael Hernández, Manuel Jiménez “Canario”, y otras figuras de la música puertorriqueña empezaron a aparecer. Otra casa grabadora, la Columbia (Columbia Records), contrató para su departamento latino a dos músicos cubanos: Nilo Menéndez y Alberto Socarrás. Muchos de estos músicos latinos tocaban también en orquestas de jazz, comenzando así la interrelación de ambas músicas. También esta fue la época del surgimiento de los músicos catalanes que divulgaron y explotaron la música cubana en los Estados Unidos, como es el caso de Xavier Cugat, quien nació en España y emigró a los cinco años con sus padres a Cuba. Cugat, quien era violinista y caricaturista, se dio a conocer en Hollywood por hacer cortos musicales con su primera orquesta: Cugat y sus Gigolós. Más que una orquesta, era un rastro musical, una mezcla de marimbas, de cantantes latinos, cantantes norteamericanos tratando de bailar y de ejecutar el cantar latino.

Para el final de la década del veinte, la orquesta de don Aspiazu era una de las principales atracciones para los turistas norteamericanos que visitaban al cabaret Casino Nacional de La Habana. Cuando lograron viajar con su orquesta a los Estados Unidos, debutaron, en abril de 1930, en el Palace Theater de Nueva York tocando para un público norteamericano. La mayor sensación de la noche fue cuando Machín cantó El Manisero; para el 1931, The Peanut Vendor era un hit nacional.

Todo proceso de divulgación de un género musical conlleva un precio: adulteración y simplificación. Gran parte del éxito estribaba en ponerle letras en inglés. La marea latina comenzaba. Para 1932, el catálogo del publicista de música E.B. Marks, uno de los mayores, tenía 600 canciones latinas, la mayor parte cubanas. Se dio el auge de las composiciones cubanas tocadas y arregladas por músicos norteamericanos, salvo los latinos de las orquestas de Cugat, Madriguera y Aspiazu.

También al cine se asomaba la rumba y Aspiazu hizo un corto musical que incluyó Siboney y El Manisero. Para estos años, Cugat llegó de Hollywood para la apertura del hotel Waldorf Astoria y se convirtió en una atracción fija del hotel. A pesar de que su orquesta fue un rastro musical, al igual que sucede en los rastros, se encuentraban en ellos cosas buenas; en ella cantaron el puertorriqueño Pedro Berríos, Miguelito Valdés y Alfredito Valdés; y tocaron músicos como Nico López y Nilo Meléndez.

Mientras tanto, en el Barrio se siguió haciendo música más pura. Había horas de radio latinas, teatros latinos y orquestas y músicos, principalmente boricuas —por razones de emigración— como Davilita, Augusto Coén, Noro Morales, etc. Se formó el cuarteto Caney, el Victoria de Rafael Hernández y el de Machín. La división entre los músicos del downtown, como las bandas de Cugat y Madriguera, y los músicos uptown, del barrio, no era inflexible; se intercambiaban músicos, sobre todo en las sesiones de grabación y también había intercambios entre músicos norteamericanos, blancos y negros.






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