CARIBE / La crítica de arte y la experiencia estética del público en los museos
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El papel del museo de arte —con sus valores estéticos— es como el de un gestor del imaginario social, a la vez que recrea una identidad mutua entre los ciudadanos. En buena parte, este papel se debe al trabajo y al proyecto que ejerce como institución social moderna. Además, su misión trasciende la historia del arte y sirve como ente promotor del arte en sí mismo —en tanto a la obra y al artista—. Pero, sobre todo, el museo sirve como entidad provocadora del arte en el público que lo visita, y más específicamente, en el ser humano.

El cometido del museo no excluye otras de las funciones que sustentan lo que es la experiencia estética del público o la crítica misma del arte, pues los individuos también definen a la institución que visitan o no. Una definición clara del museo —para implicarlo directamente en su valoración social—, la ofrece la propuesta por el Consejo Internacional de los Museos (en inglés, International Council of Museums) en el artículo 3 del Título II donde se expresa la importancia del museo por sus funciones: “Se reconoce como museo a toda institución permanente, que conserva y expone colecciones de objetos de carácter cultural o científico, para fines de estudio, educación y deleite”.

Sin embargo, el museo de arte como tal no solo preserva, difunde, educa y deleita —como los demás museos de otras disciplinas—, sino que lleva a cabo otras labores igual de importantes, pero que no siempre salen a la luz, salvo en discusiones especializadas. Esto significa que su justificación se sustenta por ser un producto cultural del quehacer humano y sensibilizar en torno a los valores estéticos. Por ello, no es de sorprenderse que la crítica del arte (críticos y curadores) atiendan con mucho recelo las nuevas formas de los contenidos, funciones y valores de la institución.

Entre las situaciones que el museo de arte debe propiciar se encuentra la integración social en un imaginario común, cuyo objetivo sea procurar y facilitar una experiencia estética de significación de una identidad social representada en la institución y transmitida por la misma, y no solamente por su colección (local o permanente). Esto lo que resume es que la experiencia del valor estético implica una confrontación y adopción de la identidad humana, porque en ella se encuentra también la objetivación de lo humano y del carácter propio de la apreciación del arte.

Hay que resaltar que allí donde la sensibilidad descansa se germinan otros valores, como el objetivo intelectual de ordenamiento y categorización de la obra artística y su movimiento en un espacio y tiempo determinado. Estos valores, a su vez, sirven como planteamiento histórico y evolución general del pensamiento de cada región o país.

La obra de arte, d
esde el momento en que entra al museo para ser exhibida entra en la categoría de obra de arte o artística y determina ciertas condiciones para sus semejantes. Por lo que la participación del museo en la historia del arte es importante. Lo estético, al igual que lo político, lo religioso o lo científico son maneras de solucionar las incertidumbres humanas y apreciar nuestra especie per se.

El museo como institución moderna define los parámetros de la evolución de la humanidad. Es necesario analizar las contribuciones, tanto las positivas como las negativas, del museo de arte en la historia del arte en general, tomando en cuenta eventos paralelos que llevan a cabo esta relación de historicidad.



Autor: Dalila Rodríguez
Publicado: 26 de diciembre de 2011.

Version: 11120904 Rev. 1
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