CARIBE / África en el Caribe: lenguaje rítmico cultural común
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Partiendo de las investigaciones históricas que examinan el comercio de esclavos desde el siglo XVI hasta nuestra época, se evidencia contundentemente que el africano y su descendencia fueron tratados como objetos de explotación y no como portadores de cultura. Sin embargo, aun cuando se entiende la importancia de verlos como sujetos del presente y aquilatar sus valiosas aportaciones, persisten y se continúan expresando y extrapolando expresiones degradantes creadas por los esclavistas europeos. En el pasado, los comerciantes de seres humanos se sirvieron de expresiones como “negro”, al igual que los apodos carabalí, lucumí, takua o cangá, para simplificar la trata esclavista. Con ello negaron a la historia las verdaderas identidades de grupos culturales africanos tales como: ibo, yoruba, nupe o malinke-wangana, entre otros. Aún se utilizan expresiones derivadas del léxico del conquistador tales como “denigrar”, en lugar del término “degradar”, la cual, por definición, es más correcta. Dentro del campo de la antropología, la etnografía y la historia, todavía se exorcizan expresiones tales como “trata negrera” en vez de trata esclavista o de seres humanos; o simplemente africanos. Es patente que aún se participa activamente del lenguaje creado por los conquistadores.



La clave: punto central

Un análisis organológico de la música (por ejemplo, instrumentación y sus cantos) resalta a la clave y sus variantes ritmáticas como un elemento-rítmico central en la música de herencia africana del Caribe. Con este nombre se conocen los palos artesanales con los cuales se ejecuta el modo rítmico. Fernando Ortiz los categoriza como instrumentos o palitos entrechocantes. De igual forma, es nombrado el patrón musical-percusivo que se toca con estos instrumentos y que acompaña u ordena el camino o la ruta que siguen los tambores. Esta clave no tiene que ver con el canto de clave o coros de clave, pero con el cual debe guardar estrecha relación desde su origen por la predominancia de su ejecución en este género.

A través de los paralelos históricos en el desarrollo de este patrón musical en las diferentes islas o regiones del área del Caribe es posible identificar similitudes y diferencias en frecuencias de golpes. A la misma vez, es posible establecer su preponderante lugar en la organología o estructura de la variedad musical a la que se alude rítmicamente con el instrumento. De la misma forma, se puede aseverar que existe fundamentalmente en el Caribe antillano dos tipos de claves. La primera es la clave de rumba, la cual originalmente se da en la zona costera o en los muelles, barrios, zonas o pueblos costeros de Cuba donde se “forma la rumba. La segunda es la clave de son, nombre genérico para la música originaria de los campos, introducida luego en las costas de Cuba, así como en el resto del Caribe.

La clave de rumba es también la llamada clave 2/3. Esto se debe al efecto musical-percusivo que se crea con el tercer golpe en el primer compás (en métrica binaria o 4/4). Se logra cuando este acento sincopado “se corre” sonoramente o se mueve una octava, mezclándose sutilmente en el segundo compás, creando una ilusión de vaivén rítmico. Aunque en la música escrita (modalidad que originalmente heredamos de los europeos) este movimiento se da en el primer compás, el nombre popular dado al patrón que prevalece es el ya descrito. Entre los tres tipos de rumba existentes: el yambú, el guaguancó y la columbia, este tipo de clave o patrón se manifiesta más en el guaguancó. En ocasiones, se puede apreciar su sonido en el yambú, género cuya clave mayormente se toca en el patrón que identifica el género del son.

La prima hermana de la clave de rumba es la mencionada clave del son, dentro de cuyo cuerpo se pueden ubicar formas musicales del género con el mismo nombre. Estas se conocen como guajira, son montuno (raíces de la salsa), changüí, cha-cha-chá, la guarachaguaracha: Baile popular cubano de origen andaluz, de ritmo vivo y movimientos rápidos que consiste de una composición musical de dos por cuatro o cuatro por ocho. y son bolero, entre otros. Pero esta clave no es un patrón exclusivo de las formas pertenecientes al argot musical afrocubano. Su movimiento también se puede apreciar, por ejemplo, en el merengue de República Dominicana y la plena de Puerto Rico, cumpliendo de la misma forma una importante función de centro o punto de partida. Aunque la clave de son básica es la descrita como patrón-rítmico 3-2 (tres golpes en el primer compás y dos en el segundo), mayormente se compone o se “montunea” a la inversa en 2-3.










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