CARIBE / La literatura diaspórica del Caribe
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Por razones históricas y políticas, la mitad de los puertorriqueños viven al presente fuera de la isla. A lo largo del siglo XX hubo varias emigraciones en masa hacia los Estados Unidos, primero hacia Nueva York (especialmente después de la Segunda Guerra Mundial) y Chicago, y más recientemente hacia el sur de Florida.

Uno de los pioneros en el movimiento cultural y social nuyorican (esto es, puertorriqueños que viven en Nueva York) fue el cayeyano Jesús Colón. En la Gran Manzana escribió A Puerto Rican in New York, que trata sobre sus experiencias en el exilio. Estuvo además muy activo en la vida política de la ciudad, y perteneció al partido comunista de esta. Varias generaciones de escritores nuyoricans lo han visto como un modelo o una inspiración.

En la década del sesenta, varios autores del exilio puertorriqueño publicaron textos importantes. Uno de ellos fue Down These Mean Streets, de Piri Thomas, que toca los temas de la identidad, el prejuicio racial, la pobreza y la delincuencia. Asimismo, Víctor Hernández Cruz y Pedro Pietri empezaron a publicar poesía por estos años. Hernández Cruz logró unir la exploración lírica de la identidad del caribeño de la diáspora con un señalado sentido del humor. Pietri, quien estuvo asociado con el grupo comunitario Young Lords, mantuvo una línea igualmente lírica, pero enmarcada en una conciencia política y social más explícita, como se evidencia en su poema Puerto Rican Obituary.

Gran importancia tuvo, en la década del setenta, el Nuyorican Poets Café de Manhattan, fundado originalmente por los poetas Miguel Piñero, Bittman “Bimbo” Rivas, Miguel Algarín y el mismo Pietri. El café-teatro fue un lugar de reunión importante para la comunidad artística de Nueva York y le dio la oportunidad a cientos de poetas de compartir su trabajo con el público. Al día de hoy existe aún.

También fue muy significativa la gestión de la actriz y directora Miriam Colón, quien en la década del ochenta fundó el Puerto Rican Travelling Theater, un organismo teatral que ha reunido a diversos artistas de la ciudad de Nueva York (dramaturgos y poetas, pero también actores y performeros) con la meta de mantener viva la aportación de los dramaturgos puertorriqueños y del resto de Hispanoamérica en la ciudad.

En décadas posteriores, las nuevas generaciones de escritores del exilio dejaron conocer su obra. Tres escritoras puertorriqueñas que han tenido acogida con el público son Judith Ortiz Cofer, Nicholasa Mohr y Esmeralda Santiago. Estas autoras, con The Latin Deli, Nilda y When I was Puerto Rican, respectivamente, han enriquecido la representación de las vivencias de la comunidad diaspórica puertorriqueña con una óptica que se enfoca en la experiencia femenina. De la misma forma, Edward Rivera recreaba la vida de un puertorriqueño integrado a la sociedad estadounidense en Family Installments: Memories of Growing Up Hispanic.

Curiosamente, muchos autores del exilio puertorriqueño han escrito sobre el rechazo que reciben de sus compatriotas residentes de la isla. En las palabras del poeta Tato Laviera: “ahora regreso, con un corazón boricua, y tú, / me desprecias, me miras mal, me atacas mi hablar, / mientras comes mcdonalds en discotecas americanas”. El poema de Juan Antonio Corretjer Boricua en la luna trata justamente este tema. La voz poética reta al “echón” (a un puertorriqueño nacido en la isla) a que desmienta el hecho de que él también, aunque nacido en la diáspora, es puertorriqueño, y lo sería “aunque naciera en la luna”. Si bien es cierto que muchos puertorriqueños de la diáspora se han mantenido estacionados en sus comunidades del exilio, hay que recordar que más que un pueblo dividido por límites geográficos, existe —como escribe Luis Rafael Sánchez— “una nación flotante entre dos puertos de contrabandear esperanzas”.

Aunque desde el siglo XIX hubo varios escritores de Cuba expatriados en distintas partes del mundo (como José María Heredia, Cirilo Villaverde y José Martí), es conveniente enmarcar el exilio cubano en el contexto de la Revolución cubana. Si bien otros exilios caribeños tienen una explicación principalmente económica, el cubano se dio además en un marco de enfrentamientos políticos. Por lo general, los autores del exilio cubano han mantenido una postura contrapuesta a la figura de Fidel Castro y al Gobierno de la isla.






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