CARIBE / Arte en la calle: nuevos grafismos
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
Grafiti en Santurce, Puerto Rico.
Pintura de aerosol, marcadores, pinturas líquidas, esténcil y una superficie... el arte del grafiti se erige en lugares públicos, para el ojo de todos, y gratis. Su periodo de vida tiende a ser corto: las inclemencias del tiempo y la mano del hombre pueden alterar o desaparecer su existencia. Su historia ha estado pintada de transgresión y persecución, así como de rechazos y laudos en igual proporción. Sus defensores lo califican de arte público, mientras que sus críticos lo catalogan como un acto que atenta contra la propiedad pública, la ley y la "buena imagen" de un vecindario, ciudad o pueblo.

Los murales y la escritura en las paredes de las cuevas podrían ser uno de sus predecesores, pero es en la cultura del hip-hop —con sus cuatro corrientes: el rap o emceeing, los disc jockey, el grafiti y el breakdancing— donde el grafiti encuentra su cuerpo actual. Y es que el movimiento artístico que originó en las paredes de Nueva York, entre la década de los sesenta y los setenta, hoy día es un fenómeno que atraviesa el mundo entero. El Caribe no es la excepción. De hecho, los caribeños estuvieron ligados al nacimiento del grafiti en Nueva York a través de los hijos de inmigrantes del Caribe, los puertorriqueños o nuyoricans, así como de otras minorías aglutinadas en la Gran Manzana.

García Canclini discute que el grafiti, como un medio transcultural, ha sido el vehículo que grupos sociales marginados —que carecen de representación y expresión pública— han utilizado para narrar su historia. Por tal motivo, según García Canclini, los grafiteros plantean sus artes en lugares públicos de gran tránsito para apropiarse, de alguna manera u otra, de dichos espacios.

Por lo menos en Nueva York, el sincretismo caribeño —como el que moldeó las culturas haitiana y cubana— también traspasó su influencia al grafiti actual mediante nombres de calles y los tags (las etiquetas que fungen como seudónimos) que diversos artistas emplean para camuflar sus identidades, despistando a las autoridades policíacas mientras develan su autoría en la comunidad de grafiteros.

Tal vez los grafitos no proliferan en las sociedades del Caribe —como culturas grafiteras— en la misma medida que en otras partes de Europa o Estados Unidos, pero ello no significa que la sociedad caribeña no se haya insertado en esa práctica discursiva. De hecho, Best plantea que el Caribe deriva gran parte de su inspiración grafitera de las manifestaciones de esa expresión en los Estados Unidos. El desafío omnipresente del grafiti se instaló en el contexto caribeño, alrededor de los años 80, a sabiendas de las represalias que los grafiteros en los Estados Unidos tuvieron que sobrellevar en la década anterior.

Así las cosas, la llamada escritura del espacio público no podría ser entendida sin comprender su discurso, el cual refleja la voz de las generaciones jóvenes que lanzan un grito de pintura contra lo establecido y las incongruencias políticas y sociales que lo atestiguan. En Hip-Hop se plantea que estas composiciones de colores vibrantes se han traspasado a letreros, paredes, buzones, trenes y autos del sistema de transporte público, de manera valiente ante las campañas antigrafiti; capas de pintura y riesgos que el propio acto porta ante la ley y el gobierno.






Página: 1, 2, 3, 4,




Version: 11112023 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?