CARIBE / Impactos antropogénicos
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Las sociedades originarias de las Antillas arribaron a las islas hace aproximadamente 5,500 años de Centroamérica y Venezuela. Desde su asentamiento, los indígenas tuvieron que adaptarse a su medioambiente para asegurarse la subsistencia, lo que implicó la transformación de la naturaleza a manos del hombre.

A comienzos de la década de 1990, el científico estadounidense David Burney y sus colegas realizaron un estudio paleoecológico en la laguna Tortuguero, ubicada entre los municipios de Vega Baja y Manatí, Puerto Rico. Notaron que aproximadamente 3,500 años atrás comenzó en la zona un extraño patrón en el aumento de incendios. Lo adjudicaron a la mano del hombre. En ese entonces, Burney y sus colegas desconocían que en la zona y durante el mismo periodo de tiempo estudiado ya había grupos humanos habitando el norte de la isla.

Recientemente, se aplicó en Puerto Rico una técnica de investigación paleoetnobotánica (estudio de almidones antiguos) a herramientas de piedra procedentes de dos yacimientos arcaicos de la isla que datan de entre 3,300 y 2,900 años de antigüedad, conocidos como Maruca (en Ponce) y Puerto Ferro (en Vieques). Fue entonces cuando se descubrió evidencia que probaba que los llamados pueblos arcaicos de la isla de Puerto Rico no solo cazaban, pescaban y recolectaban sus alimentos, sino que, también, cultivaban la tierra. Ellos introdujeron el maíz, la yuca y la batata casi 1,700 años antes de lo estimado por los especialistas para la región.

La nueva evidencia microbotánica recuperada de las herramientas de molienda de vegetales, eran gránulos de almidón que se encuentran en los tubérculos y en las semillas. Igualmente, se obtuvo información relacionada con la explotación de plantas antillanas como el marunguey (Zamia sp.), los ñames silvestres y la palma de corozo.

La evidencia de esta agricultura temprana tuvo impactos en el ambiente, según se ha documentado también, en Cuba, la República Dominicana y el Caribe continental. Los pueblos originarios del Caribe conscientemente desforestaron e incendiaron algunas zonas de su territorio con el fin de acondicionarlas para la agricultura. Al introducir nuevas especies de plantas, indudablemente perturbaron las poblaciones vegetales (y animales) nativas. Estas prácticas propiciaron que el ambiente natural de la región comenzara a cambiar desde el arribo de los primeros pobladores de las Antillas.









Autor: Reniel Rodríguez Ramos
Publicado: 16 de diciembre de 2011.

Version: 11111902 Rev. 1
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