CARIBE / Metrópolis y periferia: conceptos de modernidad en la literatura caribeña
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Portada de Miguel Street, por V. S. Naipaul.
Los distintos países que conforman el Caribe han experimentado el contacto con la modernidad de maneras distintas. Al concebir la metrópolis como algo distante, la valoración de esta varía de autor en autor.

La crítica poscolonial ha sugerido que la línea que divide la metrópolis y la periferia colonial subsiste gracias a que puede convertir a los sujetos coloniales en un “otro”. Esto quiere decir que una de las herramientas que utiliza la potencia imperial (ya sea España, Inglaterra, Estados Unidos o Francia) para darle legitimidad a su poderío es marcar las diferencias culturales que existen entre los sujetos que viven en la metrópolis y los que viven en la colonia. De esta forma, el “otro” es aquel que no encaja con los parámetros que la norma cultural de la metrópolis ha establecido.

Según estudiosos como Sidney Mintz, la modernidad llega al Caribe con la industrialización que originó la inversión capitalista. La modernidad, en este sentido, es un proceso controvertido, ya que implica tanto beneficios como inconvenientes. Uno de estos inconvenientes es el trastorno en la noción de la identidad cultural. En el caso de Puerto Rico, por ejemplo, esto se ve reflejado en el cuento “En el fondo del caño hay un negrito”, de José Luis González. Ya que el Puerto Rico del cuento atraviesa la modernización que impulsó el Partido Popular Democrático, “el negrito Melodía” deberá confrontarse con su propio reflejo, aunque con consecuencias mortales.

De otra parte, autores como Virgilio Dávila y Luis Lloréns Torres escribieron numerosos poemas en los que se contraponía la vida campesina con la vida en la gran ciudad. El imaginario de la vida en el campo tiende a ser idílico y a estar asociado con recuerdos de la infancia, el calor y la comida favorita, mientras que las imágenes asociadas a la metrópolis hablan de frío, corrupción y dolor. A lo largo de las décadas se continuó esta dualidad hasta la aparición de la literatura puertorriqueña escrita desde el exilio.

Si bien es cierto que algunos escritores caribeños han afirmado abiertamente sus coordenadas culturales, otros han adoptado la visión (y los prejuicios) con que la metrópolis mira al Caribe y al Tercer Mundo. Para el crítico poscolonial Edward Said, este es el caso de autores como V. S. Naipaul. En su novela Miguel Street, por ejemplo, Naipaul recrea de manera nostálgica la sociedad capitalina trinitense. Dicha recreación, no obstante, presenta un Puerto España en donde reina la ignorancia y la ineptitud y del que todos quieren escapar. El destino será invariablemente Inglaterra o Estados Unidos.

Además, algunos autores le han prestado atención a sectores del Caribe en los que coexisten la modernidad y el atraso económico; esto es, islas escindidas entre sus áreas modernas y sus zonas menos desarrolladas. Tal es el caso de Texaco, del martiniqueño Patrick Chamoiseau. El Caribe de la novela de Chamoiseau es contradictorio, simultáneamente metropolitano y periférico, urbano y campesino. No es casual que los residentes del pueblo Texaco confundan a un planificador urbano con nadie menos que Cristo.



Autor: Alejandro Carpio
Publicado: 23 de julio de 2012.

Version: 11092901 Rev. 1
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