CARIBE / La narrativa posesclavitud: historias familiares y reconstrucciones genealógicas
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Sería imposible, en un espacio tan reducido como este, describir todas las particularidades del modo de producción esclavista tal y como se puedan entender a través de una buena cantidad de fuentes. Sin embargo, la intención aquí está centrada en uno de los aspectos medulares de este tipo de práctica. De entre todas las características que se pueden esbozar, la desvinculación es, quizás, una de las más notorias y desastrosas consecuencias de la esclavitud en el Caribe.

A partir del siglo XVI, cuando el comercio de esclavos a través del océano Atlántico comenzó a hacerse constante e importante, iniciaría también el proceso de conceptualización general de la figura del esclavo. Desde Europa occidental surgiría, de manera gradual pero sin descanso, la intelección del esclavo no como un ser humano, sino como mercancía sujeta a las leyes de los bienes de consumo y de producción económica.

Como parte de este proceso fue importante, para quienes intentaron justificar el sistema, presentar la figura del esclavo como una cosa y no como una criatura proveniente de contextos en los cuales había forjado relaciones familiares y sociales. De igual manera, esa “cosa” debía permanecer desvinculada y apartada de los suyos en las nuevas geografías caribeñas. Es por eso que, en las economías de plantación, uno de los mecanismos de control mayormente utilizados era la fragmentación o separación entre esclavos, práctica que eventualmente lograba separar familias enteras.

Los arraigos que constituían la ascendencia y el trasfondo cultural del esclavo le eran simbólicamente despojados. “Desnudo” de pasado y con un porvenir incierto, la persona sometida a este modo de producción era revestida de una identidad que, aunque pretendía ser absoluta, nunca cristalizó. Una muestra de todo lo anterior puede observarse en las narrativas de Frederick Douglass, y particularmente en las de Olaudah Equiano, esclavo en Barbados durante el siglo XVIII, y en los relatos de Esteban Montejo, también esclavo y luego cimarrón en Cuba, en el siglo XIX.

En ambas narraciones, tanto la de Equiano como la de Montejo, se desafía abiertamente el proceso de desvinculación a la que el esclavismo los sometió, desafío que consistía en la reconstrucción de sus pasados a través del recuerdo. Equiano tuvo la oportunidad de contar su historia y experiencias a miembros de su familia antes de convertirse en esclavo como resultado de su secuestro en áfrica occidental.

Montejo, quien había nacido esclavo, ni siquiera llegó a conocer a sus padres. Lo que sabía de ellos era lo que otros le contaron. La construcción de sus historias familiares, no obstante, aunque hallara miles de dificultades, debía ser el punto inicial en la narración de sus experiencias como esclavos. Ante todo, cada uno de ellos sabía que, tanto en áfrica como entre los descendientes de africanos en el Caribe, para poder afirmarse como persona era necesario dejar claro cuál era su ascendencia. Los antepasados ciertamente eran su razón de ser en el presente y en su proyección hacia el futuro.



Autor: Dr. José Alberto Cabán Torres
Publicado: 20 de diciembre de 2011.

Version: 11092617 Rev. 1
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