CARIBE / La política del Caribe: características generales, congruencias y divergencias
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El Caribe es una de las regiones políticamente más complejas y variadas del mundo, por lo cual una síntesis de las características y rasgos compartidos entre los diferentes países que lo componen es una tarea difícil. El Caribe está definido aquí como el conjunto de islas ubicado entre el golfo de México y la desembocadura del río Orinoco (incluye, a su vez, el archipiélago de las Bahamas, las islas holandesas frente a las costas venezolanas y los territorios continentales de Belice, Guyana y Surinam). Este grupo de islas y territorios alberga unidades plenamente soberanas, parcialmente soberanas (Aruba, Curazao), con grados importantes de autonomía (Puerto Rico, Islas Caimán) y provincias de países extraregionales (Martinica, Guadalupe). Las extensiones territoriales y la distribución de la población pasan por importantes variaciones, desde microestados, como San Vicente y las Granadinas, a países de tamaño pequeño como Cuba, y otros de gran extensión territorial, pero de poca población, como Guyana o Surinam.


El Caribe incluye una multitud de organizaciones del Estado, desde repúblicas presidenciales (República Dominicana, Guyana), semipresidenciales (Haití), sistemas parlamentarios (Barbados, Jamaica) y un sistema socialista (Cuba). En términos de libertades sociales y civiles, según los índices internacionales, el Caribe posee algunas de las sociedades más libres y abiertas del mundo, como Barbados y Antigua; otras parcialmente libres y abiertas, como Haití; y otras no abiertas ni libres, como Cuba. Del mismo modo, según la clasificación de las Naciones Unidas, el Caribe incluye sociedades con altos índices de desarrollo humano (Cuba, Puerto Rico, Bahamas) comparables a los de países desarrollados, mientras que posee uno de los países con menor desarrollo humano (Haití) en el mundo, y otros en los cuales la agenda de desarrollo humano pasa por importantes desafíos (Guyana, Belice).

Esta variedad de características dificulta la posibilidad de un análisis comparado riguroso de los procesos políticos de la región (como la democratización o las relaciones entre Estado y movimientos sindicales), ya que el tipo de variable que interviene en cualquier circunstancia política tiende a ser específica al caso o al país en cuestión. Del mismo modo, y por las mismas razones, se dificultan las generalizaciones y aplicaciones a la región de las experiencias o circunstancias de países específicos (como por ejemplo, el alto nivel de participación política en las elecciones presidenciales en las repúblicas de la región). Esta observación pudiera resultar un tanto extraña, ya que en muchos análisis y estudios políticos se caracteriza al Caribe como una sola región y se tiende a generalizar sobre su comportamiento (sobre todo en el tema económico). Aun cuando a primera vista existan suficientes elementos comunes que parecerían simplificar la tarea de generalización y comparación, la lección que se desprende de este ensayo es que el Caribe es, efectivamente, una región de importantes contrastes sociopolíticos que dejan en evidencia los diferentes rumbos políticos que han asumido sus países.

Sobre la base de estos elementos comunes es posible hablar de algunos temas, renglones y áreas que resultan fundamentales para entender las convergencias y las divergencias políticas entre los países de la región caribeña.

El tamaño —relativamente pequeño— de todos los países caribeños es un fenómeno condicionante del desarrollo, de la estructura y del comportamiento político de buena parte de los Gobiernos del Caribe. Contrario a los países del continente latinoamericano, donde la evolución del Estado se debió en buena medida a la necesidad de crear una estructura política para extraer recursos y administrar vastas extensiones de territorio, en el Caribe no se puede hablar de esto como un principio o característica fundamental del Estado. Desde sus orígenes, el Estado caribeño fungió como administrador y árbitro de relaciones productivas, sea en virtud del mercantilismo español y francés o de las compañías comerciales inglesas y holandesas. En este sentido, el problema esencial del Estado caribeño nunca fue su incapacidad de administrar un territorio o de "penetrar" la sociedad a través de la autoridad o de la monopolización en el uso de la fuerza. Por el contrario, la relativa cercanía del Estado a las sociedades caribeñas ha significado que, a través de su historia, el Estado ha jugado un papel más directo en el desarrollo económico y social de los países del Caribe que en los países latinoamericanos o de Norteamérica. Esto, sin embargo, no implica que sea un Estado con altas capacidades administrativas, y he aquí una de las contradicciones más importantes en la política caribeña. Una de las desigualdades más importantes en términos de la gobernanza en el Caribe tiene que ver con la irregularidad en la calidad de las instituciones de la región, como se verá más adelante.

La pequeñez territorial de los países del Caribe y su cercanía a importantes fuentes de recursos naturales estratégicos han implicado que sean países con economías abiertas, estrechamente vinculadas a la economía internacional y a los centros mundiales de poder político y económico. La globalización es una realidad fundacional del Caribe y no un hecho histórico reciente. Esto a su vez ha tenido varias implicaciones para el desarrollo político y económico de la región. En un sentido doméstico, la extrema dependencia del comercio internacional para la viabilidad y la supervivencia económica significa que en el Caribe no hubo proyectos de sustitución de importaciones que alimentaran el desarrollo de una clase industrial local, excepto en casos limitados —como Trinidad y Tobago y la Cuba prerrevolucionaria—, y aun así, ambos con importantes condicionantes y excepciones (aparte de ciertas variables importantes como fue la presencia colonial en el Caribe angloparlante hasta la década de los sesenta). Típicamente, las clases empresariales locales han provenido de sectores agrícolas y de servicios, ambos vinculados estrechamente a entes trasnacionales. Por lo tanto, los Estados caribeños han tenido importantes limitaciones a la hora de hacer política industrial (renglón de gran importancia en el éxito económico de los países en desarrollo de Asia y Latinoamérica, por no decir de algunos países avanzados de Europa y de Asia). De la misma forma, la capacidad de generación de recursos a través de impuestos, característica considerada como fundamental para el desarrollo de Estados fuertes con altas capacidades administrativas, también ha sido bastante limitada, sobre todo en el Caribe hispano y francés.






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Version: 11071202 Rev. 1
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