CARIBE / Migración
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Hombre trabajando en el cañaveral.
Desde que fuera incorporada a la órbita del mundo occidental en el siglo XV, la migración ha sido un fenómeno perenne del Caribe. Las decisiones y acciones de los Estados que han regido los territorios de la región han determinado los movimientos poblacionales entrantes y salientes. Ya fuese para promover la inmigración de colonos y trabajadores, tanto libres como esclavos, como para restringir su emigración a otras regiones del hemisferio, los Gobiernos de la región han instituido históricamente medidas de política pública que controlan o facilitan el movimiento de personas de un país a otro (como por ejemplo: los asientos, las cédulas de gracia, el asilo político, los destierros y exilios).

En la época contemporánea, los Gobiernos caribeños —tanto los independientes como los coloniales y metropolitanos— han instituido medidas y creado instituciones para facilitar la emigración laboral y su asentamiento en el exterior. La División de Migración del Departamento del Trabajo de Puerto Rico y el BUMIDON/ANT francés (para sus departamentos de ultramar) se crearon con el propósito de contribuir a satisfacer la demanda de mano de obra escasa en los centros metropolitanos y promover el desarrollo socioeconómico de las colonias, los territorios del exterior y las naciones incipientes del Caribe.

Los grandes intereses económicos también emplearon una gran cantidad de mano de obra a todo lo largo y ancho del Caribe, desde los jamaiquinos y otros isleños anglófonos que laboraron en la construcción del canal de Panamá, en las plantaciones bananeras de Centroamérica y azucareras de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, hasta el empleo de mano de obra haitiana en los bateyes azucareros dominicanos o, en tiempos más reciente, el empleo de dominicanos en la recogida del café en Puerto Rico. Los convenios laborales que permitían estas migraciones laborales se realizaban con la sanción explícita o implícita de los respectivos Gobiernos con jurisdicción caribeña.

Las bases que han dado paso a la migración en el Caribe han sido principalmente económicas o político-económicas, tan es así, que el poblamiento para la protección y explotación de los recursos económicos de un territorio bajo dominio gubernamental ha servido como válvula de escape para evitar conflictos sociales. Pero la migración también ha tenido bases y matices estrictamente políticos. La experiencia dominicana durante el régimen de Rafael Trujillo da muestra de cómo la emigración se percibía como un desprecio al régimen imperante y se coartaba. Por otro lado, antes de desatarse la Segunda Guerra Mundial, este régimen también auspició la entrada de refugiados judíos europeos en una campaña de eugenesia étnica. Tras su deceso, durante el tumultuoso periodo político de los años sesenta, los Gobiernos estadounidense y dominicano favorecieron la emigración de dominicanos opuestos al régimen de Balaguer para limitar la posibilidad de otra explosión social tras el alzamiento constitucionalista de 1965. Cuba, tras la Revolución de 1959 que instauró un régimen de corte marxista-leninista, ofrece otro ejemplo de una migración caribeña al exilio con raíz estrictamente política.

El estudio de la migración, debido al casi monopolio de esta por las ciencias sociales estadounidenses basado en las experiencias migratorias de ese país, en un principio se apreciaba como un movimiento unidireccional o en una sola ocasión: del país de origen del migrante al país de asentamiento. Sin embargo, las oleadas migratorias de corte laboral han tenido marejadas de retorno al país de origen, así como una corriente que circula entre el país de origen y el, o los países de asentamiento. Con el volumen creciente de migrantes que cruzan fronteras se desarrollan nuevos patrones de conducta política de corte transnacional. Es decir, las actividades políticas de los individuos o de las colectividades políticas ya no se circunscriben al territorio del país de origen o del país de asentamiento, sino que los emigrantes pueden llegar a participar en los procesos políticos y gubernamentales de ambos. Estas actividades políticas transnacionales se facilitan a medida que los Estados naciones toleran o promueven la doble ciudadanía de sus ciudadanos y permiten su participación en las instituciones políticas formales; como por ejemplo, a través del sufragio, de la representación de ciudadanos ausentes y de la postulación de emigrantes a puestos electivos. El propósito estatal de facilitar estas actividades reside en el beneficio potencial que países de emigrantes ven en sus ciudadanos del exterior al poder participar formalmente de los procesos políticos del país de asentamiento e influir en los procesos de política pública con resultados positivos para el país de origen.




Autor: Carlos Vargas
Publicado: 23 de julio de 2012.

Version: 11071102 Rev. 1
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