CARIBE / Relaciones internacionales
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Reunión CARICOM en Cuba, 2010.
Las relaciones internacionales del Caribe atraviesan por un momento histórico de transición y cambio. Desde la llegada de los conquistadores europeos, y ciertamente a lo largo de su desarrollo como naciones, el Caribe ha sido escenario de conflictos entre potencias internacionales. Estos conflictos comenzaron durante las luchas entre los grandes imperios europeos hasta el siglo XIX, y luego en el siglo XX, con la entrada del imperialismo estadounidense y las tensiones desatadas durante la Guerra Fría. Como resultado del fin de la Guerra Fría, pero sobre todo desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, por primera vez en su historia moderna el Caribe no es escenario de, ni pieza de juego en los conflictos y rivalidades entre las grandes potencias. En este sentido, los países de la región se encuentran invariablemente reconstituyendo su espacio en el sistema internacional, tanto en términos de sus intereses, sus vínculos entre sí y sus relaciones con antiguas (Reino Unido, Estados Unidos) y nuevas (Brasil, Venezuela) potencias.


Los países del Caribe son importantes propulsores de la integración regional. De hecho, la Comunidad del Caribe (CARICOM) es el proyecto de integración más avanzado del continente, con una variedad de instituciones regionales y supranacionales plenamente en funciones como lo son la Universidad de las Indias Occidentales (UWI) y la Corte Caribeña de Justicia. Un subconjunto de países de la CARICOM constituye la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS), donde sus miembros han avanzado en la coordinación de una serie de políticas nacionales hasta alcanzar una moneda y un banco central comunes. Estos países se encuentran en medio de profundizar el proceso de integración mediante la creación de un mercado y de una economía común (CSME). Es un proyecto de larga gestación que ha suscitado polémicas relacionadas con la existencia de asimetrías entre los miembros, con el libre movimiento de personas (y las dificultades de regulación que ello acarrearía), así como en temas de gobernanza regional y de cesión de soberanía.

Este grupo de países, junto a República Dominicana, concluyó en 2008 el Acuerdo de Asociación Económica (EPA, por sus siglas en inglés) con la Unión Europea, el primero de este tipo para los europeos. Este acuerdo establece la liberalización comercial recíproca, y sustituye los Acuerdos de Lomé que habían regido las preferencias económicas del Caribe con la Unión Europea.

La República Dominicana, igualmente ha buscado su inserción internacional por diferentes vías, principalmente la comercial. Ha buscado acercamientos simultáneos al Caribe y a Centroamérica; en el primer caso, mediante una solicitud formal de membresía en la CARICOM, pero a la vez participando de la negociación comercial con Europa por vía del colectivo del CARIFORUM. En el caso centroamericano, República Dominicana es un miembro activo de los diferentes mecanismos regionales de integración vigentes en el istmo —desde el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), hasta el Parlamento Centroamericano y otras instancias regionales—. En otras esferas, bajo el liderazgo del presidente Leonel Fernández, el perfil internacional de la República Dominicana ha aumentado significativamente. Tanto es así, que el país se ha colocado como árbitro y mediador confiable en algunas de las más difíciles encrucijadas internacionales de la región caribeña, especialmente durante el golpe de estado de 2009 contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras y en las variadas disputas entre el presidente Hugo Chávez de Venezuela y el expresidente álvaro Uribe de Colombia, en el marco del Grupo de Río. Luego del terremoto de Haití, la República Dominicana pasó a jugar un papel protagónico como plataforma de operaciones para el desplazamiento de masivas cantidades de personal y operaciones de ayuda y reconstrucción del país, además de que ha servido como un centro de planificación estratégica y logística para la reconstrucción del país vecino.

La transición en el poder de Fidel a Raúl Castro en Cuba propició un nuevo desarrollo e impulsó a los vínculos internacionales de Cuba, principalmente con el interés de atraer capitales e inversión en áreas estratégicas como la energía y el turismo. Muchos líderes del continente han visitado Cuba en los últimos dos años, en buena medida como señal a la administración de Obama sobre la importancia de una nueva política estadounidense hacia Cuba como condición para el desarrollo de mejores relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Dentro de este conjunto de líderes, nuevamente destaca el Caribe: el primer mandatario en visitar al nuevo presidente cubano fue el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Goncalves; el Gobierno de Bruce Golding en Jamaica fue el primero en firmar un convenio de cooperación con el Gobierno de Raúl Castro. A su vez, Cuba todavía es una fuente importante de cooperación médica para los países del Caribe oriental y Haití, si bien su desarrollo turístico compite directamente con este importante sector económico de estos países.

Si bien el Gobierno de Raúl Castro ha emprendido una serie de reformas económicas —como el despido de 500,000 trabajadores del Estado y el permiso para la operación en el sector privado de numerosas ocupaciones menores que antes eran potestad exclusiva del Estado— y algunas políticas —como la liberación de presos políticos—, todavía no se ha producido un cambio significativo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba; tema que continúa siendo fuente de tensiones en la región. Los avances hechos durante la administración de Obama, como la flexibilización de los permisos de viaje para cubanoamericanos a la isla, y otras medidas de cooperación, pueden verse limitados luego de la victoria del Partido Republicano en las elecciones del Congreso de noviembre de 2010, y su recuperación de la Cámara Baja del Congreso.

Hay nuevos actores que están jugando un papel importante en las relaciones internacionales del Caribe. La misión internacional de las Naciones Unidas en Haití — MINUSTAH— es liderada por Brasil y cuenta con un importante componente operativo de Argentina y Chile, entre otros países. Además de las tratativas con Cuba sobre temas de etanol y exploración petrolera en el golfo de México, así como el desarrollo de protocolos de cooperación con Guyana y CARICOM, Brasil está demostrando paulatinamente un mayor interés en la región caribeña, proyectándose como potencia emergente en la arena internacional. Con el lanzamiento de Petrocaribe y de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), Venezuela ha marcado un cierto regreso a su “vocación” caribeña, si bien su presencia en la región había sido por mucho tiempo un tanto intermitente e inconsistente. Todos los países del Caribe, excepto Barbados y Trinidad y Tobago, han firmado el convenio de Petrocaribe; la mitad de la membresía del ALBA está constituida por países del Caribe (Cuba, Dominica, San Vicente y las Granadinas y Dominica). ALBA ha jugado un papel en la cooperación para la reconstrucción de Haití, sobre todo por vía de la cooperación médica, si bien ha venido principalmente desde Cuba, siguiendo la línea diplomática establecida en la política exterior cubana.

Las amenazas a la seguridad en el Caribe están cambiando rápidamente, y es aquí donde se muestra uno de los escenarios más complejos de las relaciones internacionales de la región. Los conflictos militares entre los Estados de la región son cada vez menos probables. Con la excepción de la frontera entre Guyana y Venezuela, y de Belice y Guatemala, la gran mayoría de los desacuerdos territoriales entre países caribeños han sido resueltos, todos pacíficamente. Entre 2009 y 2010, Barbados y Trinidad, así como Trinidad y Granada firmaron sendos acuerdos de demarcación de las fronteras marítimas; las diferencias de soberanía entre Guyana y Surinam sobre las aguas territoriales y los derechos de exploración petrolera fueron resueltos igualmente por la vía diplomática.

No obstante, el rápido avance del crimen organizado y el narcotráfico han aumentado los niveles de violencia en países como Jamaica, Trinidad, República Dominicana y Puerto Rico. Debido a la debilidad de los Estados caribeños, el crimen organizado utiliza sus importantes recursos económicos para penetrar las esferas políticas y públicas, en particular en los de menor tamaño. En algunas ocasiones, como en el caso de Jamaica, el crimen organizado ha sustituido la autoridad del Estado en algunas localidades y jurisdicciones.

Este tema, por ser de gran importancia para Estados Unidos, abre un nuevo escenario en las relaciones entre el Caribe y su vecino del norte; si bien uno complicado por la diversidad de intereses y capacidades para enfrentar el peligro común. La recién creada Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe, propuesta por la administración de Obama, compromete una cantidad limitada de recursos para la lucha contra el crimen organizado del Caribe, además de ser un foro de cooperación y coordinación entre Estados Unidos y la región. Casos como la extradición del narcotraficante jamaiquino Dudus Coke a Estados Unidos, con un importante costo en violencia y vidas, además de sus implicaciones para la estabilidad del Gobierno del primer ministro Golding, subrayan los peligros del crimen organizado para la gobernabilidad y la seguridad de todos los países del Caribe.



Autor: Grupo Editorial EPRL
Publicado: 23 de julio de 2012.

Version: 11062102 Rev. 1
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