Proyectos FPH / Lo idílico en el Quijote: La historia de Marcela y Grisóstomo
Galería Multimedios
Galería Audio Galería Vídeo Galería Imágenes     Agrandar y/o Reducir Texto Envíe a un Amigo Versión Imprimir Acceso Universal Ayuda Página oficial de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades.

English version
El Quijote y Sancho
Agradecimientos...

Cuando el Dr. Arturo Morales Carrión, director ejecutivo de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, me comunicó que su Junta Directiva había acordado invitarme a ser la conferenciante humanista del año 1981, comprendí que esa honrosa distinción respondía más que a méritos personales, al sentimiento de amistad. La he aceptado igualmente movida por el afecto que siento por estos buenos amigos: por Arturo a quien conozco desde que era un jovencito inteligente, reflexivo, comprometido ya con su vocación histórica; por el Dr. Ricardo Alegría, amigo de mucho tiempo, de quien tanto hemos aprendido en el reconocimiento y valoración de nuestra cultura nacional. Para ambos y para mis buenos amigos de la Junta Directiva, mi profunda gratitud por tanta generosidad. ¡Dios me ayude a cumplir esta tarea sin defraudarlos!

A. Cervantes, técnico de la novela

Algunos críticos han censurado a Cervantes por haber interpolado en el Quijote de 1605 varias narraciones novelescas que, según su parecer, no tienen relación con la historia principal del hidalgo y su escudero. Una lectura atenta nos va descubriendo, sin embargo, el íntimo enlace, el papel que esas narraciones desempeñan dentro del plan general de la obra. Cervantes como ha señalado Américo Castro, no tiene nada de "ingenio lego"; es uno de los más audaces experimentadores en el campo de la novela, con plena conciencia de lo que hace y de lo que se propone. El rigor conque compone sus obras, la importancia y relieve conque destaca cada detalle nos da razones suficientes para asegurar que todos los episodios y relatos que aparecen en el Quijote responden a una necesidad, y están cargados de sentido. Uno de los escollos que hay que salvar siempre en la interpretación de toda obra barroca es, precisamente, descubrir el orden riguroso que se oculta bajo el aparente desorden.

El Quijote de 1605, tiene especial interés porque Cervantes, al mismo tiempo que creaba un mito y un símbolo inmortales, plantea dentro de esa novela el tema del arte de novelar y crea la forma de la novela moderna. Si se desgajaran del Quijote el capítulo del escrutinio y todas las discusiones literarias que tienen lugar a lo largo de la narración, descubriríamos una especie de tratado sobre la novela sumamente útil -mejor dicho- indispensable, para la comprensión y análisis de las propias novelas cervantinas. Cervantes ha examinado y ensayado todos los tipos novelescos en boga en el Siglo de Oro. La Galatea, de 1585, es una novela pastoril; Los Trabajos de Persiles y Segismunda, de 1616, una novela bizantina; dentro del Quijote de 1605 hay narraciones pastoriles: la de "Marcela y Grisóstomo"; sentimentales; las de "Dorotea y Cardenio', picarescas; la de "Gines de Pasamonte"; psicológicas: la del "Curioso Impertinente"; folclóricas, la de la Pastora Torralba; y moriscas la del Cautivo. Este mismo Quijote, y el de 1615, así como las Novelas Ejemplares, tienen ya la nueva forma descubierta por Cervantes, la que el gran novelista cree adecuada para expresar el destino del hombre moderno en su conflicto con la sociedad.

En el "famoso escrutinio" del capítulo VI del primer Quijote, Cervantes examina las novelas de caballerías y las novelas pastoriles y pasa juicio definitivo sobre ellas; condena las primeras al fuego y salva las segundas, aunque se reserva el derecho de expurgarlas. Y en el Prólogo, asegura que su obra "lleva la mira puesta a derribar la máquina malfundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más". En efecto, los ocho primeros capítulos de la primera parte del Quijote, y varios episodios posteriores, tienen la forma de una parodia de los libros de caballerías, en que las burlas y las veras están sutilmente entremezcladas.

Para el héroe de la gran novela, la lectura de esos libros ha sido mucho más que una distracción: ha trastornado su "delicado entendimiento" hasta el punto de decidirlo a restaurar la orden de los caballeros andantes. De esta manera, Cervantes motiva la presencia del tema literario en su obra y la de todas las discusiones posteriores en torno al arte de la narración.

Desde el punto de vista de las veras, don Quijote -el hombre- ha descubierto su vocación leyendo libros de caballerías y ha cobrado firme conciencia de su ser. "Yo sé quien soy" -dice- "y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aún los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por si hicieron se aventajaran las mías". Cervantes, aquel lector tan aficionado a leer "aunque sean los papeles rotos de las calles", señala así el maravilloso poder de la lectura. Y concibe la novela, como luego la verá Unamuno aunque desde el punto de vista ontológico, como eficaz instrumento de exploración del hombre. Si juzga adversamente la novela de caballerías -aunque gustó tanto de leerlas- es porque considera que su forma y su contenido no responden a la nueva circunstancia social del barroco. Y ya no pueden expresar a un hombre que se ha apartado definitivamente de los ideales medievales. Por razón semejante, expurga las novelas pastoriles, porque expresan los ideales humanísticos del primer renacimiento y no los de la burguesía del siglo XVII. La sobrina de Don Quijote, que pertenece a esa burguesía y que vive en el reino de la historia, quiere que las novelas pastoriles también se condenen al fuego; - Ay, señor," - dijo la sobrina.

Bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demás; porque no sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase hacerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza". Pero el Cura, con más discreción, salva las novelas pastoriles. Cervantes las analizará en la segunda parte del Quijote en 1605, a propósito de la historia de Marcela y Grisóstomo. Este análisis y sus resultados serán el tema de esta humilde reflexión.

B. Resumen de la historia de Marcela y Grisóstomo

La Historia de Marcela y Grisóstomo ocupa los capítulos XI y XIV de la segunda parte del primer Quijote. Terminada victoriosamente la aventura del vizcaino (Cap. IX), don Quijote y Sancho caminan dialogando sosegadamente sobre temas caballerescos (Cap. X). Al anochecer, son acogidos por unos cabreros que, con espontánea hospitalidad y cortesía, los invitan a cenar, curan las heridas de don Quijote, y lo obsequian con el rústico canto de un romance amoroso. En medio del convite, don Quijote pronuncia la alabanza de la Edad de Oro, (Cap. XI). En este momento, un cabrero que llega de la aldea vecina trae la noticia de la muerte de Grisóstomo por amores de la pastora Marcela, y anuncia su entierro para el día siguiente. Don Quijote, lleno de curiosidad, pide los antecedentes del suceso y de sus protagonistas, que el cabrero relata con palabras que don Quijote corrige puntualmente (Cap. XII).

Bien de mañana, parten todos para el entierro. En el camino, don Quijote entabla conversación con Vivaldi, otro curioso que también se dirige al lugar de la ceremonia, y discuten sobre la caballería andante y el amor caballeresco. El entierro tiene lugar con mucha pompa, presidido por Ambrosio, amigo de Grisóstomo y escrupuloso ejecutor de las disposiciones semi-paganas de su testamento. Cuando Ambrosio se dispone a quemar los papeles de su desgraciado amigo, Vivaldi trata de impedir que se ejecute tan irrazonable disposición y le arrebata los pliegos de la Canción Desesperada. Ambrosio consiente por cortesía en dispensar del fuego los papeles que Vivaldi ha tomado (Cap. XIII). La lectura de la Canción da lugar al debate sobre la responsabilidad de Marcela en el suceso. En medio de la discusión, aparece la pastora, hermosísima, sobre lo alto de un peñasco. Ambrosio la increpa, y ella contesta con una discreta justificación de su conducta, demostrando su inocencia. Don Quijote comprende las razones de Marcela e impide que la sigan los testigos del entierro, ya deslumbrados y atraídos por su hermosura. Acabada la ceremonia, todos se marchan y don Quijote se dispone a buscar a Marcela, que ha desaparecido entre los árboles. Va tras ella, pero no la encuentra nunca (Cap. XIV).






Página: 1, 2, 3,




Version: 10082903 Rev. 1
¿Cómo citar este artículo?
Glosario
Ver Glosario
Enlaces Externos
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
Marcela como construcción ideológica de Grisótomo: la dura realidad de la ficción
From "La galatea" through the "Quijotes": The historizcization of the pastoral in Cervantes
La FPH no se hace responsable por el contenido de enlaces externos.