Ciencias / Plantas medicinales: ayer y hoy
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Albahaca/ orégano falso Ocimum basilicum l.:
A través de la historia, el ser humano ha utilizado las plantas no sólo como un elemento alimentario, sino también, como agente curativo. Esta tradición, que se remonta a los pobladores pre-colombinos en la Isla, a pesar de que menguó por los avances médicos, ha crecido en popularidad en épocas recientes gracias al resurgimiento de la medicina natural.

Existe evidencia arqueobotánica que parece indicar que los arcaicos, los cuales arribaron a las Antillas en el tercer o cuarto milenio antes de Cristo, utilizaban ciertas plantas con fines alimentarios y medicinales. Este también es el caso de los saladoides y huecoides (300 antes de Cristo) y ostionoides o pretaínos (300 antes de Cristo), otros grupos indígenas que habitaron la Isla.

Durante el primer siglo de conquista y colonización, el español utilizó y adoptó una serie de conocimientos, hábitos y técnicas propios del indígena antillano, incluidos el uso de las plantas medicinales. No obstante, los conquistadores también fueron incorporando a la flora isleña un sinnúmero de plantas oriundas, tanto de la península Ibérica, como de otras partes del mundo.

La influencia indígena en la medicina popular se complementó con la africana. Los negros provenían de diversos grupos poblacionales de Africa y trajeron consigo su cultura y religión. Las plantas eran un factor importante en los rituales religiosos. También, en muchas ocasiones, eran su única fuente de medicina, ya que los conquistadores sólo proveían el cuidado médico mínimo.

Durante los primeros siglos de conquista, la medicina estaba reglamentada tanto por la Corona española como por Iglesia Católica. Los pobres dependían mayormente de la beneficencia pública y de hospitales municipales para atender sus problemas de salud. Sin embargo, ante la escasez de médicos y la pobreza en la Isla, las prácticas medicinales empleadas por los curanderos y por la población en general, eran las más difundidas y utilizadas.

Se curaban las bubas o pian de los esclavos africanos con un cocimiento de sasarán o sasafrás (Sassafras albidum), con guayacán o palo santo (Guaiacum officinale). Para tratar el pasmo o tétano, se utilizaba fuego y zumo de tabaco (Nicotiana tabacum). El fruto del pajuil (Anacardium occidentale) tiene depósitos de un líquido aceitoso que se empleaba en el tratamiento de la lepra, las verrugas y los callos. Las infusiones de yerba mora o mata de gallina (Solanum americanum) se utilizaban para tratar la acidez gástrica, así como para calmar los síntomas del asma y como sedante.

Las hojas de achiote (Bixa orellana) se amortiguaban con aceite o grasa para aliviar el dolor de cabeza y las hemorroides. Así también, las infusiones de las hojas de achiote se empleaban para aliviar irritaciones e inflamaciones de la garganta. El zumo de yerba bruja (Kalanchoe pinnatum) se usaba para aliviar el dolor de oído y cicatrizar heridas y las hojas de café (Caffea arabica) hervidas en agua contra el dolor y la inflamación, ya que es un analgésico natural.

Estas y muchas otras prácticas medicinales eran de conocimiento popular. En muchas ocasiones, el uso de las plantas medicinales complementaba aspectos de la religiosidad popular, como la santiguación (masajes o sobos con yerbas medicinales acompañados de rezos) o los despojos (purificaciones espirituales). Era muy común que las personas de escasos recursos recurrieran a santiguadoras para resolver sus males físicos.

No fue hasta mediados del siglo XVIII que la Corona llevó a cabo los primeros esfuerzos por reglamentar la práctica de la medicina en la Isla. Sin embargo, las medidas que tomaron permanecieron prácticamente en papel, ya que resultaba casi imposible erradicar las prácticas medicinales a las que recurría la mayor parte de la población. Más adelante, en 1839, el gobernador Miguel López de Baños emprendió una campaña contra los curanderos y exigió a los médicos, cirujanos y farmacéuticos que se registraran en la Secretaría del Gobierno. Más adelante también se prohibió el empleo de medicamentos ajenos a la farmacopea española sin la debida notificación a un farmacéutico.

Las prácticas médicas fueron profesionalizándose mediante la creación de gremiosgremios: Asociación profesional formada por personas que comparten el mismo oficio, generalmente artesanos como carpinteros, zapateros, entre otros. y la divulgación de reglas y libros especializados. Además las farmacias o boticas fueron proliferando por toda la Isla. Sin embargo, estos servicios no eran accesibles económicamente para gran parte de la población puertorriqueña.

Tras la Guerra Hispanoamericana, se establecieron clínicas alrededor de la Isla, y se iniciaron proyectos para controlar la tuberculosis, la malaria y la uncinariasis. Además, se llevaron a cabo campañas de vacunación y de prevención de enfermedades, etc. Poco a poco, el pueblo fue dejando a un lado los tratamientos caseros basados mayormente en plantas medicinales.

No obstante, estos métodos naturales no quedaron del todo en el olvido. La ciencia moderna debe mucho al uso popular de las plantas medicinales. El conocimiento empírico de estas plantas picó la curiosidad de muchos botánicos y otros investigadores alrededor del mundo, lo que llevó a que se descubrieran las sustancias químicas que se encontraban en las plantas responsables del alivio o curación. Este conocimiento ha permitido que muchas farmacéuticas utilicen sustancias químicas extraídas de plantas (o recreadas artificialmente) para crear una gran variedad de medicamentos.

En la actualidad, se ha popularizado la medicina integral, es decir, que se complementa la medicina convencional con la alternativa, la cual ha rescatado parte del conocimiento tradicional de la medicina natural. Mientras en el pasado, las personas obtenían estas yerbas directamente de la tierra, en el mundo contemporáneo visitan farmacias o centros de salud naturista en los que tienen acceso a suplementos nutricionales que contienen las sustancias naturales.

Referencias

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Maldonado, Norman. “Historia de los servicios de salud pública: Una visión desde 1900 hasta el inicio de la regionalización”. Revista Galenus 2 (s.f.): s.p. Web. 13 mayo 2010.

Núñez Meléndez, Esteban. Plantas medicinales de Puerto Rico: folklore y fundamentos científicos. San Juan, P. R.: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1982. Impreso.







Autor: Grupo Editorial EPRL
Publicado: 12 de septiembre de 2014.

Version: 10070702 Rev. 1
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