Proyectos FPH / Puerto Rico más allá de su historia visible
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Cartel conmemorativo de Enrique Laguerre, Humanista del año 1984
Hay hitos en la historia que son muy visibles aun cuando no se tenga un amplio y profundo conocimiento de ellos. He aquí algunas ilustraciones relacionadas con nuestra historia de pueblo. El descubrimiento de América o de Puerto Rico, los ataques de ingleses, franceses, holandeses, con motivo de los conflictos europeos en el Caribe; las proyecciones de la Revolución Francesa en el siglo XIX; las Cortes de Cádiz; la primera República española; la Autonomía nuestra de 1897; la invasión de Estados Unidos en 1898; la ciudadanía estadounidense de 1917; el Campamento Las Casas; las revisiones culturales de la década de los treinta, la fundación del ELA en 1952; el establecimiento del Instituto de Cultura en 1955, entre otros. Algunos de esos hitos parecen venderse a mitad de precio en algunas de las grandes empresas comerciales.

Se podría conocer más a fondo esa historia, reflexionar sobre ella, sea con los motivos o intenciones políticos, sociales o culturales que sean, y entraría en planos aún más visibles, amplios y profundos.

Digamos, no son muchos los que aquilatan con algún caudal de justicia histórica las funciones de laboratorio humano, zoológico y botánica de las Antillas en los primeros tiempos de la colonización occidental. Basta leer una novela como el Enriquillo de Manuel de Jesús Galván para ponderar aquellos sucesos. Para mí no hay la menor duda que las Antillas son la tierra más americana de América.

Los conflictos europeos del Caribe son sin duda muy visibles en nuestros días con la presencia de franceses en Martinica, ingleses en Jamaica u holandeses en Curazao. Pero fue España quien se tomó la iniciativa en la consecución de la gran hazaña de entonces. Desde aquel momento aquí quedaron establecidas manifestaciones sociales de tanta importancia como la piratería, el monocultivo y el mestizaje. En la primera obra antillana del ciclo épico de América -Espejo de paciencia- se reflejan tan singulares realidades.

Las proyecciones de la Revolución Francesa del siglo XVIII vinieron a dar nueva fisonomía política a las naciones que se habían formado en América. Todo eso es demasiado visible para que pase inadvertido. Aunque tardíamente esos aires entraron en nuestra casa en el siglo XIX: espíritu autonomista o separatista, el acontecimiento de 1897.

Los sucesos de 1898 interrumpieron la evolución histórica de Puerto Rico.

En su valioso libro Idioma y Política, Alfonso L. García Martínez destaca tres realidades: se usa el inglés como instrumento de norteamericanización; lucha de los puertorriqueños por conservar su lengua; fracaso del bilingüismobilingüismo: Uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona. en nivel popular.

El 26 de octubre de 1898 comenzó a usarse el inglés como idioma oficial. La situación se mantuvo con la Ley Foraker (1900-1917). Aún ronda por ahí el fantasma de una ley de idiomas aprobada en 1902. Pero la verdad es que, desde el punto de vista de pueblo, entre nosotros no existe el bilingüismo.

Estados Unidos encontró en Puerto Rico lo que no encontró en Hawaii o Alaska: población masiva en poco territorio y homogeneidad cultural. Las emigraciones forzadas por razones económicas comenzaron desde principios de siglo pero, en términos generales, el puertorriqueño sigue siendo puertorriqueño.

Creo que el establecimiento del Campamento Las Casas en 1917 dio la tónica migratoria: primero del campo a la ciudad o la aldea, luego a Estados Unidos. Estas migraciones internas acentuaron el mestizaje. Todavía está por verse qué influencia permanente tendrá el tránsito migratorio entre Puerto Rico y Estados Unidos. Y... ¿qué penetración cultural llegará a tener el cable T.V.?

Durante 12 ó 14 años después de 1898, hubo un gran silencio cultural en Puerto Rico. El propio Zeno Gandía, que prometió una serie de novelas luego de publicadas La Charca y Garduña, también calló.

Se me figura que con la aparición de la Revista de las Antillas en 1913 se quiebra ese silencio. La fe iberoamericanista guía los pasos de los estupendos 14 números de la Revista de las Antillas. Aquí comienza la revisión de nuestro haber cultural. Nos salvaba el que no se nos pudiera dominar culturalmente desde adentro.

A mí no me extraña la hispanofilia de que se acusa a Pedreira como caudillo intelectual de la generación del 30. Por las realidades sociales, culturales y políticas de que hablaba anteriormente, se puede entender que se utilizara la cultura hispánica como un medio de detener el avance de la norteamericanización.

La situación es harto comprensible y precisa verla en contexto del momento. Es muy probable que Pedreira, que murió muy joven, si hubiere vivido más tiempo, habría templado sus juicios. Pedro Henríquez Ureña fue también bastante hispanófilo, pero fue, al mismo tiempo, un maestro continental americano. El espíritu revisor de los intelectuales treintistas, que tuvieron inicialmente como portavoz a la Revista lndice, es demasiado obvio para que se dude de él. Hubo amplio estímulo para las tareas de investigación y para la creación artística, incluso la música y las artes plásticas. Nadie puede negar el genuino interés puertorriqueño de la generación. Creo que fue Leopardi quien dijo que las personas son ridículas sólo cuando quieren parecer o ser lo que no son. Se puede diferir de esta o aquella posición ideológica de Pedreira, pero no me cabe la menor duda de que realizó una sobresaliente tarea magisterial.

De los sorprendentes cambios socio-económicos que advienen después de los cuarenta se pueden dar opiniones manifiestamente positivas y también negativas, desde el punto de vista cultural colectivo. Qué duda cabe que los hijos de antiguos jornaleros y peones salieron ganando: entre ellos proliferaron las oportunidades profesionales y los empleos antes reservados para un puñado de familias. A la escuela pública podrá acusársela de muchos errores, menos que no cumpliera con los postulados de nivelación social.

Sin embargo, de la pobreza extrema saltamos al consumismo insensato y aun quisimos volcar un continente en el estrecho recinto de una isla. Se me figura que la libertad para esquilmar a los consumidores no debe ser práctica de la democracia.

Sobre todo, se institucionaliza la dependencia que, a la postre, resulta tan deprimente como la pobreza misma. Ni aun la fundación del ELA en 1952 canceló la ambigüedad detestable de nuestras relaciones con el poderoso país industrial. Desde entonces, deliberadamente la Metrópoli cierra las posibles aperturas hacia un crecimiento político.

La tarea que se impuso el Instituto de Cultura desde su establecimiento en 1955 fue la de poner a fluir nuestra expresión nacional a través de plurales medios. Se fue afortunado poder contar con la voluntad de trabajo creador de un hombre de ciencias humanizado: Ricardo Alegría. Se pone empeño en dar relieve a los verdaderos orígenes de nuestra composición poblacional. Las expresiones literarias-particularmente el teatro -adquiere resaltes insospechados; se patrocinan las artesanías, la restauración de viejos monumentos arquitectónicos, las artes todas, las publicaciones de investigación, los museos, entre otros muchos actos de educación y de cultura. Sobre todo, la proliferación de las casas de cultura. No se piensa sólo en la Capital, sino en toda la isla.

Pero no amengua la ambigüedad de nuestras relaciones políticas con Estados Unidos. La revista Time del 8 de febrero de 1960 relata que en 1955-año de la fundación del Instituto de Cultura -Luis Muñoz Marín invitó al presidente de Costa Rica, Sr. José Figueres, a Puerto Rico, en donde Rómulo Betancourt, amigo de ambos, residía. El jefe de Asuntos Latinoamericanos de la Secretaría de Estado Federal, Sr. Henry Holiand, llamó apresuradamente a don Luis por teléfono (y en ello puso mucha insistencia) para que sacara a Betancourt de Puerto Rico mientras Figueres estuviera aquí de visita. El más adelante presidente de Venezuela tuvo que salir. Naturalmente, Estados Unidos no quería enojar al dictador Pérez Jiménez, que entonces gobernaba en Venezuela.

Aunque parezca que se le da demasiado resalte a una situación como ésa, muestra es de la ambigüedad política a que he hecho referencia antes.

Y dicho sea de paso, pocas literaturas en el mundo entero son tan libres e independientes como la estadounidense, cuyas más ilustres figuras-Whitman, Faulkner, Hemingway, O'Neill, Tennessee William -bastante han influido en nuestras letras. Y no es sorprendente que esa influencia haya llegado a escritores nuestros que se han distinguido por sus convicciones independentistas.

Según estadísticas, en Estados Unidos, el 10% de la población maneja para sí bienes cuyo total es igual al 50% que reciben los más pobres. Las familias más opulentas 1.2%- poseen cerca de 32.5 veces más. Eso explica, en buena parte, las decisiones tomadas por el gobierno federal para proteger fuentes de materia prima en beneficio de la gran industria.






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Version: 09052201 Rev. 1
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