Proyectos FPH / Deporte e Identidad en Puerto Rico
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¿Qué une a los puertorriqueños?
Puerto Rico primera potencia atlética: 1938

La óptima demostración de la delegación puertorriqueña en los III Juegos Centroamericanos y del Caribe dejó claro el gran potencial que tenían nuestros atletas en competencias como éstas. Por ello, desde 1938, el deporte toma en Puerto Rico un sitial de honor y comienzan a proliferar organizaciones especializadas, como la Federación Insular de Baloncesto (FIB), precursora de la actual Federación de Baloncesto. Consecuentemente, y para acrecentar el ímpetu, la delegación puertorriqueña logra su mejor demostración en una competencia internacional durante los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Panamá desde el 5 hasta el 24 de febrero de 1938. Posteriormente, y por causa de la Segunda Guerra Mundial, estos certámenes se verían obligados a recesar durante ocho años. Puerto Rico llevó a Panamá una delegación de 114 atletas en la rama masculina y 19 en la femenina (tras un extenso debate público), después del gran respaldo y la aportación económica legislativa que encabezara Celestino Iriarte.

No obstante, esta participación contó con múltiples manifestaciones de solidaridad. De hecho, el presidente interino de la Comisión de Recreo y Deportes Públicos, Teófilo Maldonado, hizo un llamamiento patriótico a todos los puertorriqueños, con el fin de allegar dinero para los atletas. Y los dueños de galleras dijeron “presente”, al acordar con esta Comisión ceder sus instalaciones -el 6 de febrero de 1938- para recolectar fondos. La convocatoria de Maldonado llegó incluso a los estudiantes de escuelas públicas y privadas, para aportar individualmente un centavo en pos de nuestros deportistas en Panamá, y se extendió -con éxito- a entidades industriales, agrícolas y comerciales, que en su mayoría habían permanecido al margen del asunto. ¿El resultado?: la notoria suma de $4,600 , provenientes de un pueblo orgulloso de su delegación.

La magnitud de la demostración deportiva de nuestra delegación resultó inigualable. Obtuvo un total de 37 medallas (16 de oro, 11 de plata y 10 de bronce) para coronarse como el campeón de los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe. Sin lugar a dudas, este triunfo avivó todavía más el entusiasmo de sus compatriotas. En la rama masculina sobresalieron Eugenio Guerra, Eulalio Villodas, Gaspar Vásquez y Rubén Malavés, al obtener oro en el relevo 4 x 100 metros; Horacio Quiñones, oro en 110 metros con vallas ; Antulio Pietri, oro en lanzamiento de bala ; Juan Luyanda, oro en salto largo y salto alto; Juan Rafael Palmer, oro en salto triple; Salvador Torros, oro en Pentatlón ; Ian Murphy, oro en lanzamiento de disco ; y José Antonio Figueroa, oro en lanzamiento de jabalina . En la rama femenina, la figura sobresaliente fue Rebekah Colberg.

Otra vez la prensa alababa las ejecutorias de la delegación local, y el columnista Arturo Gigante señalaba “... nuestros atletas marcharon a los Juegos Olímpicos Centroamericanos y del Caribe llenos de fe y entusiasmo, confiando en que dejarían el nombre de Puerto Rico muy en alto, como en anteriores ocasiones...”. El mismo columnista, en otro artículo, destacaba lo que nuestros atletas habían hecho:

“¡Ese es Puerto Rico! ¡Ese es Puerto Rico encarnado en Figueroa, tirándose contra el suelo al romper la marca olímpica por 1 centímetro, y en Luyanda, haciendo un esfuerzo sobre-humano para derrotar a Bello, de Cuba, en el triple salto, por escasamente otro centímetro! Ese es Puerto Rico ausente, desbordándose en el corazón de sus hijos, que contra inconvenientes y vicisitudes han logrado hoy que el nombre de nuestra pequeña isla sea repetido con admiración y respeto por todas las naciones que, formando un enorme corazón en el mapa, son el núcleo de repúblicas hispanas, espinazo y médula de nuestra raza”.

Y a este júbilo se sumaban los titulares del periódico El Mundo, anticipando que “Será impresionante el recibimiento a los atletas. Tan pronto desembarquen se efectuará una gran parada en su honor”.

Puerto Rico y los V Juegos Centroamericanos de 1946

Más allá de la creciente fama institucional de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, fueron varios los obstáculos que tuvo que vencer la Junta de Delegados que organizaba el quinto encuentro. En primer término, Costa Rica, país seleccionado como próxima sede, tuvo que renunciar por la difícil situación económica que estaba atravesando. Y Colombia, que era primer suplente, aceptó el reto pero no pudo lograr su objetivo en 1942.

Lógicamente, una gran amenaza arropaba al mundo entero. La Segunda Guerra Mundial había estallado en 1939, abortando la celebración de cualquier actividad deportiva de carácter olímpico, incluyendo las competencias centroamericanas y caribeñas que venimos reseñando. No sería hasta 1946 cuando por fin pudieron efectuarse los V Juegos Centroamericanos y del Caribe. A pesar de que Puerto Rico había solicitado ser la sede, tuvieron lugar en Barranquilla, Colombia, y se extendieron del 8 al 28 de diciembre.

Según lo visto, la guerra no había hecho mayor daño al espíritu deportivo, de modo que se estableció un récord de asistencia, con 1,540 atletas de 13 países. Puerto Rico participaba con su mayor delegación internacional hasta el momento, compuesta por 187 atletas (135 en la rama masculina y 52 en la femenina). Sin embargo, la Isla consiguió menos medallas que en la gloriosa ocasión anterior (1938).

En este punto, no obstante, vale la pena aclarar que varios progresos institucionales se habían producido en Puerto Rico durante el conflicto bélico mundial, y muchos de ellos habían impactado favorablemente al desarrollo del deporte. Así, por ejemplo, en 1943 la Ley 40 enmendó las facultades de la Comisión de Recreo y Deportes Públicos, para permitir la intervención de la Comisión en Deportes Aficionados (su alcance había estado limitado hasta entonces a deportes profesionales, particularmente boxeo).

En esa época, Julio Enrique Monagas dirigía -por nombramiento del gobernador Tugwell- la Administración de Parques y Recreos Públicos, entidad que dio un gran impulso al deporte en la Isla. La Administración de Parques, como se le conoció, fue la responsable de organizar y supervisar el deporte y sus respectivas estructuras en el país. Y fue Monagas (a quien mucho le debe la actividad deportiva puertorriqueña, sumado al sólido apoyo que le brindara Luis Muñoz Marín) el responsable de congregar a los atletas para la próxima competencia internacional.

Ya en Barranquillas, los atletas boricuas ganaron 24 medallas (9 de oro, 8 de plata y 7 de bronce). El oro en algunas actividades de atletismo correspondió a José Vicente, salto con pértiga; Francisco Castro, salto triple ; Manuel Seone, lanzamiento de disco; y Néstor Marchany, pentatlón. Pero perdimos el campeonato olímpico de atletismo frente a Cuba, por 105 a 87 , y Puerto Rico ocupó el segundo lugar. En boxeo, sin embargo, la suerte fue otra: la Isla ganó tres preseas de oro: Juan Venegas, peso gallo; Orlando Reverón, peso semicompleto; y Evaristo Reyes, peso completo. En softbol femenino, y a pesar de debutar, nuestro equipo conquistó el oro. En tiro, George C. Johnson también logró oro , aunque no sucedió lo mismo en voleibol masculino, pues resignamos la corona frente a Cuba.

En contraste con exaltaciones previas, la limitada actuación de los boricuas en estos Juegos dio pie a múltiples críticas de deportistas y columnistas deportivos. Elmo Torres Pérez, en su artículo Atletismo, publicado en el periódico El Mundo, comentaba la profunda derrota del equipo atlético y señalaba que “... el hecho demanda, absolutamente, que se tomen las provisiones debidas -cuanto antes mejor- para así restaurarle a Puerto Rico su supremacía atlética en las próximas Olimpiadas, si es que la Isla ha de estar representada en Guatemala”.

Por su parte, Gilberto González Juliá, capitán del equipo olímpico de atletismo de Puerto Rico, en su quinta edición, atribuía el pobre desempeño de su delegación en Barranquilla a varios factores: la pobre publicidad que recibían los atletas; la falta de instalaciones para entrenamiento; una alimentación inadecuada; y la necesidad de contar con técnicos más preparados para dirigir un equipo de pista y campo, que existían en Puerto Rico pero no tenían asignadas tales tareas.

A su vez, Eugenio Guerra, entrenador-jefe de esta vapuleada delegación puertorriqueña, añadía que “... faltó la inspiración del himno borinqueño, o una bandera patria”. Y no estaba lejos de la verdad, dado el hecho de que muchos fanáticos humillaron a los atletas boricuas en plena competencia. Al respecto, cuando Francisco Castro ganó medalla de oro en triple salto, le gritaron “campeón de colonia”; y muchos espectadores se quedaban sentados o silbando aisladamente al toque de “The Star Spangled Banner”.






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