Economía / Las haciendas cafetaleras
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Definición y componentes

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Hacienda María
Durante las últimas dos décadas del siglo XIX, el café fue el principal cultivo de exportación de Puerto Rico. La siembra del fruto se limitaba a las regiones montañosas de la Isla y se producía en fincas agrícolas o de campo, llamadas haciendas, éstas se caracterizaban por la producción abundante de café. La productividad y la organización del trabajo era lo que definía a las fincas; el cultivo, procesamiento y venta del café eran las tareas principales de estas llamadas haciendas cafetaleras.

Las haciendas estaban conformadas como pequeñas o medianas comunidades que dependían económicamente de su producción, éstas podían variar en extensión de terreno. Cada hacienda, buscaba ser autosuficiente, por lo que utilizaba los medios que tenía a la mano para atender sus necesidades. En la medida que le era posible obtenía la materia prima de los recursos de la misma finca; la madera, para la construcción de vivienda, muebles, edificios y maquinaria; la piedra, la cal y la tierra, para la construcción de tanques, pisos y el glácil eran ejemplos de esta actividad. Para el secado del café se utilizaba la luz solar, así como para generar fuerza motriz, el agua y el viento.

Por lo general, el núcleo o centro de la hacienda consistía de un grupo de estructuras que estaban rodeadas por el cafetal. En dicho centro se encontraba la casa de máquinas, lugar donde se despulpaba el café, el glácil, las correderas o secadoras eléctricas, los almacenes y los establos. Próximo al área de trabajo se encontraba el semillero y la casona o casa grande, donde vivía el propietario o hacendado. Cerca de ésta última, vivían en pequeñas casas los agregados o "arrimados" –jornaleros que habitaban en la finca del propietario y cobraban sólo cuando se les ocupaba–, los cuarteles o dormitorios de los jornaleros y la casa del mayordomo. Las haciendas solían tener una tienda, conocida como tienda de raya, donde los trabajadores adquirían mercancía con el uso de vales o fichas. Algunas llegaron a contar con panadería, horno de cal, aserradero y trapiche para la producción de su propia azúcar y ron.

La casa grande o casona era la estructura principal de la hacienda. Generalmente estaba construida de madera y los techos, de dos o cuatro aguas, se hacían de metal acanalado. Esta casona se levantaba sobre una base en mampostería u hormigón y en zocos de madera que sostenían pisos de tablones del mismo material. Poseía balcón corrido a lo largo de la fachada frontal, que en ocasiones se extendía a las cuatro fachadas con varias puertas de doble hoja abriendo hacia el Este. Los detalles arquitectónicos eran similares a los encontrados en muchas casas de familias acomodadas de la Isla y eran de calidad artesanal.

La mayor parte de las casonas tenían planta rectangular, con el típico arreglo de un espacio central principal para la sala y antesala o comedor con áreas para habitaciones a cada lado que se comunicaban en el interior. Algunas tenían galería posterior y martillo, obteniendo una planta en forma de "L", donde se localizaban los cuartos de servicio, cocina, almacén y baño.

En este tipo de arquitectura rural era importante la integración de las viviendas a las faenas agrícolas. La localización de la casona era importante y se le ubicaba en un punto céntrico con vista a las otras estructuras y actividades circundantes para supervisar las mismas. En ocasiones, se construía sólo una edificación con varios usos. Si era de dos pisos, el cuarto de maquinas, el almacén, las áreas de administración y hasta una tienda para los obreros se podían ubicar en el primer nivel. En otros casos, la casona se encontraba independiente del resto de las edificaciones.







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