Proyectos FPH / Seguridad o libertad, el debate contemporáneo
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Portada Puerto Rico en el mundo
El reciente debate político y jurídico en Estados Unidos sobre el reclamo de la administración actual para disponer, sin restricción alguna, de los llamados combatientes enemigos es emblemático de lo que ha venido a ser uno de los conflictos cen­trales en el mundo hoy: la tensión entre los derechos humanos y la seguridad del Estado.

Esta contraposición de libertad y seguridad no es tema nuevo en tanto tiene una raíz profunda en las contradicciones estructurales del Estado de Derecho. Desde el momento en que irrumpe la mo­dernidad bajo el manto del credo democrático-ilus­trado hace más de dos siglos, el mundo occidental ha vivido momentos de expansión de instituciones libres interrumpidos por episodios de retraimiento. Auschwitz, Dresden, Guernica e Hiroshima signifi­can momentos terribles, lo que Hannah Arendt ha llamado tiempos de oscuridad; asimismo, términos como Estado de Excepción, Ley Marcial y Suspensión de Garantías delatan prácticas autoritarias montadas sobre imperativos de orden y seguridad.

Pero también hemos disfrutado momentos enal­tecedores de expansión de libertades. En Estados Unidos, por ejemplo, los años terribles del macar­tismo al comienzo de la guerra fría fueron seguidos, afortunadamente, por décadas de fortalecimiento y ampliación de libertades resultando en un ambiente de particular optimismo.

Fueron los años de la Corte de Warren, el movi­miento por los Derechos Civiles, la oposición a la Guerra de Vietnam y el comienzo de iniciativas am­bientalistas.

Los eventos del 11 de septiembre de 2001, en tanto han exacerbado un sentido de vulnerabilidad en comunidades que hasta entonces se sentían in­munes a la violencia de los conflictos globales, pa­recen haber introducido en Estados Unidos un clima oscurantista, de sentimientos nacionalistas, abyectos y paranoicos, que ven en el otro un enemigo implaca­ble y sub-humano.

En la medida en que se percibe que ese otro se empeña en hacerles la guerra por medio del terroris­mo, se intenta justificar la construcción de un muro físico y político, amplio y masivo, que no excluye la violencia de Estado (pre-emptive war) y la deroga­ción, en la práctica de libertades constitucionales. La mala fortuna de que esos dramáticos eventos coinci­dieran con un régimen conservador en la Casa Blanca, inclinado al simplismo nacionalista cuasi-fundamen­talista, propició la articulación de una política pública que prioriza la seguridad, por cualquier medio, sobre las tradiciones liberales de derechos ciudadanos y valores humanistas.

Por suerte, la reserva liberal de la cultura estadouni­dense ha propulsado una oposición masiva a esa nueva política oficial que reduce todo a la imperiosa categoría de national security, bajo el manto de la Guerra contra el terrorismo. Sectores amplios y diversos, que incluyen numerosos representantes de la clase políti­ca, cuestionan día a día la validez de esa postura, en tanto contradice la política estadounidense tradicional, su tradición diplomática y fundamentos de la argu­mentación oficial, poniendo al descubierto sus rasgos manipuladores y el poco respeto que muestran ante las instituciones venerables del ethos estadouniden­se.






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