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Portada Puerto Rico en el mundo

El mundo globalizado de comienzos del siglo XXI ha tornado obsoletas nociones tradicionales de soberanía nacional y relaciones internacionales, abriendo espacios interesantes de experimentación con estructuras supranacionales de soberanías comparti­das. Se ha puesto en movimiento una transformación de los Estados-nacionales en un arco iris de figuras ju­rídicas novedosas, como testimonia el caso de la Unión Europea. Son tiempos de superar inseguridades y abrir­le espacios a la imaginación, a la creatividad política.

El ethos democrático estipula, para que pueda prevalecer la condición de libertad, que por más contenciosas que puedan ser las luchas ideológicas y electorales internas, subyace una cultura política común a todos que hace posible concertar acuerdos funcionales como, por ejemplo, adoptar una Ley Or­gánica o Constitución. En Puerto Rico, sin embargo, los partidos políticos y los medios de comunicación se empeñan a diario en empañar y evitar el diálogo, privilegiando un ambiente adversarial en torno a lealtades partidistas y supuestos moralismos ideoló­gicos. A pesar de esta tendencia a la inmovilidad y el desasosiego, prevalecen en el país ideas compartidas capaces de orientar diálogos útiles y servir de base para convenios funcionales sobre nuestro futuro.

Las cinco nociones compartidas, descritas a conti­nuación, constituyen un punto de partida para ese po­sible diálogo cívico-político con el fin de poner al día nuestro ordenamiento constitucional y superar la insu­ficiencia democrática actual que a todos nos rebaja.

1-Puerto Rico es un ente real, delimitado por una forma par­ticular de ser. La geografía, cultura, anhelos e historia propios, nos hace diferentes del resto de la humanidad. Somos, en otras palabras, una polis particular, perceptible y definible aunque en conti­nua transformación. Llámese nación, pueblo, o cualquier otra cosa, el concepto de una identidad común se sobre­pone a diferencias sociales, económicas, sectoriales, po­líticas, raciales, geográficas y de género. Somos, ante todo, puertorriqueños (con o sin an­siedad de serlo).

2-La responsabilidad supre­ma del Estado y su estructura político-administrativa (go­bierno) es proveerle a la co­munidad estabilidad, bienestar y progreso; es decir, mejorar la situación material, normativa y espiritual de sus ciudadanos. El ejercicio del poder político debe estar dirigido a ese fin; cualquier otro es ilegitimo.

3-El fundamento de nuestra organización político-consti­tucional, en virtud de la moder­nidad, es la democracia liberal, entendida como un Sistema de Ley (Estado de Derecho) con derechos individuales inaliena­bles (sociedad de gente libre) y un sistema de sucesión basado en elecciones periódicas con sufragio universal. Ninguna transformación futura debe trastocar ese estado de situa­ción institucional.

4-No obstante el rumbo que pueda tomar la relación formal con Estados Unidos, se debe mantener algún vínculo de unidad. El símbolo universal de ese vínculo es la ciudadanía estadounidense actual, exten­dida a futuras generaciones; ya sea ésta percibida como ciudadanía exclusiva o como parte de una doble ciudada­nía. El valor de la ciudadanía compartida se monta sobre tres consideraciones prác­ticas fundamentales: 1) la integración de Puerto Rico a la economía más poderosa del mundo con su cultura de consumo; 2) el libre flujo mi­gratorio a Estados Unidos; y 3) la transferencia de fondos provenientes del Estado be­nefactor estadounidense.

5- La relación actual con Es­tados Unidos es insatisfactoria; sigue siendo colonial o al menos denota una insuficiencia democrática. Se requiere, por lo tanto, algún tipo de transformación, una puesta al día, aunque la situación no es tan grave como para aceptar cualquier cambio. El estatus quo es preferible a cualquier cambio radical, irreflexivo o unilateral.




Roberto Gándara Sánchez
Editor
Centro de Investigación y Política Pública














Autor: Proyectos FPH
Publicado: 22 de enero de 2008.

Version: 07101901 Rev. 1
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