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Desafortunadamente, las estadísticas oficiales sobre el flujo de personas entre la Isla y Estados Unidos son poco confiables, debido a la ausencia de registros migratorios. En los años cuarenta, la emigración puertorriqueña alcanzó niveles masivos, llegando a su nivel más alto en los años cincuenta. Durante las décadas de 1960 y 1970, el éxodo se estabilizó, pero volvió a aumentar durante los ochenta y noventa. En total, más de un millón de personas se mudó de la Isla a lo largo del siglo XX. Hoy día, el flujo de puertorriqueños hacia el exterior continúa sin tregua.
Desde mediados de los años sesenta, la diáspora boricua se ha caracterizado por un creciente movimiento "de puerta giratoria". La emigración neta se redujo a un mínimo y pareció detenerse momentáneamente a inicios de los setenta. Por primera vez desde los años treinta, más puertorriqueños regresaron a la Isla que los que se fueron a Estados Unidos. Entre las principales causas de la migración de retorno se destaca el deterioro de las condiciones de vida y trabajo en Nueva York, particularmente en el sector manufacturero. Como resultado, el movimiento de puertorriqueños y sus descendientes a la Isla ha adquirido una gran escala. La presencia de cientos de miles de personas nacidas o criadas en el exterior y que hablan inglés como primer idioma plantea cuestiones importantes acerca de la identidad nacional en la Isla, especialmente el papel de la lengua española como símbolo de esa identidad.
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