Arqueología / Historia precolombina de Puerto Rico
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Los saladoides y huecoides

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Amuletos mítico-religiosos en piedra de la cultura pretaína
Para el 300 antes de Cristo grupos del tronco lingüístico arahuaco provenientes del medio y bajo Orinoco en Venezuela emigran en canoas a través de las Antillas Menores y se establecen por primera vez en el sitio de Hacienda Grande, Loíza en el noreste de Puerto Rico. Traen consigo la elaboración de una bella cerámica policromada, la cual se pintaba comúnmente de blanco sobre rojo denominada por los arqueólogos saladoide y, además, la práctica de la agricultura. Junto a éstos viene otro grupo llamado huecoide que elaboraba una cerámica sin pintura y amuletos que posiblemente representan el cóndor andino y que tendría un origen en los Andes venezolanos. Los huecoides se han documentado en los yacimientos de La Hueca en Vieques y Punta Candelero en Humacao. Algunos arqueólogos agrupan a los huecoides con los saladoides y difieren en cuanto a la interpretación de que los amuletos ornitomorfos sean cóndores y por lo tanto reflejen una emigración que viene originalmente desde la Cordillera Andina. Además de la cerámica, los saladoides manufacturaban pequeñas cuentas y adornos hechos de piedras semi preciosas y madre perla, sus yacimientos se encuentran cercanos a las costas en las desembocaduras de los ríos alrededor de toda la isla.

La evidencia arqueológica recopilada en los yacimientos de Maisabel y Paso del Indio en Vega Baja indica que los saladoides probablemente vivían en malocas o casas comunales ovaladas que albergaban todo el poblado. Estaban agrupados en un estado político tribal. En el centro del poblado había un espacio abierto donde se ubicaba una plaza sin enmarcar con piedras y allí se realizaban actividades cotidianas y rituales. El subsuelo de la misma servía como cementerio de la tribu y se consideraba conectado al Cielo y al Coaybay, Mundo de los Muertos, por un árbol cósmico que existía en un plano espiritual. Los saladoides y huecoides probablemente profesaban una religión animista que rendía culto a las fuerzas y los espíritus de la naturaleza.

El alimento principal de los saladoides parece haber sido la yuca “Manihot esculenta”, lo que se infiere por la presencia de burenes. La agricultura de la yuca fue seguramente combinada con la del maíz “Zea maiz”, la piña “Ananas sp.”, la yautía “Xanthosoma sp.”, los árboles frutales y otros productos vegetales que han sido recobrados en estudios paleobotánicos. A estos cultivos se añadía la caza menor, la pesca y la recolección de caracoles marinos y moluscos. Sobresale la captura del cangrejo de tierra “Cardisoma guanhumi”, cuyas palancas se encuentran en residuarios de los yacimientos en gran abundancia.

Según la teoría original de los arqueólogos Irving Rouse y Ricardo Alegría, a quienes se deben las identificaciones culturales vigentes hoy día, los saladoides conquistan, exterminan en muchas áreas y marginan a los arcaicos que dominaban anteriormente las Antillas. Por otro lado interpretaciones más recientes añaden que además hubo convivencia, transculturación y probablemente mestizaje entre los arcaicos y los ceramistas saladoides. Hacia el 400 después de Cristo los saladoides se empiezan a mover hacia los valles interiores de la isla y se extienden hacia el piedemonte de la Cordillera Central. Se les conoce en este periodo como saladoides cuevas, por el yacimiento Las Cuevas en Trujillo Alto. Una aldea saladoide cuevas compuesta de varias casas comunales fue excavada hacia 1995 en Paso del Indio, Vega Baja, en un valle entre mogotes al lado oeste del Río Indio.

Los ostionoides o pretaínos

Para el 600 después de Cristo estos grupos mestizos compuestos de arcaicos preagroalfareros y ceramistas arahuacos evolucionan en los pretaínos, también llamados "ostionan" y "elenan ostionoides". Con la cultura pretaína se construyen las primeras plazas ceremoniales enmarcadas en piedra y Tibes en Ponce despunta como el centro cívico-ceremonial más importante en las Antillas. En estas plazas adornadas con petroglifos o figuras talladas en las piedras, probablemente se recitaban los mitos ancestrales, se practicaba el juego de pelota y se celebraban importantes ceremonias mágico- religiosas. Mediante estudios de arqueoastronomía se ha podido demostrar que los pretaínos de Tibes orientaban algunas de sus plazas hacia la salida y puesta del sol en equinoccios y solsticios y hacia la salida y puesta de algunas constelaciones. Este conocimiento astronómico demuestra la probable existencia de un calendario agrícola.

Hacia el 900 después de Cristo ocurre un cambio en el patrón del poblado y se dividen los espacios públicos y rituales. El patrón de casas comunales cambia a uno compuesto de casas ovaladas más pequeñas alrededor de una plaza central elaborada de hileras de piedra o camellones de terreno según la evidencia recopilada en Paso del Indio y otros yacimientos. Esto es reflejo de profundos cambios sociales y políticos que marcan la transición de las tribus a un sistema político de cacicazgos o jefaturas.






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Version: 06102004 Rev. 1
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