Historia / Invasión inglesa de 1797
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Grabado de la invasión inglesa en 1797
En abril de 1797 decenas de buques ingleses y miles de tropas anclaron en la costa de Loíza, frente a Punta Cangrejos (Piñones). La flota estaba bajo el mando del gene­ral Ralph Aber­crom­­by y del almirante Henry Harvey, dos de los jefes militares más destacados de la época. Las 68 na­ves inglesas transportaban 14,000 soldados y marinos, de los cuales 3,000 tropas lucharon en tierra. A pesar de la magnitud de la fuerza invasora, en dos semanas las fuerzas inglesas fueron derrotadas y debieron ir­se en fu­ga. La victoria so­­bre los in­gle­ses reafirmó una lealtad insular hacia España y constituyó un epi­sodio de­cisivo en la for­­ma­ción de la sociedad criolla puer­to­rri­queña.

El contexto antillano y atlántico

La invasión de 1797 ocurrió en un panorama convulsionado por la guerra entre las potencias europeas, principalmente Francia e Inglaterra. España fue hasta 1795 aliada de Gran Bretaña; luego pasó a ser aliada de Francia. Las Guerras de la Revolución Francesa (1792-1802) tuvieron en el Caribe su eje en la Revolución Haitiana y sus campañas militares relacionadas en la Española.

Los ingleses venían en serio a conquistar a Puerto Rico. La Isla ofrecía un potencial evidente para los ingleses, que habían convertido a otras islas del Caribe mucho más pequeñas que Puerto Rico en grandes productoras azucareras. Más importante a corto plazo para los ingleses era suprimir el rol de Puerto Rico como sede de los corsarios que acosaban el movimiento marítimo inglés entre las islas cercanas.

En 1796-97, Abercromby había comandado varias campañas militares exitosas en el Caribe oriental. En Granada, San Vicente y Santa Lucía, sus regimientos vencieron una resistencia local de “Caribes negros” (“Black Caribs”), descendientes de cimarrones y Caribes. Los ingleses los consideraban bandidos (brigands) a ser sometidos mediante “reducción” y “pacificación”. Los brigands estaban apoyados por revolucionarios franceses, como lo estarían los criollos en Puerto Rico en 1797. En el Caribe oriental, la resistencia a la conquista inglesa era comandada por el legendario Victor Hugues. Al triunfar, los ingleses efectuaron deportaciones masivas de “Caribes negros” a la costa de Honduras y Belice, donde formarían la base de las comunidades Garifuna de hoy día.

En todas las islas de alguna importancia económica, los ingleses tuvieron aliados internos entre los esclavistas. En Martinica, los ingleses llegaron por invitación de los hacendados franceses, que veían el dominio inglés como una garantía de la esclavitud. La conquista de Trinidad por parte de los ingleses, en febrero de 1797, fue facilitada por este apoyo interno. El gran historiador de Jamaica, Bryan Edwards, escribió a principios del siglo XIX que Abercromby invadió a Puerto Rico con un contingente relativamente pequeño (recuérdese que una fuerza mucho mayor permaneció en los buques) porque esperaba que surgiera un apoyo local a su invasión. Grande sería la sorpresa de los británicos al constatar que en Puerto Rico el peso de la esclavitud y del sector esclavista difería bastante de las islas vecinas.

Otro motivo posible para el interés inglés en Puerto Rico es que la isla era un destino atractivo para miles de hacendados esclavistas que intentaban huir de la Revolución Haitiana. En Jamaica, en Martinica, y en otras Antillas no los querían porque venían con esclavos “contaminados” por la revolución.

De haber con­­quis­tado a Puerto Rico, los ingleses posiblemente decretarían deportaciones masivas de criollos insurrectos, como lo hicieron con los Black Caribs. Puerto Rico se habría convertido en una colonia inglesa y azucarera más, como sucedió con Trinidad. Puerto Rico habría tenido un desarrollo esclavista mucho mayor del que tuvo (junto al indentured labor de trabajadores asiáticos), en un momento donde el desarrollo nacional en la Isla era tanto más frágil. De otra parte, In­gla­terra ha­bría estado en posición de arre­ba­tar­le a España a Cuba y aún Centroamérica­.

La de­rrota inglesa en Cangrejos fue el úl­­ti­mo episodio de la “Guerra del Ca­ribe” en­tre In­gla­terra, Francia y España. Después de esta de­­rro­ta, In­­glaterra no atacó otra vez una co­lo­nia es­pa­ño­la en la región.






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