Historia y Arqueología / Contrabando en Puerto Rico (1626-1789)
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Reformas en el siglo XVIII y sus efectos

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Grabado de Alejandro O Reilly
Otra estrategia para mermar el contrabando fue la liberalización y reforma, que probablemente reflejaba las tendencias racionalistas de la Ilustración. El proceso de reforma comenzó bajo el reinado de Felipe V (1700-1746) cuando se fomentó la construcción de barcos para viajar a las colonias, se abrió el puerto de Cádiz a operaciones comerciales con posesiones en ultramar y se crearon compañías monopolistas. Estas medidas hicieron poco por acabar con el contrabando y la prueba es que, según relata el Mariscal Alejandro O’Reilly en su informe al Rey, a su llegada a la Isla el tráfico ilegal se encontraba en todo su apogeo. Sin embargo, la visita de O’Reilly contribuyó a una nueva etapa de liberalización comercial de España con las colonias. Las reformas borbónicas se aceleraron en la segunda mitad del siglo XVIII. Carlos III aumentó de dos a nueve el número de puertos españoles con los cuales las posesiones podían comercializar y se regularizaron los niveles de aranceles en el 1765. El comercio libre intercolonial se extendió a todos los territorios de ultramar a partir del 1778.

Además de estas iniciativas, otras medidas importantes que liberalizaron el comercio fueron: (1) la cédula que en 1778 permitió legalmente la inmigración de trabajadores extranjeros a las colonias (mientras fueran católicos);(2) la de 1789, que permitió la libre importación (sin impuestos) de esclavos. España acompañó estas medidas de reforma comercial con nuevas y más severas prohibiciones al contrabando que consistían en enfatizar, a través de la iglesia, que el contrabando era pecado mortal e introducir la pena de muerte como castigo. Aunque hubo indicios de que las reformas aumentaron el comercio legal, no lograron el propósito de acabar con el contrabando. Esto es evidente en el relato de Fray Iñigo Abbad y Lasierra en 1782 al señalar que el intercambio ilegal con extranjeros continuaba dominando la actividad económica en la Isla.

Erradicar el contrabando resultó imposible, ya que se había convertido en la principal fuente económica que abastecía las necesidades básicas del pueblo puertorriqueño. Al mismo tiempo ofrecía oportunidades muy tentadoras de riquezas para la elite isleña que incluía a los gobernadores, militares, corsarios y eclesiásticos, entre otros. Al mismo tiempo, era ya claro a fines del siglo XVIII que la política monopolista mercantilista de España era un anacronismo. En cierto sentido, el contrabando fue un movimiento de vanguardia que reflejaba el espíritu de libre comercio y capitalismo moderno.

Efectos del contrabando

El contrabando fue negativo para España tanto en términos económicos como geopolíticos. Empeoró la situación económica española al privarla de importantes rentas y beneficiando en su lugar a sus principales competidores. También contribuyó a debilitar el control político de España sobre sus colonias al aumentar el poder de los gobernadores, quienes participaban activamente en éste. De igual forma, ayudó a crear una cultura local de fraude e hipocresía que propició el incumplimiento de las leyes españolas.

Sin embargo, el contrabando resultó muy positivo económicamente para Puerto Rico. Como un resultado directo del comercio ilícito, la Isla pudo comenzar a sobrepasar la crisis de pobreza y de despoblación evidente durante la mayor parte de los siglos XVI y XVII. La población de Puerto Rico aumentó de 6,000 a principios del siglo XVIII a 155,000 a finales de siglo, como resultado de la mayor actividad económica producida por el contrabando. El propio O’Reilly observó en su Informe que el contrabando había sido positivo para los habitantes de Puerto Rico.

Otra perspectiva diferente sobre los efectos del contrabando la ofreció Fray Iñigo Abbad al comentar que esta actividad resultaba en una pérdida neta de capital para la Isla. Esto era consistente con la política mercantilista que predicaba España según la cual el éxito económico era el resultado de las exportaciones netas, dado que las riquezas de un país se medían en su acumulación de oro y plata. Sin embargo, esta visión ignoraba las mejoras significativas en la calidad de vida de los puertorriqueños a través del siglo XVIII como resultado del contrabando.

Un impacto social importante del contrabando fue que fortaleció la división ya existente entre San Juan y la Isla, como señala Arturo Morales Carrión en su obra Puerto Rico y la lucha por la hegemoníahegemonía: Supremacía ejercida por un estado sobre otro u otros agrupados con él por su situación u otra circunstancia. Por extensión supremacía ejercida por alguien o algo entre otros u otras cosas. en el Caribe. Resultaba mucho más fácil y seguro para los comerciantes extranjeros llegar a los puertos de la Isla lejos de San Juan, ya que éstos no se encontraban protegidos ni por murallas ni por milicias. Por lo tanto, la mayor parte del contrabando se dio en el oeste y en el sur de la Isla.

Quizás el efecto más perjudicial del comercio ilegal a largo plazo fue que institucionalizó la corrupción en la sociedad puertorriqueña a todos los niveles. Los gobernadores de la época en su mayoría pretendían hacerle caso a las leyes impuestas por España, pero en realidad se beneficiaban directamente de las actividades clandestinas. Además de los gobernadores, las élites política, militar y hasta eclesiástica participaban en el contrabando. En todos los niveles sociales reinaba una cultura de fraude e hipocresía.





Autor: Maria Elena Carrión
Publicado: 14 de noviembre de 2008.


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